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Consenso social y político en el contexto de pandemia

 Todos sabemos que el consenso es un bien muy escaso en una res pública tan dividida como la actual.

Además, somos conscientes de que es necesario e, incluso, trascendental para la convivencia en las democracias representativas. La falta de acuerdo sobre los fines y medios instrumentales en la vida política es menos serio que el conflicto sobre las propias reglas del juego. Pero el primer caso, obliga a las fuerzas políticas a salir del disenso mediante diálogo y negociación. Como decía Michael Ignatieff en sus memorias “Fire and ashes” (Harvard, 2013) “la democracia no puede funcionar sin una cultura de respeto por tu antagonista”. Esto requiere de un esfuerzo, a menudo grande, pero sobre todo exige ceder y reconocer que, en parte, el rival tenía razón (Fuente: Israel Pastor para www.administracionpublica.com).

Este contexto tan extremo, a causa de la pandemia del COVID-19, obliga a los funcionarios públicos a tomar medidas muchas veces impopulares. A su vez, nunca están exentos de cometer errores en la aplicación de las mismas (de hecho, han incurrido en varios a lo largo de las diferentes fases de la cuarentena). Por estos motivos, para reducir los márgenes de equivocaciones, es fundamental que desde el oficialismo y la oposición prime el consenso como eje central de la gestión gubernamental. Tal consigna y principio debe consagrarse en el Congreso de la Nación, como órgano fundamental de todo régimen republicano, donde se cristaliza, por ejemplo, la división de poderes. Es decir, entonces, que toda decisión o medida llevada adelante por el Gobierno debe estar sujeta a los debates y discusiones dados en el contexto del Poder Legislativo. Precisamente, este es el lugar exacto para conseguir y construir el mencionado consenso político.

Ahora bien, por otra parte, así como hablamos del "consenso político", debemos referirnos también al "consenso social", después de todo, la actividad política se configura en el seno de toda sociedad. Si los funcionarios de turno no consiguen lograr este último concepto, la gobernabilidad se torna muy compleja, aún más en estos escenarios de crisis sanitarias y económicas. El sociólogo Omar Argüello, para un artículo en el diario La Nación, plantea lo siguiente: "Una sociedad es mucho más que la superposición de personas en un espacio territorial común. En lenguaje sociológico se habla de "cohesión social" para designar el grado de consenso entre los miembros de un grupo o la percepción de pertenencia a un proyecto o situación común. Emile Durkheim, exponente de lo que se llamó "la sociología del consenso", partía de una visión organicista de la sociedad en la que los diferentes grupos sociales eran como los órganos del cuerpo humano, cada cual cumpliendo con su función, necesaria y complementaria con la de los otros órganos, y con la consecuencia de que si alguno de esos órganos dejaba de cumplir con su función, el cuerpo moría". Si bien esta concepción es criticada por diversas teorías posteriores, es interesante analizarla como metáfora en los tiempos que nos tocan vivir. Es imprescindible comprender que si, por ejemplo, el oficialismo trata en la agenda política ciertas cuestiones un tanto inoportunas y alejadas de las contingencias que atraviesa la ciudadanía en el cotidiano, cuyo desarrollo podría postergarse hasta que se comiencen a encontrar respuestas esta pandemia; o si la totalidad del arco político nacional no propone un cierre a la grieta en lo que dura esta problemática; o si la población en su conjunto no toma los recaudos necesarios para combatir el virus, observaremos, siguiendo lo postulado por Argüello basado en Durkheim, una falla generalizada de los órganos que componen el "cuerpo argentino". Esta situación en un entorno complicado como el actual, puede llegar a ser muy perjudicial para el país.

Existe un conocido refrán que dice que en tiempos de crisis, los inteligentes buscan soluciones y los inútiles culpables. En estos momentos debemos ser, valga la redundancia, inteligentes. Es tiempo que desde las cúpulas gubernamentales se busquen consensos tanto políticos como sociales. La cohesión es extremadamente necesaria en esta etapa. No podemos sucumbir como sociedad ante las divisiones. La situación nacional y mundial requiere que el consenso prime como garantía de gobernabilidad.

Julián Lazo Stegeman

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