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Gobernanza mundial y pandemia

Por Julián Lazo Stegeman

La gobernanza mundial es el sistema formado por el conjunto de reglas, procesos y actores, institucionales y otros, que rigen el planeta o más concretamente, que intervienen o forman parte de las tomas de decisiones que tienen lugar a escala planetaria (Fuente: http://poder-mundial.net/termino/gobernanza-mundial/).

Es imprescindible mencionar que luego de la crisis financiera mundial del 2008, el contexto internacional exigió aumentar y profundizar la gestión coordinada entre los múltiples Estados. A propósito de esta cuestión, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe plantea lo siguiente: "La situación global surgida después de la última gran crisis internacional ha llevado a la acuciante necesidad de replantear la forma en cómo se toman las decisiones económicas, sociales y ambientales que afectan a toda la humanidad. El multilateralismo ha resurgido con fuerza y los países emergentes reclaman una mayor presencia en el debate internacional. Éste apunta a la gestación de una nueva forma de gobernanza global y al diseño de nuevos mecanismos de cooperación con los países en desarrollo.

La gobernanza mundial en el siglo XXI tiene por objeto velar por la provisión de los bienes públicos globales, tales como la mitigación y adaptación al cambio climático, y por el cumplimiento de las metas sociales y ambientales que las Naciones Unidas ha planteado en el transcurso de las últimas décadas" ( Fuente: https://www.cepal.org/es/publicaciones/38855-gobernanza-global-desarrollo-nuevos-desafios-prioridades-la-cooperacion). A este novedoso panorama, se le sumó el año pasado un suceso que debería volver a alterar y amplificar las implicancias de la gobernanza internacional: la pandemia del COVID-19. Entre todos los aspectos sobre los cuales se pueden realizar análisis y reflexiones sobre ella, actualmente existe uno que se destaca por su importancia y resonancia de cara a la finalización de la misma. Este es la producción y distribución de las vacunas.

Guadalupe Nogués (PhD en Biología. Docente y comunicadora) expresa lo siguiente: "Es tremenda la tensión entre países para proteger lo antes posible a sus propios ciudadanos. A nivel global, no vamos a estar protegidos hasta que todos, valga la redundancia, estén protegidos, pero no habrá vacunas para todos por mucho tiempo. Entonces los países compiten entre sí. Y posiblemente a medida que alcancen una buena vacunación propia, irán cerrando fronteras para evitar el reingreso del virus y poder reanudar lo antes posible todo lo que fue afectado por la pandemia". Pareciera ser que la mencionada pandemia no alentó ni apuntaló la necesidad de una gestión organizada a escala planetaria de las reglas, procesos y actores, institucionales y otros, que dirigen el mundo.

En este sentido, pareciera que las virtudes de la gobernanza internacional están siendo reemplazadas por parte de la mayoría de los Estados por un instinto de supervivencia nacional que no permite pensar la solución del coronavirus en términos colectivos de cooperación y coordinación interestatal. Nogués se refiere a ésto de la siguiente manera: "Para el diario The Economist, los países pobres estarían teniendo una buena vacunación contra el covid recién en 2023, en parte por el 'nacionalismo de vacunas'. El problema de esta desigualdad en el acceso a las mismas va más allá de lo que está bien o mal desde un punto de vista moral. Es un problema práctico. Controlar la pandemia requiere que globalmente haya una correcta vacunación. Y eso es lo que va a permitir la recuperación en los demás ejes".

El manejo de la pandemia del COVID-19 requiere de una gestión organizada a escala mundial que incluya a todos los Estados afectados. En la medida en que no se tome noción de que la salida más rápida a esta crisis sanitaria radica en una gobernanza internacional eficiente, los resultados satisfactorios se harán esperar.