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Pandemia y salud emocional... ¿vulnerabilidad o resiliencia? 5ª Entrega

Con la manipulación del miedo como arma paralizadora se logra la regresión del pensamiento; es lo que se denominan burbujas del miedo que generan encierro y persecución, se instala la cultura del miedo. El manejo en las burbujas, sanitarias y psicosocial, se ha convertido en modo de vida. 

Del miedo a la enfermedad, consecuencia posmoderna, pasamos a “medicalización de la vida”. Este miedo permanentemente puede ser alimentado por compañías farmacéuticas, distribuidores de servicios privados y servicios públicos colaboradores.

En esta pandemia se vio el uso preventivo y terapéutico de un antiparasitario, sin evidencia sobre eficacia y seguridad. Llamativamente, quienes lo usaron fueron los médicos y también lo prescribieron. La elevada difusión, por la impotencia ante falta de tratamiento conocido, aumentó significativamente la venta.

La tendencia a explicaciones biomédicas y tratamientos se ha convertido en un rasgo cultural. Los problemas humanos pasan a ser definidos como condición médica y se los trata, cuando lo mejor sería no tratarlos.

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El miedo al dolor y al sufrimiento es el punto de partida de la medicalización de la vida. Las industrias tecno-sanitarias juegan un papel en la economía de los países. Los medios de comunicación serían medios de propaganda, y difunden abiertamente la medicalización de la vida. Casi todos los años tenemos un nuevo miedo; es hora de reflexionar e investigar sobre ellos.

La pandemia nos ha tomado desprevenidos, con sistemas sanitarios mal preparados para dominarla; pareciera que necesitáramos que siempre haya una enfermedad para que un aparato o una medicación lo resuelvan todo. Si manifiestas tristeza por una perdida, te consideran deprimido; la psiquiatrización de la vida cotidiana es también un punto de partida hacia la medicalización y profesionalización de la vida. Buena cantidad de “antimiedos”, sedantes y antidepresivos no mejoran la salud social, aunque pueden ser muy útiles para los trastornos graves. La medicalización y la psiquiatrización nos dejan cada vez más vulnerables y toleramos peor las emociones, especialmente el miedo, y colaboramos con la difusión emocional masiva.

Un tema insoslayable es el papel manipulador del lenguaje, que es una burbuja psico-social lingüística. La burbuja se puede mantener por la perversión de nuestro lenguaje y llega a ser causa y efecto de los sentimientos humanos. El lenguaje de los políticos e informadores públicos ha cambiado: no tratan de comunicar, sino de incomunicar, con el pretexto de informar. La violencia de la lengua es tal, que podríamos hablar de burbuja gramatical. En este lenguaje abundan adverbios de modo, circunstanciales, frases hechas, estereotipias, aceleración innecesaria, eliminación de pautas, pausas y marcaciones, sujeción a tiempos y cadencias impuestas desde afuera. La emocionalidad y la solidaridad habían roto esa burbuja gramatical, pero el lenguaje bélico, guerrero, y militarista de la pandemia COVID 19, ha sido una forma clásica de reconstruirla.

Dr. Bernardo “Cacho” Gandini

“Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol”.

Martin Luther King