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Hoy, sexualidad: parafilias

Editorial realizada por la Licenciada en Psicología Ana María Zanini

Podríamos pensar en una conflictiva sexual cuando las fantasías, los impulsos sexuales o los comportamientos provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del sujeto.

Las parafilias consisten en la presencia de frecuentes e intensas conductas o fantasías sexuales de tipo excitatorio que implican objetos inanimados, niños o adultos que no consienten, o el sufrimiento o la humillación de uno mismo o de la pareja.

Podemos entenderlas como “al margen del amor”, todo aquello que se desvía de lo comúnmente conocido o establecido como “normal”. Pero ¿todo aquello que excita y se sale de lo establecido como socialmente normal es una parafilia? Los avances en los manuales diagnósticos han permitido diferenciar entre parafilia y trastornos parafílicos. Por lo tanto, el trastorno parafílico sería aquello que excita pero que además causa malestar, prejuicio personal o riesgo de daño a terceros, un interés sexual intenso y persistente hacia algo que se sale de los cánones normales sociales, algo atípico, pero que no conlleva malestar ni daños.

Las consideraciones acerca del comportamiento entendido como parafílico dependen de las convenciones sociales imperantes en un momento y lugar determinados. Ciertas prácticas sexuales, fueron consideradas parafilias hasta mediados del siglo 20 y actualmente, siempre que no se trate de la única práctica sexual del individuo, entran en la definición de “erotismo”. Es por ello que el diagnóstico de parafilia puede variar según el país o la cultura.

Tener una inclinación o hasta un interés consumado en una o más de las categorías arriba mencionadas no constituye en sí ningún síndrome clínico. Es decir, que una persona sienta deseo o tenga una fantasía sexual intensa hacia un objeto, sensación o práctica sexual atípica no tiene que constituir un problema. Ahora bien, lo que sí puede originar un trastorno es la comprobación de que la parafilia suponga una disfunción o un conflicto emocional para el individuo que la padece.

No se vive en una situación de parafilia si la práctica sexual poco habitual cumple estas tres condiciones: - si son prácticas casuales, no obsesivas y no constituyen un acto compulsivo y central en la relación. -Si no causan daño físico, psicológico, económico, etc., a la persona que la practica o a las personas que están involucradas en la práctica. Se torna patológica cuando afecta nocivamente de forma objetiva la vida de la persona, de quienes la rodean o de la sociedad en general.

-Cuando los involucrados son personas conscientes y voluntarias que participan del acto de forma consensuada. Esto, naturalmente, es imposible en algunas parafilias

claramente transgresoras donde el objeto de placer no está en condiciones nunca de dar su aprobación y siempre causará daño.

En síntesis, no toda práctica erótica poco tradicional es una parafilia. Se torna como tal cuando deja de ser saludable y controlable por el individuo y cuando es evidentemente destructiva y enfermiza.

Algunos ejemplos de parafilias son: exhibicionismo- fetichismo- voyeurismo- pedofilia- masoquismo- sadismo y otros. Estas clasificaciones pertenecen a manuales de Salud Mental.

En los últimos años se habla cada vez con mayor asiduidad de las así llamadas “nuevas sexualidades”, ¿qué se quiere significar con tal denominación?, ¿se trata de cambios profundos en la sexualidad de esta época o sólo de nuevos modos de presentación? Recordemos que ya en 1905, Freud postula en sus “Tres ensayos de teoría sexual” que la pulsión sexual no viene abrochada a ningún objeto adecuado para su satisfacción y que incluso, ni siquiera el interés sexual del hombre por la mujer es algo obvio, sino un problema que requiere esclarecimiento. Con esta afirmación abre una grieta en la teoría vigente de la sexualidad -que sostenía como modelo ideal de normalidad la heterosexualidad genital y al servicio de la reproducción. Diremos entonces que dentro de esta teoría las parafilias se caracterizan por la compulsividad del acto, al que se siente como necesidad y que es producto de una angustia desbordante que impide que el sujeto pueda postergar y esperar.

La teoría de que las parafilias surgen por abusos sexuales no está del todo probada y la idea de que todos los pedófilos fueron objeto de abusos cuando eran niños no está del todo comprobada, aunque se han encontrado correlaciones entre personas que sufrieron abuso sexual y luego repitieron este abuso en otros. Aun así, ni todos los abusadores fueron abusados, ni todos los abusados se vuelven abusadores. No obstante, el psicoanálisis postula que los traumas infantiles pueden generar conductas patológicas posteriores, neurótica o perversa.

Les relato sucintamente algunas propuestas teóricas sin adherir como terapeuta a ninguna en especial, en un intento de comenzar a esclarecer la temática sexual en la actualidad: En la próxima nota trataremos algunos de los tipos de parafilia"

Si el sexo no fuese la cosa más importante de la vida,
el Génesis no empezaría por ahí. –
Cesare Pavese