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La Pascua, las redes y los caminos

Es inevitable para los cristianos del siglo XXI vivir entre las redes sociales y entre las informaciones y la comunicación que nos brinda Internet.

La red es la telegrafía inconmensurable, la biblioteca total (la que soñaba Borges), la discoteca perenne… Internet parece ser un camino para salir al encuentro de todo el mundo, de todos los lugares y de todas las personas. Sin embargo, es también un laberinto.

Ahora bien, es necesario realizar la siguiente distinción: Un camino me hace peregrino, mas un laberinto me convierte en un extraviado. Entonces, la red puede ser un armónico tejido (como el de las abuelas) o un enredo.

El papa Francisco ha descrito este laberinto con mucha calidad. A continuación, describiré sus textos entre comillas y agregaré breves comentarios. Dice el papa Francisco: “Mientras se desarrollan actitudes cerradas e intolerantes que nos clausuran ante los otros, se acortan o desaparecen las distancias hasta el punto de que deja de existir el derecho a la intimidad”. De este modo, en la red puedo ser por un lado muy agresivo y, por otro, muy “confianzudo”. Porque “En la comunicación digital se quiere mostrar todo y cada individuo se convierte en objeto de miradas que hurgan, desnudan y divulgan, frecuentemente de manera anónima”.

Pensemos en los programas del gran hermano, en los muros de Facebook donde las familias muestras sus fiestas y donde las muchachas muestran sus trajes de baño. “Por otra parte, los movimientos digitales de odio y destrucción no constituyen —como algunos pretenden hacer creer— una forma adecuada de cuidado grupal, sino meras asociaciones contra un enemigo”. Es que con la red corro el riesgo de creerme en comunidad con alguien y, sin embargo, sólo estoy en complicidad agresiva contra alguien. Dice también el papa: «Los medios de comunicación digitales pueden exponer al riesgo de dependencia, de aislamiento y de progresiva pérdida de contacto con la realidad concreta, obstaculizando el desarrollo de relaciones interpersonales auténticas (…) Hacen falta gestos físicos, expresiones del rostro, silencios, lenguaje corporal, y hasta el perfume, el temblor de las manos, el rubor, la transpiración, porque todo eso habla y forma parte de la comunicación humana”.

La cuarentena nos ha mostrado la importancia que tiene Internet para conectarnos, pero también la necesidad que tenemos los seres humanos de “…gestos físicos, expresiones del rostro, silencios, lenguaje corporal, y hasta el perfume…”, como dice bellamente el sucesor de Pedro. Y agrega el papa: “Las relaciones digitales, que eximen del laborioso cultivo de una amistad, de una reciprocidad estable, e incluso de un consenso que madura con el tiempo, tienen apariencia de sociabilidad”. Existe la posibilidad entonces de vivir en la apariencia de la sociabilidad en vez en la realidad de la comunión. Les dijo también de modo desafiante el Sumo Pontífice a los jóvenes: “No se debería olvidar que «en el mundo digital están en juego ingentes intereses económicos, capaces de realizar formas de control tan sutiles como invasivas, creando mecanismos de manipulación de las conciencias y del proceso democrático

El funcionamiento de muchas plataformas a menudo acaba por favorecer el encuentro entre personas que piensan del mismo modo, obstaculizando la confrontación entre las diferencias”. Sin darme cuenta, puedo caer en el engaño de lo siempre igual hasta tal punto de que considere enemigo al que piensa distinto que yo.

La Pascua nos da luz para recorrer caminos y no laberintos, para estar en red de hermanos (por la Sangre y el Agua del Hijo) y no enredados. La Pascua, entonces, es la conmemoración que actualiza esa luz…”