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Pascuas y grano de trigo

Con motivos de celebrarse ayer la Pascua, les compartimos esta columna que el Pbro. Jorge Leiva, escribió para nuestro matutino

Hay granos de trigo que quedan en vitrinas, en exposición… Prolijos, pero infecundos. Hay otros que se echan a perder por negligencia. Así, los alimentos en la tierra sobran y, sin embargo, hay quienes no tienen pan. Hay granos que no llegan a ser fecundos ni en el humus ni en un horno. Hay otros que van a parar al barbecho que hace más fecundo los campos.

Hay otros que por estar tan aislados no llegan a ser parte de una siembra, de una cosecha, de una molienda ni de un amasijo de madre o de panadero. A ellos, el aislamiento los deja infecundos porque no llegan a ser parte de un todo. Se privan de ser triturados por la molienda y…no conocen la alegría de la mesa compartida. Hay semillas que pasan por los germinadores de los niños de las escuelas para que los aprendices visualicen el arte de la fecundidad. Son las destinadas a “formar nuevos sembradores” en el arte de la siembra.

Estos granos suelen abundar -afortunadamente- en las escuelas agro técnicas y en las facultades de agronomía (según tengo entendido). Hay granos que -con otros - son parte de una siembra, de una cosecha, de una molienda, de una justa y solidaria distribución y llegan a ser masa generosa en una panadería o en cocinas de madres, en ruedas de amigos o de comedores comunitarios. Paradójicamente, esos son los que pasan por el dolor de la molienda, porque si ellos no son triturados por la piedra de moler no llegan a ser harina, no llegan a ser alimento.

Ahora bien, es cierto que cada grano tiene su consistencia, pero es igualmente cierto que cada uno tiene su “referencia” en otros y es lo que los lleva a convertirse en alimento, en vida y en alegría. Esa semilla para ser pan no debe ser “autorreferencial”, tiene que estar en una especie de “familia de granos”. Algunos, también, son víctimas de la especulación y, siendo fecundos, no llegan a la mesa familiar porque están manchados de injusticia y egoísmo. Son los granos amontonados en los graneros de la avaricia y la cleptomanía y, por eso, conocen la tristeza. Finalmente, hay otros granos afortunados, excepcionales, que van a parar al Altar para llegar a ser “Pan de Vida” y ese se convierte en un extraño privilegio. Estos son los que caminan misteriosamente desde un campo y que, pasando por un molino, llegan a ser harina y pan ácimo; luego, en una sacristía, se convierten en Pan de Ángeles, un pan que alimenta Eternidades.

Estamos en Pascua contemplando la Cruz Pascual. Lo había dicho Jesús: «Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado. Les aseguro que, si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna”. (Jn 13). Creer y celebrar la Pascua significa entrar en la lógica de los granos que en comunidad se hacen pan para dar Vida.

¡Felices pascuas!