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La importancia de la conservación del patrimonio

Con motivo de celebrarse el próximo 1º de Julio el Día del Arquitecto, El Debate Pregón se refiere hoy a la edificación de Gualeguay

Con motivo de celebrarse el próximo 1º de Julio el Día del Arquitecto, la edición especial de éste matutino, que sale los días sábados, "La Hojita" se refiere hoy a la edificación de Gualeguay desde sus orígenes y hasta mediados del S. XX, con fragmentos de una nota publicada en nuestro diario por la Arquitecta Sara Osinaga Grané.

A mediados del siglo XVIII los primeros pobladores comenzaron a asentarse a orillas del Arroyo Cle. Las continuas crecidas del arroyo determinaron que éstos se fueran mudando a lo que sería el sector norte de la ciudad. En 1783 Don Tomás de Rocamora, a instancias del Virrey Vértiz funda la “Villa de San Antonio de Gualeguay Grande” estableciéndose la Iglesia, la Comandancia, la escuela y varias viviendas a razón de una por esquina de cada manzana en que quedo dividido el predio, alojándose un total de 150 almas.

Los mencionados edificios se construyeron con los materiales disponibles en la zona y la tecnología conocida en ese momento por los pobladores: barro y paja. De los edificios públicos no hay documentación conocida y al ser estos materiales de fácil degradación no han quedado restos o ruinas. De las viviendas se sabe que fueron ranchos de este mismo material. Hasta hace pocos años aún quedaban varios de estos ranchos, la mayoría de esquina y algunos en la mitad de cuadra, y unos pocos en el medio de la manzana. Particularmente de estas características llegué a conocer dos, uno aún existe y el otro quedó cortado en varios pedazos al hacerse la subdivisión de la manzana y terminó desapareciendo. Actualmente se conservan dos o tres en estado semi original o con pocas intervenciones. En estas zonas donde se ha trabajado con materiales degradables es muy difícil la conservación por largos períodos. No es como en otras partes del mundo como Europa en que la mayoría de la construcción es en piedra.

Hacia mediados del siglo XIX la inmigración es muy fructífera, vienen de muchas nacionalidades, europeas en su enorme mayoría y fundamentalmente españoles e italianos. Cada corriente inmigratoria traía como acervo su cultura y desarrollaron los oficios conocidos. Traen sus diseños y tratan de adaptar su tecnología a los materiales disponibles en el lugar.

Respecto de sus diseños es sabido que lo más característico de esta cultura es la llamada “casa romana” que constaba de una serie de habitaciones de funciones inespecíficas ordenadas alrededor de patios, generalmente eran dos, el patio principal y el de servicio. Respondiendo a este esquema, estimo que originales ya no queda ninguna, pero a modo de ejemplo podríamos citar la de la esquina de Belgrano y Sarmiento que ha respetado su estructura externa, pero no su distribución interna. Así nace la arquitectura italianizante, la más famosa no solo en Gualeguay, sino a nivel de todo nuestro país.

Según las épocas, la situación económica, las locaciones, los materiales disponibles van adquiriendo mayor o menor categoría. Al concretarse el parcelamiento de la ciudad en lotes relativamente chicos para el tamaño de casas requeridas, cada lote tenía forma de ele dando su frente sobre una calle principal y lo que vendría a ser la entrada de carruajes y servicio sobre una calle lateral. Las primeras que aún podemos ver son de mediados de siglo XIX y como particularidad se observa que están construidas con materiales estrictamente locales, revoques de cal (existían dos caleras la de Wright y la de Ormaechea), ladrillos cocidos, argamasa de barro y techos de azotea construidos con vigas

de madera de algarrobo, tejuelas de barro cocido unidos con argamasa de barro y baldosas. Las aberturas eran todas de algarrobo que era y es un árbol autóctono de esta zona.

Finalizando el siglo XIX y en los primeros años del XX las condiciones económicas del país comienzan a cambiar, especialmente en esta zona. El negocio ganadero adquiere un gran auge, comienzan a aparecer los saladeros que fueron cinco y el negocio de la exportación. Puerto Ruiz llega a transformarse en el segundo puerto del país y la afluencia de barcos, en busca especialmente de tasajo, era incesante. Los requerimientos de las familias adineradas en cuanto al confort y lujo eran importantes. Todos los materiales importados comenzaron a llegar a Puerto Ruiz como lastre de los barcos que venían en busca de tasajo. Ésta es una época gloriosa de Gualeguay que obviamente se traduce en las mejores obras de nuestra ciudad.

Con la mirada siempre puesta en Europa, los constructores añoran sus frentes de piedra y tratan en la medida de lo posible, aprovechando el hecho de poder usar materiales importados de Italia, de hacer lo que hoy llamamos el “Revoque Piedra” (que se hacía con un material llamado Tierra Romana). Quizás sea éste, a mi entender, uno de los elementos más importantes a conservar, ya que fue lo que le dio identidad a esta ciudad. De este período podemos citar el Club Social, la Casa de las Rejas, los Tribunales como edificios emblemáticos y cantidades de viviendas que desgraciadamente quedan pocas porque no se ha sabido ni querido conservar el patrimonio y, a veces a sabiendas, se ha permitido su destrucción por compromiso y amiguismo.

Entrado ya en el siglo XX comienzan a llegar las influencias de otros orígenes, especialmente franceses. Es así como empezamos a ver la introducción de elementos Art Nouveau sobre todo en el tratamiento de la herrería (casa de la Rejas)

No querría terminar este artículo sin hacer referencia a algo muy típico de Gualeguay. Las casas de rentas o como se les decía en la antigüedad redituables eran construcciones que hicieron personas adineradas que abarcaban un cuarto de manzana y estaban conformadas por casas italianizantes apareadas. La mayoría de esas construcciones fueron construidas en el siglo XIX con las características ya descriptas para esa época (San Antonio y Martín Fierro, R.E. de San Martín y 1° Entrerriano) Todas han sido intervenidas hasta el cansancio por fuera y por dentro. En algunas aun se puede inferir su estructura original, en otras ya no.

A modo de conclusión se puede decir que Gualeguay ha tenido un muy rico patrimonio a través del cual se ve claramente la evolución socio económica de la ciudad, pero que ya prácticamente ha quedado conformada por “retazos” de arquitectura por el descuido o ignorancia de sus habitantes, pero fundamentalmente por la desprotección que se le dio al patrimonio por parte del poder político. Hagamos votos para que esto se revierta y al menos lo que queda sea conservado, resguardado y puesto en valor.