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La vigorexia

Existe un incremento en campañas que animan a la población a unirse al deporte, lo cual es razonable, dado el número de personas con obesidad y sobrepeso.

A la vez asistimos a una creciente preocupación por la apariencia física, que se une a las creencias sobre los beneficios de tener un “cuerpo perfecto”, la fiebre del “running” ha llegado; crecen las tiendas con material deportivo a la última y muchas personas hablan de cuántos kilómetros al día han corrido, llegando al punto de crear ideales estéticos en la sociedad con criterios más comerciales que de fomento de la salud.

Hablaré hoy de un trastorno que está preocupando cada vez más: la vigorexia o dismorfia muscular: ésta se caracteriza por la percepción distorsionada de la imagen corporal propia, especialmente del tamaño muscular, la persona considera su musculatura por debajo de lo deseado y sobrestima los beneficios tanto psicológicos como sociales de tener un cuerpo perfecto.

El trastorno de la imagen corporal constituye una condición de características multidimensionales que está vinculada a un gran malestar subjetivo y puede resultar perturbador particularmente para la relación social y la imagen corporal es un concepto que alude a la forma en que la persona percibe, imagina, siente y actúa en relación con su propio cuerpo.

A veces se confunde esta forma de ser con vanidad, pero nada más lejos de la realidad: el paciente no está a gusto con su cuerpo, se ve pequeño y delgado y, por ello, trata de solventar sus supuestas carencias con entrenamiento físico que puede llegar a resultar peligroso. Una persona vigoréxica no encuentra orgullo en su cuerpo ni trata de llamar la atención con él, pues realmente, se siente acomplejada por lo que cree ser.

El psiquiatra Harrison G. Pope estudiaba los efectos del abuso de los esteroides anabolizantes en culturistas y, descubrió por casualidad que algunas de estas personas mostraban una obsesión fuera de lo común por desarrollar sus músculos. También experimentaban un cambio en la percepción del cuerpo; es decir tenían una imagen distorsionada de sí mismos. Como los síntomas que experimentaban estas personas eran radicalmente opuestos a los de la anorexia, en un primer momento este trastorno fue bautizado como “anorexia inversa” pero posteriormente se acuñó el término vigorexia.

Algunos síntomas que se observan son: cuando no están practicando deportes, suelen tener pensamientos recurrentes sobre su físico y cómo mejorarlo, suelen preocuparse excesivamente por las dietas, asegurándose de que sean bajas en grasas y carbohidratos, muchos recurren al consumo de sustancias anabolizantes , muy nocivos por cierto, tienen necesidad compulsiva de hacer ejercicio, una tendencia a la timidez o introversión y/o rasgos perfeccionistas, también se ha apreciado que existen alteraciones bioquímicas a nivel cerebral, específicamente, cambios en los niveles de serotonina, que influye en los estados depresivos, reducen el número de horas que le dedican al trabajo o el estudio y terminan teniendo problemas de soledad y síntomas depresivos.

El cuerpo como objeto de consumo y la exacerbación del cuerpo perfecto tienen bastante que ver con los valores posmodernos de nuestro tiempo. Si bien los cánones de belleza corporal son un hecho que aparece desde los comienzos de la humanidad, desde comienzos del siglo XXI el culto al cuerpo incorpora una nueva dimensión, alcanzando actualmente un culto excesivo de esta belleza corporal.

El tratamiento psicológico incluye la multidisciplina: es decir en los casos severos el psicólogo y otros profesionales de la salud le proporcionarán al paciente los datos que necesita sobre una imagen corporal adecuada, también hablará sobre la enfermedad y sus consecuencias. Se lo ayudará a ajustar la autopercepción, es decir, el criterio o concepto visual que tiene de sí mismo, identificará las consecuencias que la enfermedad está produciendo en su vida y comenzará a observarse de un modo más objetivo, ajustando sus propios pensamientos e identificando las creencias erradas. El objetivo del tratamiento de la vigorexia debe centrarse en modificar la conducta y la percepción distorsionada que tiene el paciente sobre su propio cuerpo. Y una pieza clave es que la persona lo asuma y ayude en el cambio que conlleva acabar con este trastorno. Luego la psicoterapia colaborará para realizar cambios más profundos de su personalidad.

“Te has criticado a ti mismo por mucho tiempo, trata de aceptarte totalmente y observa lo que sucede”. Louise Hay