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Recuerdos de nuestra familia diocesana

Para los católicos creer el Dios significa creer en su enviado Jesús y creer en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica.

Para los católicos creer el Dios significa creer en su enviado Jesús y creer en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica. Los católicos del sur de Entre Ríos vivimos la eclesialidad de la fe en la diócesis de Gualeguaychú: “Donde está el obispo está la Iglesia” decía Ignacio de Antioquía en el siglo II.

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¿Qué es una diócesis? El término deriva de la palabra griega dioíkēsis, que hace referencia a la “administración del hogar familiar”. En el Imperio Romano, la palabra se usaba para denominar a un territorio gobernado por una ciudad central. A medida que el Imperio fue cristianizado, los obispos emplazados en estas ciudades adoptaron naturalmente el término para describir la región bajo su gobierno.

En los comienzos del cristianismo, las comunidades cristianas eran pequeñas, presentes solo en un puñado de ciudades y había suficientes obispos como para administrar cada comunidad individual. Con la extensión del cristianismo, los obispos se vieron incapaces de atender todas las necesidades espirituales de las almas en cada región, así que ordenaron presbíteros para que fueran asistentes en lo que luego se llamó parroquia.

Desde el año 1957 existe la diócesis a la cual pertenecemos. Como cada diócesis, la nuestra tiene su “propio rostro” marcado por la historia (en unión con todas las Iglesias, sobre todo la de Roma).

Nos viene bien hacer memoria de la vida comunitaria. Somos creyentes en medio del “Pueblo de Dios” y ser pueblo significa tener historia, relatos, arquetipos comunitarios, “verdades hechas recuerdos”, alegrías y duelos.

En estos días recordamos el nacimiento del segundo obispo Mons. Pedro Bóxler. Había nacido en Santa Anita, en agosto de 1920, y era hijo de una familia profundamente cristiana de origen alemán (del Volga). Fue seminarista en Paraná, sacerdote desde el año 1944 y obispo desde el 1968. Fue un hombre sencillo que- desde el 68 hasta el 98- administró el “hogar familiar” con esmero en la medida de sus posibilidades. ¡Pero ojo! No se trata de hacer memoria para “crear próceres”, ni para hacer una especie de “canonización” encubierta. Tampoco se trata de decir “era tan bueno el finado” (Decía Borges con ironía: “no hay nada como la muerte para mejorar la gente”). Se trata, en cambio, de ser agradecidos con aquellos que dieron su vida por “el hogar familiar” que es la diócesis, se trata de mirar la familia eclesial con sus luces y sombras para redescubrir la obra que la Nueva Pascua lleva adelante en esta realidad concreta.

“Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida” dice la canción popular y recordar a Bóxler es volver a los sitios de siempre para sentirnos Pueblo de Dios en el “hogar familiar”. Y esto-entre otras muchas cosas- es ser católico.

Pbro. Jorge H. Leiva

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