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Los hospitales en la provincia, desde la caridad al sistema de Salud Pública

En los primeros años de vida de Entre Ríos, la atención de la salud estaba en manos de curanderos que atendían en sus propios ranchos administrando remedios caseros acompañados de rituales.

En los inicios del siglo XIX y a causa de las guerras de independencia fue necesario crear instituciones de salud denominados hospitales militares para atender a los heridos de guerra y a los afectados de epidemias devenidas de los combates. Así se destacan algunas entidades primitivas en Concepción del Uruguay y Paraná, mientras en Gualeguaychú se presentó una novedosa modalidad de salud mutual.

Entre mediados y fines del siglo XIX surgieron entidades de beneficencia abocadas a la tarea de reunir recursos para la construcción y sostén de instituciones hospitalarias que atendieran las necesidades de su localidad. Estas asociaciones benéficas estaban constituidas por damas de la alta sociedad, personalidades destacadas de la política y el culto y trabajaban en colaboración con los municipios. Así nacieron los primeros hospitales llamados “de Caridad” que contaban con, al menos un médico, quedando las tareas de enfermería a cargo de religiosas. Fueron el germen de hospitales que aun hoy prestan sus servicios desde la órbita del Estado como el hospital San Martín; el hospital de Niños y Gota de Leche en Paraná (actual San Roque); el hospital San Blas, de Nogoyá; el San Antonio, de Gualeguay; el Santa Rosa, de Chajarí, el Centenario, de Gualeguaychú; el hospital Caridad San Roque, de Feliciano (hoy hospital Gral. Francisco Ramírez); el Felipe Heras, de Concordia; el Justo José de Urquiza, de Federal, entre otros.

En los primeros años del siglo XX se inauguraron los edificios propios para cuyos proyectos fueron contratados afamados arquitectos del ámbito nacional como Juan Buschiazzo, Rodolfo Fasiolo y Pedro Storti. Estas obras fueron pensadas atendiendo a los criterios higienistas y contaron con nuevas tecnologías para el tratamiento de enfermedades. Por eso, la selección de los terrenos de implantación constituyó una pieza fundamental para el éxito de estas construcciones que ocuparon predios, en aquel entonces, alejados del centro para garantizar la demanda de amplios espacios con buen asoleamiento y ventilación. La tipología adoptada para la organización espacial fue la de pabellones dispuestos en forma de trama donde los patios eran un requisito indispensable.

A principios de la década de 1940, a causa de la propagación de nuevas enfermedades, nacen los centros especializados dispuestos en áreas rurales como la Colonia de Salud Fidanza creada para enfermos de lepra; o el Centro Tisiológico de Villaguay, para casos de tuberculosis. Estas nuevas instalaciones son contemporáneas al decreto de traspaso de las entidades de salud a la esfera provincial y al desarrollo del Plan Nacional creado por el Dr. Ramón Carrillo, pionero en la organización del Sistema Sanitario que garantizó la Salud Pública como derecho.

También los profesionales médicos realizaron estudios y gestiones distintivas que propiciaron el establecimiento de instituciones para la salud mental, la atención primaria de la salud y la clínica escolar, tal es el caso del Dr. Antonio Roballos.

Los primeros tiempos

En Gualeguaychú, hacia 1802, el Cabildo creó una entidad mutual que implementó el pago de cuotas por parte de los vecinos adherentes para cubrir los honorarios de un médico y mantener el abastecimiento de medicamentos para la farmacia.

En Concepción del Uruguay, cerca de 1813, se instaló un hospital militar que funcionaba junto a una botica. Este contaba con una sala para doce enfermos.

En Paraná, el General Ramírez organizó en 1820 un Hospital Militar que funcionó donde luego se ubicó el “Hospital de Caridad” frente a la Plaza Sáenz Peña. Allí se suministraron las primeras vacunas antivariólicas.

En algunos casos, la emergencia de combate demandó la improvisación de hospitales de sangre.

Salud cooperativa

Una forma particular adquiere, con la llegada de la inmigración, la organización en formato de cooperativa del hospital y farmacia de Villa Domínguez nacida de la mano del Dr. Noé Yarcho, médico ruso que ofreció su saber al directorio de la JCA (Jewish Colonization Association) para la organización de la colonización judía. En Villa Domínguez funda, hacia 1892, el sistema sanitario conformado por el hospital y la farmacia donde ejerció y desarrolló estudios científicos.

A medida que iba desarrollándose la ciencia y se acentuaban los principios higienistas como criterio para el cuidado de la salud, se incorporaron nuevos centros por especialidad teniendo en cuenta la importancia, para su implantación, de un entorno natural que sirviese de transición para evitar la propagación de enfermedades contagiosas.

El Hospital Dr. Enrique Fidanza, inaugurado en 1948, fue pionero en el tratamiento de la lepra en nuestro país. Se pensó como un hospital colonia autosuficiente (bajo la Ley 11.359), que permitía el aislamiento necesario de la enfermedad.

En el Hospital Santa Rosa, de Villaguay, que nació como centro tisiológico, el tratamiento se limitaba a mantener al tuberculoso en un ámbito sano y con aire limpio, ya que no existía, hasta ese momento, un tratamiento curativo farmacológico. Los espacios se organizaron dando mayor superficie a internación donde las habitaciones se disponen en tira con núcleos de servicios y sanitarios intermedios. El proyecto es de 1941 y fue realizado por el Estado Nacional desde la Comisión Asesora de Asilos y Hospitales Regionales.

Otro centro especializado fue el Hospital de vías respiratorias Pasteur levantado en Paraná hacia 1950 y que funcionó hasta la década de 1970.

Policlínicos

También las entidades gremiales se hicieron cargo de la salud, distinguiéndose por su importancia el gremio ferroviario, que se hizo cargo de diversos policlínicos en la provincia entre los que se destaca el de Concordia. De diseño racionalista con una disposición no ortogonal de sus pabellones y líneas puras sin ornamentación, fue construido hacia 1950.

Mariana Melhem

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