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Iris Fumaneri desde Argenta, Ferrara, Italia

Para compartir sus experiencias (1ª parte)

Por intermedio de nuestro amigo Horacio Cantero, quien vive en Córdoba, España, nos contactamos con Iris Fumaneri, gualeya que reside en Argenta, Ferrara, lugar donde se siente muy cómoda, trabaja en lo que le gusta, en los tiempos libres es voluntaria y le encantan las expresiones artísticas que disfruta y cultiva. Es muy simpático su lenguaje argentino mezclado con el italiano por lo que en la nota mantengo algunas de sus expresiones textuales.

“Agradezco a Graciela que me escribió transmitiéndome mucha confianza y, por medio de ella y del El Debate Pregón, quiero llegar a todos los gualeyos deseando que mis experiencias les puedan servir y dar ayuda a otras persona, ya sea para viajar a otros países o quedarse en el que ya viven, pero tratando de ser felices.

Siempre me gustó viajar para conocer lugares y costumbres nuevas. He viajado por el Noroeste argentino, la Costa, Brasil, Uruguay, pero ¡siempre busco ver más! Siempre me lo digo a mi misma…”Quien más alto sale, más lejos ve. Quien más lejos ve, más grande suena...”

Soy una persona con suerte porque viajar es el sueño de tanta gente; yo que no tenía medios económicos, lo hice trabajando y aprendí tantas cosas, una de ellas es a hacer la pasta. Soy una persona curiosa, pero calma; me gusta la comida y disfruto tanto a prepararla, como de servirla y comerla.

Después con el tiempo uno encuentra una persona especial y se casa, forma una familia. Para hacer hogar se necesita amor.

Vivo a Argenta, Ferrara, una ciudad como Gualeguay. Es limpia, ordenada, con muchos servicios; la gente se conoce y se saluda.

Una de mis paradas en la mañana es El bar (Bar da Poldo) donde el barista y eventuales clientes que a las 6.30 son casi siempre los mismos. Me sirve el cappuccino e la pasta (café con espuma de leche y una factura), sin preguntarme tanto y empezamos hablar del tiempo, el fútbol, economía, política y lo que pasa en país. Es un momento importante del día para sociabilizar. Después sí, a trabajar.

Hice de mi pasión un trabajo. Cocino todo el día, me canso sí, pero me gusta y cuando no cocino, voy al por el “volontariato” (ayuda gratuita para beneficio).

Puedo decir después de 6/7 años soy una `pastaio´, un oficio muy respetado en Italia; hago pasta para restaurant, carnicerías, supermercados y clientes de la ciudad, en mi fábrica chiquita con ganas de ser grande.

Llego a las 7. De la mañana y termino a las19, 30, a veces más, porque los problemas son solo míos, sino para que hay un “capo”. Voy al trabajo en mi auto y mi marido en el suyo. Él sale a ver clientes y hacer las compras y todo lo necesario. La libertad de tener movilidad es importantísima porque el trabajo es dinámico; si tengo que salir tengo mi auto.

Tengo pocas personas que me ayudan; son italianos como Signora Agida, simpática y deportiva, de 78 anos que me reprende si me equivoco y me enseña la tradición con sus miles de secretos para la cocina.

Los más jóvenes son estudiantes, son alegres, rápidos cuando hago servicio de catering. Pero el coronavirus paró todos los eventos programados y de 10 personas que giraban a rotación en la actividad, ahora sólo hay una parte para hacer funcionar todo.

Espero que el virus no sea para siempre; abrir y cerrar las actividades es penoso, deprime la gente y arruina económicamente.

Mi sector no es el que más ha sufrido, sí las agencias de viaje, peluquerías, venta de ropa, entre otras. No puedo lamentarme por lo mío. Me consuelo, pero tengo en el corazón el peso de las familias que están trabajando conmigo”.