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UTI local: 29° (y en el medio de la Pandemia)

Por estas horas, por estos días todos hablamos de salud. De covid. De resultados. De estadísticas. De casos positivos que se disparan y asustan.

La SATI (las Terapias Intensivas), ante lo excepcional del escenario CORONAVIRUS, viene desarrollando advertencias “sentimos que no podemos más”. Llamados de atención sobre el colapso del sistema de salud.

La Institución emitió un alarmante texto sobre la situación: “personal reducido y exhausto, camas con cada vez mayor ocupación y recursos cada vez más escasos”

"Sentimos que estamos perdiendo la batalla". Con esta frase como síntesis, la Sociedad Argentina de Terapia Intesiva (SATI) emitió un duro comunicado en el que advierte sobre la gravedad de la situación sanitaria argentina a consecuencia de la Pandemia. Busca crear aún mas conciencia.

En esa línea, el escrito advierte sobre la falta de personal para tratar a los pacientes: "Los intensivistas, que ya éramos pocos antes de la pandemia, hoy nos encontramos al límite de nuestras fuerzas, raleados por la enfermedad, exhaustos por el trabajo continuo e intenso, atendiendo cada vez más pacientes".

Gualeguay tiene casos, y si repasamos semanas atrás no era así la multiplicación de los mismos. La responsable Epidemiológica del Departamento Gualeguay Bioquímica Fabiana Heinrich (hago nuevamente mención a su nombre para reconocerla, junto a mucha gente que la colabora) nos advertía “es un sacudón ir del número que venía Gualeguay a éste nuevo, pero con las mismas posibilidades de otras ciudades de la Provincia. Debe servirnos para tomar conciencia, por favor: barbijos y distancia”.

Si uno revisa las edades de los casos en nuestra ciudad, es coincidente con lo que pide la Bioquímica Heinrich. No estamos en ese escenario para ver con preocupación el número de camas de la UTI local.

Hay veces que todo tiene que ver con todo. La advertencia de la SATI; el pedido de los que están en la trinchera del Hospital local; y el reciente cumpleaños de la UTI local (reconocida a nivel provincial y nacional).

Buscamos a parte de aquellos actores.

Jorge Sap:

Festejemos este cumple 29° de nuestra terapia, así debemos sentirla del querido Hospital San Antonio, por más escenario de Pandemia (el cual nos hace ver muchas cosas). Uno debe remontarse antes de la inauguración, porque desde la idea hasta habilitarla hubo mucha gente que hizo. Nosotros desde la parte médica también mucho antes arrancamos con clases, nos preparábamos, estudiamos. Fue un gran desafío para esos años, pero la unión de un grupo pudo, había criterio y un objetivo muy claro para dotar a Gualeguay de semejante servicio. Por supuesto que hubo batallas y, muchas batallas con las que nos enfrentamos.

Como dijo un amigo, allí dejamos nuestros mejores años. Y vaya que pudimos!! Tengo en mí intactos recuerdos (tristes y alegres; fatales y alentadores), las reuniones diarias de estudio y trabajo.

Fue un grupo, no había mezquindades y pongo ejemplos: Las madrugadas que íbamos todos cuando había un accidente. Y no habia quejas.

Mariano, Daniel, Jorge, Patricia, Iris y yo comenzamos. Lola nos ayudaba. Y tengo en mi corazón los queridos enfermeros, Mario, Fernando, Leo, Patricia, y tantos otros!!! La querida Augusta.

La ciudad a ellos los debe colocar en un lugar destacado. Todas las jornadas nos aguantaban nuestros malhumores. Pero que compañeros!!! Los llevo en mi corazón y agradezco su infinita paciencia. Ojalá podamos juntarnos pronto y brindar por los que están y los que se fueron. Permitime decirles, que les mando un abrazo desde el sur sur.

Daniel Mochi:

Cada 2 de Septiembre no solo me recuerdo lo vivido en la UTI del Hospital, sino en éste caso los 29 años. No solo recuerdo a profesionales sino a enfermeros. También a un puñado de hombres y mujeres con oficios, con otras ocupaciones que solamente los animó ayudar a que la medicna de la ciudad diera más chances. Ese objetivo vio el éxito con la Unidad Coronaria Móvil. Desde ahí se partió para lograr la UTI. Esos vecinos NO deben ser olvidados (tuba, juan, briosso y tantos). Fueron desafíos, cientos de horas, postergaciones personales, familiares hasta lograr el bien común.

Ahí aparece Mariano Carboni Bisso, él convoca a un grupo de médicos (a ese grupo, él me suma); también Iris Conrado (cirujana), Patricia Tarruela (anestesióloga), Jorge Sap (neumonólogo), Jorge Darchez (clínico) y yo(clínico).

Mariano venía con su residencia, con especialidad y preparación de Terapia Intensiva desde España, pasando por Buenos Aires.

Él estuvo al frente y a la par de todos nosotros y desde ya de los enfermero; por Dios, era un bicho de Terapia.

-Porque esa definición?

Fue formador de todos y se adquirió un nivel extraordinario. Era la mano derecha. Nos obligaba a actualizarnos, a tener los protocolos de cada especialidad para Terapia. Nos traía material y a estudiar. Individual y grupal; médicos y enfermeros. No sabés ¡!!

Ese es el comienzo y ahí aparece el desafío. Porque se inaugura nuestro servicio. Te lo cuento y lo estoy viviendo nuevamente ya que era un sueño, una necesidad porque hablamos de un servicio de privilegio.

No fue fácil, hasta colegas se oponían por celos al éxito que tuvimos en aquellos comienzos de la UTI. Continuamos hasta alcanzar los beneficios o bondades de un servicio que era agachar la cabeza, trabajar, estudiar y saber que estábamos en un grupo médico como nunca antes se había dado en Gualeguay. Nunca.

Entre nosotros nos juramentamos: “uno para todos y todos para uno”.

Es un servicio muy difícil, estresante. No había feriados, Sábados, Domingos, Aniversarios, Fiestas que se anteponían a la responsabilidad. Vos conociste el pizarrón; ahí figuraban las guardias de

todas las semanas tras semanas.

Hoy ya jubilados aparecen los recuerdos y sobre todo al alma del equipo que solamente se nos adelantó. Estoy seguro de muchas cosas que conseguimos:

-Enfermeros y Médicos servimos al prójimo sin retaceos, sin distinción social-económica-política.

-Sano orgullo que hicimos como un capital de vida que excedió lo material.

Quiero agradecerte por permitirme refrescar la memoria de la ciudad en un capítulo de la medicina pública. Allí convivimos desde lo trágico hasta lo risueño; desde el dolor por la despedida hasta el desafío de sacar al paciente. Era un flor de costo extra que tuvimos que asumimos todos.

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