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Los deportistas de alto rendimiento, su retiro, la jubilación.

El deporte es como una pequeña muestra del todo. Preso del mundo del consumo y la competencia brutal del capitalismo salvaje, genera tristezas y frustraciones.

El vacío es profundo, abismal y agudo. “El éxito es efímero” dijo Bielsa. El día después, el del retiro y abandono para un deportista de alto rendimiento, de elite, en la meseta de la vida, resulta cruel, impiadoso y a veces lapidario. Cuando no hay contención, no hay apoyo, no hay un oído para saber escuchar y ojos para poder ver, es ahí cuando entonces la depresión, la soledad y la desesperanza encuentran un hueco para desembocar en el laberinto de las miserias humanas, por ello es importante que haya ojos y oídos alertas en los lugares deportivos, y de alguna manera los traspolamos a todos los sujetos que se acercan al retiro y jubilación-

Los deportistas de elite son aquellos con talento deportivo, deben dedicarse diariamente a la práctica deportiva, siendo su principal actividad (en el caso de un deportista profesional, la única); representar a su país como seleccionado en competencias internacionales; y obtener resultados deportivos a nivel nacional y/o internacional. En general, la formación de un deportista de alto rendimiento comienza en edades tempranas, antes de los 10 años.

Una cuestión a tener en cuenta por el Psicólogo deportivo es entre otras la imposibilidad de estos atletas de vivir etapas propias de un niño o un joven, la incompatibilidad de llevar una vida escolar regular. Por lo general el camino para ser parte de la élite deportiva comienza prácticamente desde la infancia misma y exige un esfuerzo que absorbe casi toda la experiencia vital. Mientras otros jóvenes disfrutan de su adolescencia con su grupo de pares, los futuros atletas de elite se ven privados de tan rica experiencia, dado que a esa edad suelen estar concentrados casi hasta el absoluto en sus logros deportivos. A diferencia del común, ellos siguen dietas estrictas, agotadoras jornadas de entrenamientos, duermen mientras los otros de su edad salen a confraternizar y se encuentran sometidos a la inmensa presión psicológica de rendir cada vez más en pos del éxito. Y cuando logran el objetivo es frecuente que otros se encarguen de su cotidianidad, seleccionando su vestimenta, encargándose de su vivienda, de su alimentación y demás.

Cuando un deportista deja la alta competición le queda mucho tiempo por delante, muchas fuerzas y mucho que aportar y hay que ver qué se puede hacer con ellos para

que se puedan insertar en la sociedad con plenas garantías. Y esto nos es de utilidad para cualquier otro retiro en la vida de un trabajador: Ante cualquier jubilación flaquea el sentimiento de utilidad que tenemos todos. Si esa jubilación llega con 35 años, el problema puede ser mucho mayor. La vida de una deportista gira en torno a una actividad que de repente desaparece y entonces se cuestiona el sentido de su vida y se refuerza el sentimiento de que ya no tiene nada que aportar a la sociedad. Más allá del tema económico, es muy importante encontrar un nuevo rol en la sociedad. A veces se nos olvida que es posible que un deportista profesional haya nacido para hacer sólo una cosa en su vida. Se habla mucho de la soledad, del mito del ídolo caído, roto, pero lo que presenta el mayor escollo es la imposibilidad para encontrar un nuevo lugar en el mundo. Uno pierde el sentido de identidad y es entonces cuando aparecen todos los fantasmas. El duelo es pérdida. El cierre de una etapa. Lo que pasa es que se puede elaborar y tramitar de manera saludable, y reiniciar una nueva vida que tal vez puede ser mejor que la anterior, o caer en una depresión profunda, que ya es patológica y roza la melancolía. Frente a un duelo hay tres respuestas: la primera etapa es lo traumático, la negación de reconocer la pérdida. La segunda se denomina fase de confrontación, que se trata de recuperar el objeto perdido con rabia y culpas infinitas. Y la tercera etapa es la de restablecimiento, donde aparece cierto desapego a eso que se pierde, y el recuerdo aparece con menor afecto. Los que siguen trabajando en el deporte que realizaron lo hacen porque es el lugar donde lo conocen, y donde tiene sus contactos. O también caen en otras adicciones (ludopatía)

“La muerte no llega con la vejez, sino con el olvido”.

Estas notas fueron escritas para personas que se han especializado en deportes y les preocupa el retiro de su actividad en forma prematura. El próximo domingo continuaré indagando acerca de la jubilación y retiro en cualquier actividad y sus efectos concomitantes