Compendio del ateneo sobre Covid y vacunación en Diputados
El 27 de noviembre pasado, en el Anexo “A” de la Cámara de Diputados de la Nación se desarrolló una exposición bajo la consigna: “¿Qué contienen realmente las vacunas Covid-19? Perspectivas legales, políticas, géneticas e infectólogas”.
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La jornada fue propuesta y organizada por la legisladora del PRO por Chaco, Marilú Quiroz y contó con la participación de un panel integrado por 20 profesionales de la salud, química, abogacía, entre otras disciplinas, que expusieron sobre la temática en cuestión.
La disertación de los especialistas se extendió durante poco más de 6 horas, por lo cual, ofrecemos un resumen con los puntos que consideramos más importantes.
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Marilú Quiroz – Diputada Nacional
En su alocución, la organizadora del ateneo, expresó: “Quiero agradecer profundamente al presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, por autorizarnos a realizar este encuentro, que considero de enorme importancia. No fue sencillo. También agradezco a quienes nos cedieron esta sala, a los expositores, al público presente y a mi equipo. Con el aporte de todos, esto pudo concretarse”.
“Deseo hacer un reconocimiento especial a quienes, con gran templanza, ayudaron a acercar posiciones y a calmar algunos ánimos alterados. Su rol fue determinante. Este encuentro no fue fácil de lograr: intentaron cancelarlo varias veces, pero, como pueden ver, aquí estamos”.
“Siempre existieron sectores que intentaron sostener un único relato oficial, sin voluntad de escuchar voces calificadas, algo esencial para la ciencia. Sabemos que, cuando dentro de seis horas este evento concluya, quizás no obtengamos un resultado concreto, pero sí habremos logrado algo imprescindible: visibilizar la temática y abrir el debate ante la sociedad y el Congreso”.
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“Mi objetivo como legisladora nacional fue habilitar un espacio donde todas las posiciones pudieran expresarse con libertad. Estoy finalizando mi mandato como diputada, pero hoy damos un puntapié inicial para avanzar en un anhelo compartido: revisar la obligatoriedad y compulsividad de la vacunación, y profundizar en el análisis sobre qué se nos inoculó durante la pandemia. Las cláusulas de confidencialidad con los laboratorios nunca debieron haberse aceptado; es un punto que exige total transparencia”.
“Hoy expondrán 20 oradores. Me habría gustado que participaran muchos más, pero el tiempo no lo permitió. Mis disculpas a quienes no pudieron hacerlo. De todos modos, las voces invitadas fueron seleccionadas con criterio, pluralidad y fundamento. No crean que no convocamos a posturas contrarias; lo hicimos. Simplemente prefirieron no participar para evitar el intercambio abierto que hoy estamos dispuestos a dar”.
Oscar Botta – Médico pediatra
Médico pediatra con 50 años de trayectoria, exsecretario de Salud Pública de San Miguel y participante en diversos operativos sanitarios y auditorías del Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires.
“Voy a hablar sobre autismo y vacunas”, comenzó Botta. “A fines del siglo XX, el médico Andrew Wakefield, en Inglaterra, asoció la vacuna triple viral con el autismo. Habló en televisión y radio, y su mensaje se difundió por Inglaterra, Noruega y Suecia. En un gráfico puede observarse cómo, tras sus declaraciones, la gente dejó de aplicar la triple viral: bajó la vacunación y también los diagnósticos de autismo, hasta llegar a cero”.
Botta afirmó que Wakefield fue expulsado de Inglaterra y perdió su matrícula, pero luego se radicó en Estados Unidos, donde —según señaló— ganó un juicio recientemente. “Cuando lo expulsan, se deja de hablar de autismo y vacunas; y pueden ver en las imágenes cómo, cuando la gente vuelve a vacunarse, los casos de autismo aumentan nuevamente. En Inglaterra la vacunación no era compulsiva; en Argentina sí lo es, incluso con intervención policial”, sostuvo.
Respecto de otras vacunas, afirmó: “Cuando se incorporó la de la varicela, el autismo aumentó aún más. Muchas vacunas se fabrican con ADN humano fetal, con líneas celulares provenientes de pulmones fetales de 14 semanas de gestación”.
Botta mencionó al neurólogo canadiense Andrew Mulder, quien —según indicó— investigó el comportamiento de los glóbulos rojos y propuso que ciertos componentes de las vacunas, como aluminio o mercurio, generarían microtromboembolias que afectarían el cerebro. “Cada vacuna agregada incrementa el daño”, expresó.
También mencionó que Mulder “apareció muerto en 2013”, y cuestionó la aplicación neonatal de la vacuna contra la hepatitis B.
Citó, además, a la médica estadounidense Jane Tempany, quien sostiene que “nunca se demostró que las vacunas sean seguras” y que los niños recibirían grandes cantidades de aluminio, mercurio y otras sustancias químicas.
Por último, se refirió al químico inglés Chris Exley, quien habría encontrado elevadas concentraciones de aluminio en cerebros de pacientes con autismo: “El aluminio es neurotóxico y está presente en muchas vacunas, y nadie investiga nada”, concluyó Botta.
Marcela Sangorrín – Licenciada CC.BB
La doctora Marcela Sangorrín es licenciada en Ciencias Biológicas con doctorado en bioquímica, especializada posteriormente en microbiología y biotecnología. Investigadora independiente del CONICET y docente universitaria con 33 años de experiencia, ha publicado más de 50 trabajos en revistas internacionales con referato, dirigido seis tesis doctorales y recibido diversas distinciones por su labor científica.
“Desde 2022, junto con la licenciada Lorena Diblasi, comenzamos a analizar viales de vacunas contra el COVID-19. La decisión surgió por la inquietud que generaba todo lo relacionado con la vacunación y porque considerábamos que la narrativa de la pandemia había sido una gran mentira. Sabíamos que estas vacunas no cumplirían lo que prometían y queríamos estudiar su contenido, especialmente porque la ANMAT, según los contratos firmados —con cláusulas de confidencialidad—, no realizaba los análisis pertinentes. El contenido era desconocido hasta que la Dra. Maldonado obtuvo judicialmente los protocolos”, afirmó.
Relató que, ante lo que describe como “el desafío de estos inóculos impuestos por coacción”, médicos y enfermeros que observaban supuestos daños en pacientes les entregaron viales para su estudio. “Analizamos las seis marcas aplicadas en Argentina y, además, vacunas contra dengue y gripe, sueros fisiológicos y anestesias dentales. Hoy no llegaré a detallar todo; está disponible en la página laresistencia.live”, explicó.
El primer análisis realizado fue con microscopía de fluorescencia. “Lo iniciamos porque en Alemania y España científicos independientes habían detectado partículas con espectros compatibles con óxido de grafeno. En nuestro laboratorio del CONICET disponíamos de un estándar de óxido de grafeno, y lo utilizamos para comparar la fluorescencia en distintas longitudes de onda. El óxido de grafeno es altamente fluorescente, con un amplio rango entre 300 y 1200 nm. Con el estándar de la empresa Sigma Aldrich pudimos observar en campo claro cómo se veían las partículas y, con diferentes filtros, la luz que emitían”.
Según Sangorrín, encontraron lotes con partículas que mostraban fluorescencias distintas bajo un mismo filtro: “Eso indica que no están funcionalizadas con los mismos grupos químicos. Todo esto está descripto en la bibliografía científica y nuestros análisis fueron realizados personalmente, frente a escribano público y con acta notarial que certifica el procedimiento”.
Ante las consultas sobre tamaño y cantidad de partículas, recurrieron a un laboratorio privado de Buenos Aires que utiliza el equipo Morphology 3. “Este sistema permite cuantificar y caracterizar partículas mayores a 0,5 micrones. En un lote de Pfizer encontramos 70.000 partículas por mililitro, cuando la farmacopea solo permite hasta 6.000 partículas de 10 micrones y 600 de 25 micrones. Nosotros hallamos casi 60.000 de 10 micrones y 7.000 de 25 micrones. En el caso de Sputnik, los valores también excedían más de cien veces los límites permitidos”.
El tercer análisis, para identificar la composición química de las partículas, fue encargado a otro instituto del CONICET mediante un microscopio con dispersión de rayos X. “En una muestra de AstraZeneca, por ejemplo, observamos una estructura similar a un pañuelo. El análisis mostró un 47% de carbono, 36% de oxígeno, además de sodio, hierro y cobre. En las distintas marcas —AstraZeneca, Pfizer, Sinopharm y CanSino— detectamos más de diez elementos no declarados, entre ellos aluminio, cobre, hierro, manganeso y platino. Estos elementos no deben estar en un inyectable; muchos son tóxicos y más aún formando partículas”.
Finalmente, Sangorrín señaló que los estudios fueron presentados desde 2022 como trámites a distancia ante ANMAT, el Ministerio de Salud y el CONICET: “Nunca respondieron. Y cuando lo hicieron, fueron evasivas o textos genéricos sacados de internet diciendo que las vacunas son seguras y efectivas. jamás realizaron los análisis oficiales. Es gravísimo, porque estas partículas y elementos tóxicos no deberían estar y, según nuestros hallazgos, son los que estarían provocando los daños asociados a estas vacunas”.
Pablo Javier Stolkiner – Licenciado , investigador
Pablo Javier Stolkiner es licenciado en Administración por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Investigador independiente, socio del estudio contable Stolkiner y Asociados, padre de dos hijos y autor del trabajo “Cómo crearon la pandemia del COVID-19”.
Durante su exposición, Stolkiner explicó que su investigación se centra en el rol de figuras y organismos internacionales en la gestión de la pandemia. Sostuvo que, en su obra, describe “cómo Bill Gates y otros actores de poder lograron que más de 6.000 millones de personas en el mundo se aplicaran la vacuna contra el COVID-19”. Señaló como antecedentes dos intervenciones públicas del propio Gates: la charla TED de 2010, donde habló de la presión demográfica y el desarrollo de nuevas vacunas, y la de 2015, donde advirtió que una futura pandemia viral podría causar más de 10 millones de muertes.
Según Stolkiner, el primer paso para “crear una pandemia” habría sido asegurar financiamiento. Afirmó que, tras reuniones entre Gates y autoridades del Banco Mundial en 2016, se impulsaron mecanismos de financiación para futuras emergencias sanitarias. A esto sumó el apoyo científico —según su análisis— de la Universidad Johns Hopkins, institución a la que Gates habría realizado importantes donaciones y que desde 2017 desarrollaba simulacros de pandemia.
Otro eje señalado fue el “control institucional”. Stolkiner recordó que la Fundación Gates fue uno de los principales aportantes de la Organización Mundial de la Salud entre 2018 y 2021. En paralelo, mencionó inversiones en empresas vinculadas al desarrollo de vacunas, como BioNTech y Moderna. Calificó esta situación como “incompatible”, al considerar que quienes impulsaban recomendaciones sanitarias obtenían beneficios económicos del mismo sector.
También mencionó un acuerdo firmado en 2019 entre el Foro Económico Mundial (FEM) y la ONU, orientado a acelerar la Agenda 2030. Para Stolkiner, ese convenio plantea interrogantes sobre la influencia de corporaciones farmacéuticas —miembros del FEM— en las políticas de salud global. Planteó dos preguntas al respecto: si es deseable que un consorcio empresarial incida en decisiones sanitarias internacionales y si es aceptable que quienes recomiendan vacunas tengan intereses económicos en ellas.
Entre los pasos que, según su trabajo, completaron este esquema, incluyó el alineamiento de gobiernos nacionales con lineamientos del FEM y la OMS, y mencionó el caso argentino con referencias a pronunciamientos de 2018 y 2020. También citó el simulacro “Evento 201”, realizado en octubre de 2019 por Johns Hopkins, la Fundación Gates y el FEM, que establecía pautas de gestión ante una hipotética pandemia, incluyendo estrategias de comunicación.
Stolkiner calificó como “el show de la pandemia” la etapa iniciada en 2020 tras la declaración de emergencia internacional. Describió el rol de la OMS, la ONU, los gobiernos, el Banco Mundial, los medios de comunicación y los laboratorios. Cuestionó la utilidad diagnóstica del test PCR, los incentivos económicos a instituciones médicas y los protocolos aplicados en terapia intensiva, que —según afirmó— contribuyeron a la mortalidad hospitalaria.
Sostuvo que el año 2021 registró un aumento de muertes en Argentina coincidente con la campaña de vacunación contra el COVID-19, y mencionó un incremento significativo en los reportes oficiales de efectos adversos. Criticó además el pase sanitario, al que describió como un mecanismo coercitivo contrario a principios constitucionales y al Código de Núremberg. Finalmente, señaló que la digitalización global de certificados COVID habría contado con financiamiento de la Fundación Gates.
Mario Borini - Médico
El Dr. Mario Borini es médico (matrícula nacional 33.200), especialista en Clínica Médica, diplomado en Salud Pública y epidemiólogo, con formación adicional en metodología de la investigación. Fue profesor titular de Salud Pública en la Universidad de Buenos Aires entre 2003 y 2008 y recibió el Premio de la Academia Nacional de Medicina por su labor académica y científica.
Durante su exposición, Borini destacó la gravedad del contexto de censura que —según expresó— vivieron él y otros profesionales durante la pandemia: “Imagínense el halago de poder compartir esto en uno de los lugares más altos del gobierno nacional, cuando hemos estado bajo una censura tremebunda, con detenciones, intimidaciones y golpizas a muchos compañeros en Rosario y en otras circunstancias individuales. La energía utilizada en reprimir podría haberse destinado a un debate que nunca existió”.
Borini sostuvo que la comprensión de lo ocurrido durante la pandemia debe comenzar por la lectura de la Ley 27.573, la cual —según afirmó— contenía cláusulas de confidencialidad, inmunidad para los laboratorios y cesión de soberanía judicial: “Si alguien lee la ley 27.573 y sigue creyendo que valía la pena, no tiene sentido discutir. Con solo encontrar la confidencialidad, la inmunidad y la pérdida de soberanía judicial, ya está todo dicho. ¿Qué médico va a indicar una inoculación bajo esas condiciones?”
También cuestionó la evidencia que justificó las medidas sanitarias, especialmente el encierro generalizado: “Si uno pide evidencias que respalden un encierro universal en una epidemia, no existen. No hay un solo libro o artículo que lo proponga. Algunos países se hicieron eco, pero no aplicaron cuarentena total. Japón, Hong Kong, Islandia o Taiwán no recurrieron al encierro generalizado. Y sus tasas de mortalidad no fueron peores que las de Argentina. Con sus propios datos, la política queda desmentida; por eso no hubo debate.”
Julio Razona - Abogado
Julio Razona es abogado, egresado de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata. Ejerce la profesión desde 1986, especializado en victimología, y ha sido reconocido en las primeras Jornadas Nacionales de Reconocimiento y Solidaridad Argentina.
En su intervención, Razona anunció avances en una acción judicial: “Hoy mismo, mientras estaba aquí, me notificaron que la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires dio ingreso al acuerdo para resolver la acción de inconstitucionalidad que presenté contra la ley de vacunación compulsiva y obligatoria”.
Realizó luego un análisis criminológico del fenómeno que denomina fraude sanitario: “Cuando estudié criminología jamás imaginé que vería tipificada semejante cantidad de delitos como los que se configuraron en esto que llamo fraude sanitario: una asociación ilícita internacional cuyos jefes están vinculados a la OMS y que opera con la complicidad de legisladores, jueces y funcionarios”.
Señaló como ejemplo el DNU 125/2021, al que calificó como privación ilegal de la libertad por violar disposiciones constitucionales, enfatizando que ningún juez hizo lugar a los habeas corpus presentados en todo el país:
“Eso nos llamó la atención. ¿Qué poder hay detrás de todo esto que habilitó violaciones tan graves?”
Razona relató diversas denuncias penales vinculadas a partidas de defunción consignadas como COVID, incluso en casos de fallecimiento por accidentes, lo que —según expuso— afectaba indemnizaciones y constituía falsedad ideológica: “El COVID nunca fue secuenciado, aislado ni purificado. La única forma de tener certeza absoluta del motivo de muerte es mediante autopsia. Por eso esas partidas eran falsas”.
Aseguró que tras la difusión mediática de su denuncia en Mar del Plata, dejaron de registrarse fallecimientos atribuidos a COVID en esa ciudad.
También recordó su presentación judicial para solicitar ivermectina como tratamiento preventivo y curativo, apoyada por profesionales que mencionó, aunque rechazada por el Poder Judicial.
Finalmente, explicó que mantiene una denuncia penal por envenenamiento, presentada hace más de dos años y basada —según afirmó— en los informes de la Lic. Lorena Diblasi y la Dra. Marcela Sangorrín. Allí se imputan diversos delitos presuntamente cometidos en vacunatorios: incumplimiento de deberes de funcionario público, falta de consentimiento informado, ejercicio ilegal de la medicina y abandono de persona.
“Las secuelas y muertes son víctimas de abandono de persona. En los casos fatales, abandono seguido de muerte, cuya pena es equivalente al homicidio simple: hasta 25 años de prisión”.
José Luis Rogelio Gettor - Médico emergentólogo
Cuenta con matrícula nacional 68.897 y matrícula profesional 5.487. El Dr. José Luis Rogelio Gettor es médico especialista en emergentología, egresado de la Universidad de Buenos Aires en 1984. Se desempeñó como médico civil de la Armada Argentina, es médico auditor del IOCE y concurrente en clínica médica del Hospital Churruca. Desde 2006 es director médico de las ambulancias privadas AME en la misma ciudad.
“Yo voy a hablar sobre cómo se ha manipulado el lenguaje, que es un elemento fundamental a la hora de comprender la realidad. Si a lo bueno le decimos malo y a lo malo le decimos bueno, la cosa cambia; cambia rotundamente. He traído cuatro capturas de pantalla y tengo los enlaces que conducen a estas pantallas, que corresponden a los Centros de Control de Enfermedades de Estados Unidos. Los CDC, los famosos CDC, se han hecho más conocidos que nunca en estos últimos años. La primera pantalla muestra cómo los CDC van actualizando y modificando ciertas definiciones. Esto funciona como un diccionario médico, como el diccionario de la Real Academia Española. Si yo cambio el significado de una palabra, puedo cambiar hasta la vida de una persona; incluso podría condenarla a muerte únicamente alterando el significado de una palabra. Veamos qué decían los CDC estadounidenses el 9 de julio de 2014. En la definición de vacunación se afirmaba: ‘Inyección de un organismo infeccioso muerto o debilitado para prevenir la enfermedad’. Esto es lo que estudiamos en la facultad de medicina: que la vacunación consiste en introducir una enfermedad en ‘chiquito’, digamos, para que nuestro organismo elabore defensas y se prepare ante una futura infección, por si aparecía.”
“En tanto, el 10 de octubre de 2014, la palabra ‘vacunación’ cambia de concepto. No se modifica una palabra, sino prácticamente todo. A partir de esa fecha se define como el acto de introducir una vacuna —ya no se mencionan elementos infecciosos muertos o debilitados— en el cuerpo para producir inmunidad a una enfermedad específica. Esta definición se mantuvo hasta el 1° de septiembre de 2021, casi siete años, durante los cuales ‘vacunación’, repito, se describía como el acto de introducir una vacuna en el cuerpo para generar inmunidad contra una enfermedad específica. Si vamos a ver qué es lo que se introduce en el cuerpo, es decir, qué es una vacuna, se afirma que es un producto que estimula el sistema inmunitario.”
“¿Qué ocurre al día siguiente? El 2 de septiembre cambia nuevamente el diccionario médico y se afirma que la vacunación es el acto de introducir una vacuna en el cuerpo para producir protección. Es decir, hasta el 1° de septiembre de 2021 era para producir inmunidad; a partir del 2 de septiembre, para producir protección. Cambiar la terminología es gravísimo, porque estamos legislando en virtud de esa terminología. Si decimos que la vacuna inmuniza, estamos asegurándole a la persona que no le va a pasar nada si se llega a ‘infectar’, entre comillas. Pero si solo la protege, bueno… uno puede protegerse tomando vitamina C, haciendo ejercicio físico, ayunando o mediante cualquier otra medida.”
“Entonces, no podemos legislar obligando a la gente a protegerse en función de un vocabulario que cambia permanentemente. Es decir, se modifica el diccionario según el antojo o los intereses de los laboratorios, porque recordemos que la OMS, como se mencionó anteriormente, está financiada en un 85% por laboratorios privados. Esto ocurre desde 1998, con la directora de la OMS Gro Harlem Brundtland, una noruega que fue dos o tres veces primera ministra y que abrió la puerta a los laboratorios para que aportaran fondos, con la condición de que se realizaran las prácticas médicas que ellos mismos indicarían. La OMS no es una entidad pública; es, sinceramente, un sello de goma de los laboratorios internacionales.”
Por otra parte, Gettor, compartió un audio con conceptos de la Dra. Almudena Zaragoza para hablar sobre virus y comprender un poco más qué son. “En España parece que estudian una medicina diferente a la que estudiamos en Argentina”, agregó el médico. ‘Soy Almudena Zaragoza, licenciada en Biología por la Universidad Autónoma de Madrid. Hoy os voy a explicar qué es un virus, porque aunque todo el mundo habla de virus, la mayoría de las personas no saben lo que son. Y creo que es de vital importancia explicarlo, porque quizá así comiencen a comprender algunas cosas desde un punto de vista diferente. Los virus no son más que mensajes biológicos: un conjunto de proteínas llamadas nucleótidos. Estos nucleótidos son letras que se unen para formar sílabas, estas para formar palabras, frases y párrafos. Los virus tienen el más variado conjunto de tipos de conformaciones de material genético: distintos tipos de mensajes; son expertos en contar cosas. Los hay de ADN y de ARN, monocatenarios o bicatenarios, de polaridad positiva o negativa, para saber si se leen de derecha a izquierda o viceversa. Su abundancia total en la Tierra es abrumadora. Si enviásemos un virus de la Tierra a cada estrella del universo, tendríamos que hacerlo cien millones de veces para enviarlos todos. Se estima que existen del orden de un billón de billones. En humanos se calcula un total de mil millones de partículas virales por cada gramo de heces. Son las entidades biológicas más abundantes del planeta, superiores incluso a aves y mamíferos. Hay aproximadamente dos millones aún sin descubrir. Allí donde hay vida, existen virus. Forman parte de los ciclos biogeoquímicos del planeta, contribuyen al ciclo del agua mediante la nucleación de nubes y favorecen la vida en el océano. Insertaron los genes de la fotosíntesis en bacterias, favoreciendo la producción de oxígeno atmosférico’.”
‘Los virus son el mayor reservorio de información genética y proteínas que existe. Son el origen de la vida, los constructores de los genomas de los seres vivos. En humanos encontramos integrantes del viroma y de los retrovirus endógenos humanos, así como componentes del transcriptoma humano derivados de ellos. Todos son fragmentos de información genética de origen viral que forman parte de nosotros y cumplen funciones muy diversas’.
‘El viroma humano es el componente viral del microbioma humano, es decir, los ecosistemas microbianos que viven en nuestro cuerpo: piel y mucosas. Formados por bacterias y virus, estos últimos son particularmente abundantes —unas 25 veces más que las bacterias—. Abundan en piel y mucosas, constituyen una barrera de protección y homeostasis y participan en la respuesta inmune innata no dependiente del huésped. Son del tipo bacteriófago y transportan e inyectan información entre las bacterias de nuestro cuerpo, indicándoles qué deben hacer en cada momento y regulando procesos complejos vitales para la buena salud del organismo’.
‘Los retrovirus endógenos, por su parte, son secuencias de origen viral insertadas de manera permanente en nuestro genoma, representando aproximadamente el 10% del total de nuestro material genético. Además, los elementos transponibles de ADN, que representan un 3%, la secuencia SINE, que constituye un 14%, y las secuencias LINE, que alcanzan un 18%, también tienen origen viral’.
‘Hoy debemos saber que todavía se desconoce la función de gran parte del contenido de nuestro genoma, denominado zona oscura, que supone el 55% del total. Fijaos cuánta información desconocemos sobre nuestro propio ser. Incluso esta presunta ‘oscuridad’ contiene secuencias virales, ya que se ha constatado la existencia de componentes del transcriptoma humano. El transcriptoma humano es un conjunto de moléculas de señalización de ARN, no de ADN, que tenemos en nuestro cuerpo. Estas moléculas envían mensajes que desencadenan procesos fisiológicos en el organismo. ¿Y cómo se envían esos mensajes? Aquellos codificados en el ADN nuclear pasan a ARN y la célula, mediante su compleja maquinaria, los envuelve en cápsidas proteicas o también lipídicas. Estos virus —nuestros mensajeros— pasan de una fase intracelular a una extracelular’.
‘Es decir, estaban embebidos en el material genético celular, pero al ser transformados en ARN y encapsulados pasan a la fase extracelular para viajar a su destino. Las proteínas de sus envolturas reconocen otras proteínas llamadas receptores de membrana, ubicadas en células destinadas a recibir el mensaje. Como en toda acción comunicativa, existe un emisor y un receptor’.
‘Toda la información de estos emisores y receptores virales está codificada en los cromosomas humanos. Así, los virus no dejan de ser una compleja red de activación o finalización de procesos vitales en nuestro cuerpo, iniciados por las propias células, que utilizan a los virus como cápsulas de información para enviarse mensajes entre sí’.
‘Seguramente hasta hoy no habíais escuchado esta explicación, que es completamente objetiva y basada en la biología, sin interpretaciones. Cuando leemos libros o escuchamos los medios, notamos que la interpretación introduce términos que son creencias y no hechos biológicos, como ‘infección’, ‘patógeno’ o ‘contagio’. Cuando un virus pasa de una célula a otra para transmitir información, la biología real lo llama intercambio de información; la interpretación mediática lo llama infección, así, porque sí’.
“Es muy importante, como decía la doctora Zaragoza, la interpretación. Los virus son mensajeros. Y si los virus los fabricamos nosotros —los médicos aquí presentes sabemos que nos enseñaron que los virus eran ARN o ADN, es decir, que tienen material genético humano—, entonces no vienen de afuera a infectarnos. No: los virus los producimos nosotros. Esto se sabe desde el siglo XIX. Esta información quedó oculta y fue desarrollada por el Dr. Pierre Jacques Antoine Béchamp en Francia, quien tuvo un alumno traidor llamado Louis Pasteur. Hoy el mundo vive de rodillas por no seguir a Pierre Jacques Antoine Béchamp.”
“Señores, vamos a dictar leyes que obliguen a la gente a ponerse un producto que ni siquiera es un producto: ya es una preparación, según la última información, porque esta gente condiciona todos los diccionarios médicos. Entonces, me parece, como dijo el doctor Razona: ‘Utilicemos la ley para ayudar a la gente’.”
Federico Nazar - Profesor
Federico Nazar, coordinador del Consejo Mundial de la Salud en Argentina y profesor de bioética, ha participado como conferencista en encuentros internacionales en Europa, América y Asia, y fue entrevistado por diversos medios de la región. Al tomar la palabra, presentó el caso de un niño británico que, según expuso, habría comenzado a convulsionar pocas horas después de recibir la vacuna triple viral, episodio que —afirmó— se viralizó ampliamente en redes sociales. Señaló que los posibles vínculos entre vacunas y autismo representan, a su juicio, una problemática grave. También mencionó un video filmado en Salta por Ramón Lobo, en el que algunas personas, luego de vacunarse, manifestaban experimentar fenómenos de “magnetismo” en el cuerpo.
Ángel Yahbes – Médico pediatra
Cuenta con matrícula nacional 30.101. Es médico egresado de la Universidad de Buenos Aires y especializado en pediatría. En 1971 recibió el premio Aguilar Giraldes de la Facultad de Medicina de la UBA al mejor trabajo en pediatría por su investigación sobre alimentación por vía parenteral.
“En principio voy a definir algunos términos, por si no me alcanza el tiempo para leer el trabajo, para que se entienda al menos la síntesis. Iatrocidio: ustedes saben que la medicina forense acuñó este término —que no figura en la Real Academia Española— para referirse a la mala praxis, y puede aplicarse también al acto de matar intencionalmente mediante procedimientos médicos. Esto ha ocurrido con el uso de midazolam más morfina en personas mayores alojadas en geriátricos al comienzo de la denominada pandemia de COVID, o con el uso de respiradores en una patología que no lo ameritaba, como quedó demostrado en las autopsias realizadas en Italia y Alemania, que continuaron haciéndose pese a todo”.
“Democidio: se define como el asesinato de una persona o de un grupo de personas por parte de un gobierno, incluyendo genocidio, asesinatos políticos y asesinatos masivos, sin especificación de los medios utilizados. Finalmente, humanicidio es un término acuñado por Michel Lacroix en un libro de su autoría, y se refiere a la posible desaparición de la humanidad por diversos eventos, aunque olvidó mencionar al sistema médico como factor, algo que sí hizo su tocayo Foucault”.
“El título es Inóculos COVID: implicaciones genéticas y éticas. Para comprender mejor la dinámica y la realidad de la denominada pandemia COVID y de la denominada vacuna COVID, es necesario conocer antecedentes documentales. El informe del doctor David Martin, presentado en el Parlamento Europeo, deja al descubierto un plan siniestro: la creación estudiada de una enfermedad SARS, síndrome respiratorio agudo grave; los intereses de Anthony Fauci en desarrollar un virus o una proteína con ganancia de función en el laboratorio de Wuhan, debido a impedimentos legales en Estados Unidos; y la actuación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los laboratorios farmacéuticos y los medios para crear y aplicar una inoculación biológica basada en la proteína espiga, como un programa universal contra el coronavirus. En realidad, se trata de una codificación de la proteína espiga por ARN mensajero, que modifica el nucleótido uridina por un nucleótido sintético, la N1-metilpseudouridina, para hacerlo menos propenso a degradarse y aumentar su capacidad de producir spike. Este ARN mensajero está recubierto de nanopartículas lipídicas, polietilenglicol y cuatro-hidroxibutilo, prohibidos para su uso humano”.
“El ARN produce actividad inflamatoria causando toxicidad mitocondrial e incluyendo, como efectos, miopatía, acidosis láctica, pancreatitis, lipodistrofia, esteatosis hepática y daño nervioso, entre otros, comprobado a nivel experimental en animales. La proteína Spike es extremadamente patogénica por el bloqueo de la enzima ACE2 —enzima convertidora de angiotensina 2—, que se ubica principalmente en riñones, aparato cardiovascular (corazón y endotelio vascular) y gónadas. Por otra parte, también sabemos que favorece la trombogénesis, es decir, la formación de trombos. Además, por contener epítopos semejantes a proteínas vinculadas con la fertilidad, con la concepción y con mecanismos antitumorales, estos son bloqueados por los anticuerpos anti-spike”.
“El doctor Martin da cuenta de 73 patentes emitidas entre 2008 y 2018 que contienen elementos supuestamente novedosos del SARS-CoV-2, según la OMS. Específicamente, se refieren al sitio de clivaje polibásico del dominio de unión al receptor ACE2 con la proteína espiga. En la oficina de marcas y patentes de Estados Unidos pueden consultarse estas patentes. Por ejemplo, la secuencia genética patentada por Moderna en 2016 a nombre de Bencel Stephanie, quien era CEO de la empresa en Cambridge, Massachusetts, con ganancia de función a través de la enzima MSH3. Esta empresa fue financiada originalmente por la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA), así como un chip para diagnóstico de COVID-19, saturación de oxígeno y frecuencia cardíaca, patentado por la familia Rothschild en 2015. Lo que encontramos es más de 120 pruebas que sugieren que la declaración de un ‘nuevo coronavirus’ era en realidad una falacia completa: no había ningún coronavirus nuevo. Y agrega su cita favorita de esta pandemia, una declaración hecha en 2015 por Peter Daszak, zoólogo y exdirector de EcoHealth Alliance, reportada también en National Academy Express en febrero de 2016: ‘Tenemos que aumentar la comprensión pública sobre la necesidad de contramedidas médicas, tales como una vacuna universal contra los coronavirus. Una vía clave son los medios de comunicación, y la economía seguirá al revuelo mediático que se genere’. Se trató, dice Martin, de convertir intencionalmente la proteína espiga en un arma biológica y hacer que la gente dependiera de una vacuna universal contra el coronavirus. No tiene nada que ver con un patógeno liberado, y cada estudio lanzado para verificar una fuga de laboratorio es un intento de desviar la atención. Puede verse el rastro de publicaciones sobre el receptor ACE2 en el mismo sitio del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos”.
“Esta trama maquiavélica, relatada a Reiner Fuellmich —abogado alemán detenido injustamente por iniciar el juicio a Christian Drosten, desarrollador de la prueba PCR— y a los fondos de inversión, incluye detalles sobre solicitudes de patentes por los propios CDC y diversos laboratorios anticipando lo que vendría. Incluso la OMS, financiada en más de un 80% por la industria farmacéutica, plantea en su documento Un mundo en riesgo un escenario (en septiembre de 2019) sobre lo que podría ocurrir si hubiera una liberación accidental o intencional de un patógeno respiratorio, meses antes de que apareciera un supuesto patógeno respiratorio”.
“Finalmente, para evidenciar lo que sería un fraude criminal, el director general de Pfizer, Albert Israel Abraham Bourla, afirma que sus vacunas se basan en un virus falso: ‘No hemos estudiado el virus real, sino un virus que hemos construido en el laboratorio’. Otro aspecto que confirmaría lo señalado es la publicación en la página del Banco Mundial, en 2017, sobre exportaciones de kits para diagnóstico de COVID-19, dentro de un plan previsto para iniciarse el 2 de abril de 2020 y finalizar el 31 de marzo de 2025, denominado COVID-19 Programa Estratégico de Preparación y Respuesta”.
“Estos inóculos contienen elementos nanotecnológicos y microtecnológicos que hemos constatado en la investigación internacional, incluyendo la aparición de códigos MAC, códigos de acceso a medios que permiten interactuar con campos 5G y generar neuromodulación en pensamientos, sentimientos y decisiones humanas”.
“Todo lo relatado indica que estos inóculos COVID constituyen armas biológicas y tecnológicas. Esto fue reconocido por expertos como Francis Boyle —fallecido en enero de este año—, quien se ocupó de la legislación referida al tema, quedando implicados dentro del Tratado Nacional sobre Armas Biológicas y Toxínicas. Sus consecuencias sobre la vida y la salud deberían ser consideradas dentro de ese marco, teniendo en cuenta el iatrocidio y democidio implícito, que se convertiría en humanicidio al ser implementado, voluntaria o involuntariamente, en casi todos los países del mundo como consecuencia de acciones u omisiones del sistema sanitario y de las autoridades que tomaron las decisiones. Para ello, se han tenido que violar artículos constitucionales e incluir tratados internacionales de bioética incorporados al Código Penal, al Código Civil y a la reglamentación del Ministerio de Salud y de la ANMAT. Todo esto fue comunicado a las autoridades del Sistema Sanitario Nacional y de la Ciudad de Buenos Aires, y figura en nuestro libro La Salud en Cuarentena”.
Lorena Diblasi – Biotecnóloga
Es licenciada en Biotecnología por la Universidad Nacional de Tucumán. Ha realizado investigaciones en nanotecnología farmacéutica, proteínas recombinantes de uso humano y cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas.
Trabajó en la industria farmacéutica en áreas de control y aseguramiento de la calidad, y se desempeñó como auditora de laboratorios farmacéuticos.
“Voy a presentar dos puntos. Por un lado, el estudio por ICP-MASA que hemos realizado junto a la Dra. Marcela Sangorrín, junto al Dr. Martín Monteverde —médico argentino— y junto al Dr. David Nonis, biólogo celular y molecular. Y, por otro lado, voy a presentar por primera vez en Argentina las estadísticas sobre personas afectadas y dañadas por las vacunas COVID-19”.
“En la diapositiva podemos ver todas las muestras que hemos analizado por ICP-MASA. ¿Para qué sirve esta metodología? Para detectar elementos químicos y cuantificarlos. Lo que podemos observar dentro de todas las vacunas —porque analizamos todas las marcas que ingresaron a Argentina— son nano y micropartículas detectadas a través de microscopía electrónica. Aquí está presente el Dr. Gustavo Fano, quien integró el grupo de investigación que realizó el primer estudio por microscopía electrónica en Argentina, gracias a la Universidad de La Plata, y que también halló los mismos resultados. Y no solo aquí: en Rumania, en España, en Inglaterra; distintos investigadores del mundo venimos encontrando lo mismo: nano y micropartículas compuestas principalmente por carbono y oxígeno, y luego por otros elementos químicos que no deberían estar allí porque no forman parte de los componentes declarados. Y además resulta muy extraño que aparezcan platino, rodio, rutenio, cadmio, cromo, paladio. ¿Por qué están esos elementos dentro de las vacunas? A su vez, observamos que estas partículas se ordenan, se autoensamblan y forman otras estructuras. Esto también lo venimos viendo, y sería necesario profundizarlo con otras metodologías”.
“A través de ICP-MASA detectamos una gran cantidad de elementos químicos, y claro, con esta metodología no podemos detectar carbono y oxígeno, que sí aparecen por SEM-EDX. Esto es importante porque, como siempre digo, hay que unificar todos los datos y todos los resultados. Aquí no puedo ver carbono ni oxígeno; puedo ver todos estos elementos que, en total, suman 55 elementos químicos encontrados en todas las marcas. Y son muchos más, porque por SEM-EDX se detectó flúor y bromo, elementos que por esta metodología no se pueden identificar debido a su baja masa atómica. Lo mismo ocurre con el carbono y el oxígeno, pero sabemos que están. Cuantos más análisis realizamos, mayor es la cantidad de elementos químicos que aparecen”.
“Y llegamos a una conclusión muy importante después de haber realizado también el estudio con el equipo Morphology G3, con el cual pudimos cuantificar miles y miles de partículas por mililitro y observar partículas de distintos tamaños y diferente composición. Cuando tomábamos una alícuota de la muestra, realizábamos la digestión con ácido nítrico y pasábamos la muestra por ICP-MASA, obteníamos una composición. Pero al analizar el duplicado del mismo vial —sin destapar, tomado con una jeringa Hamilton para evitar contaminación— encontramos otra composición. Se tomaron todos los recaudos y se trabajó de manera seria, y fue necesario poner a punto la técnica, porque esto es como una caja negra: aunque existe información teórica declarada por los fabricantes, mucha de ella no está comprobada e incluso resulta incompatible con lo que estamos encontrando. Entonces, si el duplicado muestra otra composición, esto es lógico: la muestra es heterogénea. Si tomo partículas de otro tamaño, con diferentes elementos químicos, el resultado será variable. Había valores tan dispersos que no era posible obtener un promedio”.
“Lo más importante a destacar aquí es que ninguna de las vacunas de ninguno de los fabricantes cumple con la uniformidad de contenido, un requisito que deben cumplir absolutamente todos los medicamentos y todas las formas farmacéuticas. Aquí no se cumple la uniformidad de contenido. Y esto es grave, porque estos viales venían en formato multidosis: de un mismo vial se extraían diferentes dosis”.
“Y quiero destacar esta diapositiva porque venimos presentando todo esto ante la ANMAT y ante el Ministerio de Salud. Tenemos denuncias realizadas. Hemos elevado los informes a la autoridad sanitaria solicitando que se retiren del mercado los lotes analizados, como debería ocurrir, y no están haciendo nada. Incluso analizamos la vacuna Qdenga contra el dengue, la vacuna antigripal, sueros fisiológicos y anestesias dentales, encontrando óxido de grafeno en absolutamente todos los viales tomados al azar”.
“Compramos en una farmacia, fuimos con un escribano. En todos encontramos lo mismo: material fluorescente, cuando ninguno de los componentes debería ser fluorescente. No debería haber fluorescencia; esto es algo obvio y lógico. Sin embargo, ¿qué nos responde la ANMAT? Una de sus respuestas habituales cita el manual de la OMS/OPS. ¿Y qué nos dicen? Que ‘es muy difícil realizar el control de calidad de vacunas en el producto terminado’, que es el que llega al mercado. ¿Y por qué es difícil? ¿Cuál es el impedimento? Y la segunda frase dice que ‘los países subdesarrollados del tercer mundo, que dependen de la OPS —y esta, a su vez, de la OMS—, no tienen la capacidad analítica para realizar esos controles, por lo que deben confiar en que ellos los hicieron’. Teóricamente, porque no hay pruebas. Entonces, parece ser una cuestión de fe: hay que confiar en que la OMS audita, inspecciona y controla, y que por el solo hecho de que lo hagan ellos debemos aceptarlo. Esta respuesta del ANMAT es realmente grave”.
“En esta segunda parte voy a mostrar el trabajo que venimos realizando en equipo, como comunidad organizada, trabajando a lo largo de todos estos años. Quiero destacar, en primer lugar, a todos los ciudadanos afectados, que son miles en Argentina. Y esto hay que decirlo: son miles. Solo que muy pocos valientes, al darse cuenta, se animaron a denunciar. Valientes que además se tomaron el trabajo, porque realmente implica trabajo. También destaco al equipo de abogados con quienes venimos trabajando —el Dr. Iannolfi, el Dr. Roca, entre otros— y al equipo médico, cuyo aporte se agradece porque entrevistaron uno por uno a los pacientes y elevaron los casos al sistema de Farmacovigilancia de Argentina. Entonces, el Ministerio de Salud no puede decir que no hay personas dañadas”.
Luego, la biotecnóloga, realizó una dinámica con un voluntario, vacunado contra Covid, quien apoyaba diferentes metales en su cuerpo y los mismos quedaban imantados.
Pablo Sebastián Roca - Abogado
Pablo Sebastián Roca es abogado egresado de la Universidad Nacional de Córdoba. Ejerce la profesión litigando en Córdoba, Salta, Buenos Aires y Santa Fe. Posee período docente aprobado con calificación notable en el Doctorado en Derecho y Economía —régimen jurídico del mercado y del crédito— de la Universidad de Cádiz, España.
En su intervención, Roca explicó que, como muchos profesionales, comenzó a asumir un rol activo a partir de 2020: “Siempre ejercí en derecho laboral y daños, lo convencional. Pero desde 2021 tuvimos que presentar acciones contra el pase sanitario: personas que querían trabajar, que necesitaban viajar por estudio, o incluso parejas que querían casarse. Habría que revisar esos amparos ahora, a ver qué sucedió finalmente”.
También recordó las acciones colectivas presentadas contra el uso obligatorio del barbijo escolar, junto con la Dra. Lucrecia Alvarado: “Eso fue en 2021, en estadios repletos mientras los niños seguían siete horas con barbijo en el colegio, hacinados. Por supuesto nos señalaron como un peligro para la salud pública, antivacunas y paranoicos, pero a los 15 días se retiró esa resolución ridícula”.
Visibilizar a las víctimas
Roca puso especial énfasis en dar visibilidad a personas que, según explicó, sufrieron graves perjuicios atribuidos a la vacunación. Mencionó casos concretos, algunos presentes en el auditorio:
Graciela Muñoz, con expediente en el Juzgado Federal de Mercedes (dermatitis eritrea y trastorno cognitivo).
Katiuska Parada de Guerra, con causa en Capital Federal (doble triple amputación: ambas piernas y una mano).
Agustina Suin, de Villa General Belgrano, Córdoba (amputación).
Federico Carvajal, afectado por síndrome de Guillain-Barré.
Flavio Ochoa, cuya causa —señaló— tuvo amplia repercusión mediática en mayo de 2024.
Emanuel Ocaña, cuya madre estuvo presente en el encuentro.
“A estas víctimas las han llamado sifilíticas, conspiranoicas, codiciosas, oportunistas. Tremendo. Y esas son las respuestas de los organismos sanitarios. En su peregrinaje para conseguir una explicación o una solución, reciben contestaciones que invocan el ‘principio de solidaridad’, según el cual el daño debe ser soportado por el bien común. Una respuesta propia de un sistema colectivista rancio, casi de épocas donde se hacían sacrificios humanos para que llueva”.
La emergencia sanitaria y el andamiaje jurídico
Roca señaló que todo el andamiaje jurídico de la pandemia se basó en una supuesta emergencia sanitaria. Allí se apoyaron el confinamiento, el uso obligatorio de barbijo y la vacunación coactiva.
Sostuvo que en algunas causas —como la de Flavio Ochoa— se incorporó información pública de especialistas que cuestionan la técnica PCR: “Se ha demostrado lo inespecífico de la técnica PCR para fundamentar diagnósticos, con un 95 a 97% de falsos positivos. Tenemos además el dictamen de Naira Sasco, bióloga de Canarias, con un estudio fantástico sobre la técnica”.
Recordó también el rol de bioestadistas y estudios citados en diferentes expedientes, así como el trabajo de Lorena Diblasi sobre el contenido de los inyectables, según lo declarado durante el ateneo.
Confidencialidad, indemnidad y responsabilidad del Estado
Roca afirmó que el Congreso delegó facultades al Poder Ejecutivo para incluir cláusulas de confidencialidad e indemnidad patrimonial en los contratos de vacunas: “Esas cláusulas abarcan no solo al fabricante, sino también al importador, distribuidor y proveedor. Se intentó blindar a todo el complejo farmacéutico-sanitario”.
Consideró que estas disposiciones son absolutamente inconstitucionales, por vulnerar el principio de igualdad de derechos y la tutela judicial efectiva, y señaló su vínculo con el sistema de comisiones médicas instaurado por la Ley 27.573.
En cuanto a responsabilidades, sostuvo: “Debemos determinar la responsabilidad tanto del Estado como de los laboratorios. El Estado Nacional tiene una responsabilidad objetiva incontrovertible: la obligación de no dañar, que es una obligación de resultado”.
Ramiro Alberto Salazar Cisneros - Médico
Ramiro Alberto Salazar Cisneros es médico epidemiólogo, egresado del Instituto Juan Lazarte de la Facultad de Medicina de Rosario. Fue docente universitario, asesor en la Comisión de Salud Pública de la Cámara de Diputados de la Nación y epidemiólogo de la Municipalidad de Rosario.
Agradeció la invitación y propuso rendir homenaje “a todos los que están aquí y a quienes no han podido venir y que también deberían estar por el coraje y la valentía demostrados desde 2020 en la defensa de sus familias y comunidades”. Destacó que muchos de los presentes han enfrentado persecuciones, coerciones y presiones, e incluso algunos llegaron a estar detenidos. “Aunque luego fueron sobreseídos, la presión del poder, con sus manos invisibles, llegó a cada uno de manera personalizada. Lo vivimos entonces y lo seguimos viviendo hoy”.
Señaló que hubo personas que perdieron su trabajo o la posibilidad de acompañar a sus familias en situaciones delicadas: “Es toda una situación que se generó desde 2020 y que denunciamos desde una fecha muy temprana”.
Recordó que el 15 de febrero de 2020 comenzaron a reunirse, antes incluso del DNU, porque les llamaba la atención “un cambio de intencionalidad en los servicios de salud”. Explicó:
“Como epidemiólogos observamos los fenómenos de salud y enfermedad en la población, pero también cómo los servicios de salud atienden esos problemas. Y es necesario observar ambos, porque muchas veces, al intentar prevenir un daño, se termina generando uno mayor. Daños por prevención, por aplicar herramientas inadecuadas para el problema. Me refiero al abordaje histórico de los servicios de salud en la población”.
Subrayó que nunca antes se había generado “un discurso terrorista desde el Estado para aterrorizar a la población respecto de una enfermedad”. Consideró que se trató de “una intencionalidad nueva, un comportamiento inédito de los servicios de salud”, que no solo se observó en Argentina, sino en muchos países.
“Parecía una bajada de línea internacional. Como patitos poniendo en fila, todos cumplieron órdenes. Y esto evidenció que Argentina, como tantos otros países, no tenía soberanía sanitaria: la definición de la enfermedad, el método diagnóstico, el kit reactivo y el tratamiento venían del extranjero. ¿Entonces qué somos? ¿Una sucursal? ¿Para qué tenemos Ministerio de Salud? ¿Para qué tenemos ANMAT y otros organismos?”
Sostuvo que el título del encuentro —“¿Qué contienen realmente las vacunas?”— estaba bien elegido y a la vez resultaba llamativo: “Es una pregunta natural, que debió hacerse desde 2020. Cada vez que salíamos a hablar del tema, la prensa nos atacaba desde todos lados. La gente quiere saber qué tienen esos frascos; simplemente quiere saber la verdad. Quiere que el gobierno y el Ministerio de Salud realicen investigaciones oficiales, con presupuesto y con nuestros propios investigadores, y no que deban hacerlo trabajadores independientes en sus horas libres porque el Estado no lo hizo”.
Agregó que desde el extranjero también se dictan normas sobre qué productos deben usarse en cultivos y en animales de producción: “Todo está definido afuera. Entonces, ¿para qué están los médicos, veterinarios e investigadores argentinos? En 2020 nos quitaron el título de médico a todos: nadie podía ejercer potestad sobre sus pacientes. No hubo indicación médica: todo fue compulsivo, sostenido por el aparato mediático público y privado, que ahí sí funciona muy bien”.
Reconoció la decisión de la diputada Quiroz al impulsar esta instancia, resaltando las presiones que seguramente recibe: “Nosotros hablamos diez minutos, pero después hablarán mal de nosotros tres años. A eso se dedican. Para eso sí tienen dinero para pagar y ensobrar periodistas”. Saludó también a los periodistas independientes presentes, “que sé que la han pasado mal”.
Andrés Ozols - Físico
Él es doctor en Física, exprofesor del Departamento de Física, donde dictó cursos de electromagnetismo, física de semiconductores, mecánica cuántica y optoelectrónica. Se desempeña como consultor en ingeniería biomédica y ambiental, con amplia experiencia en el desarrollo de dispositivos médicos y biomateriales, terapias de regeneración de tejidos, fotobiomodulación y protección electromagnética.
“Hay un factor externo que nadie ha considerado hasta ahora. Hoy mencionaron el tema de la nanotecnología, el grafeno, los metales pesados y hasta partículas nanolipídicas con carga positiva. Imagínense que, si ustedes tienen en el cuerpo un conjunto de materiales que son conductores, es obvio que van a responder a un campo electromagnético. Nosotros mismos somos seres electromagnéticos: nuestro corazón y nuestro cerebro emiten señales de microvoltajes, milésimas de voltio. Entonces, ¿qué pasa si analizamos qué factores están involucrados? Esto me lo compartió el doctor Garberi, un doctor en química y biólogo molecular, a partir de un mapa del mismo Ministerio de Salud. Esa última diapositiva (mostrada al público) muestra la mortalidad por hemofilia en Argentina y la edad a la que mueren los chicos. El mapa anterior representa la distribución de las antenas de cuarta generación (4G), difundidas en toda la Argentina, y actualmente se está extendiendo la tecnología 5G, de quinta generación. También se exhiben mapas relacionados con la contaminación por arsénico. Todo esto constituye un combo mortal: lo estamos aspirando, respirando, consumiendo todos los días y, encima, estamos inmersos en un horno microondas.
Ustedes no se dan cuenta, pero ahora mismo, mientras nos comunicamos, estamos recibiendo radiación electromagnética. Esta tecnología comenzó a desarrollarse durante la Segunda Guerra Mundial, y el primer evento singular fue la llamada “gripe española”, que surgió poco después de la instalación de torres de alta tensión. El Dr. Cowan lo explica muy bien: cada vez que aparece una nueva tecnología, ocurre un desastre en el ámbito de la salud”.
“Nosotros tenemos sistemas de comunicación de 2,54 GHz y 5,8 GHz. Cualquier niño de primaria sabe que, a mayor frecuencia, mayor velocidad de comunicación. ¿Pero qué pasó? En cuatro décadas —40 años—, hasta la década de 2010, y sin actualización durante los 15 años posteriores, aumentó la dosis de radiación que recibimos un trillón de veces. Lisa Simpson preguntaría: ‘¿No sería malo eso?’. Un trillón de veces: un millón por un millón por un millón. Esta es la dosis que recibimos actualmente. Esta es la red o estructura de la tecnología 5G que se está difundiendo: una energía dirigida. ¿Y qué ocurre luego de aplicarla? Aumenta la mortalidad de la gente, obviamente potenciando daños anteriores. Esta es una estadística de Nueva Zelanda: la mortalidad se incrementó justamente en paralelo al despliegue, no solo por los pinchazos, sino también por las tecnologías de cuarta y quinta generación”.
“Además, la fertilidad humana ha disminuido. En zonas densamente pobladas, como Nueva York, la fertilidad bajó un 80% durante el periodo de encierro. Qué raro: disminuye la fertilidad humana, mientras que en zonas rurales el problema no es tan grave. Uno se pregunta cuáles son los factores que producen este daño. Son dos básicos. Uno es el estrés oxidativo. ¿Qué lo genera? Justamente la reacción electromagnética, que interactúa con moléculas del cuerpo generando ionización, de modo que se produce pérdida de electrones, y aparecen moléculas con carga positiva —orgánicas o inorgánicas—, que actúan como un torrente que intoxica todo el organismo por encima de lo normal”.
“Si estamos calzados —como hoy en día—, sin contacto con la tierra, no recibimos el flujo de electrones necesario para compensar los electrones faltantes que permitirían neutralizar esas moléculas. Esos radicales libres son tremendamente peligrosos. El otro factor es la rotura del ADN. Escuchen bien: no se necesita radiación ionizante, como la nuclear, con la cual trabajé en los años 80; basta con pequeños ataques a las mitocondrias. Cuando se produce daño en la mitocondria —un pequeño organelo, del cual hay unas 1.500 por célula neurológica—, se genera daño en el cromosoma dentro del núcleo celular. Los radicales libres, golpeando con frecuencia el ADN, terminan rompiéndolo. Yo mismo, hace tres años, no lo creía; debo admitir mi ignorancia. Y esto está publicado en numerosas revistas académicas oficiales”.
“La cantidad de cánceres está creciendo a nivel mundial de manera espeluznante, especialmente los cánceres cerebrales, y del mismo lado en que usamos el celular. Qué casualidad, ¿no? Entonces, ¿qué ocurre con estas señales de radiofrecuencia? Aumentan la frecuencia de la señal portadora —los famosos 2,45 GHz, 5,8 GHz y hasta 60 o 70 GHz, que es lo que pretende Elon Musk—. Es decir, calentar el cerebro poco a poco. ¿Cuál es el daño que se produce? Las radiaciones contienen reacciones pulsantes de frecuencias bajas. Aquí ven una señal real tomada en un osciloscopio de Wi-Fi, como la que ustedes usan en sus celulares. Cada décima de segundo se emite un pulso. Ese pulso llega a la membrana celular y abre los llamados canales regulados por voltaje”.
“La mitocondria genera el ATP, la molécula que produce energía en el organismo. Si muere la mitocondria, morimos nosotros, y muere la célula, por supuesto. ¿Qué pasa? Estas radiaciones pulsadas no se observaron en todos los experimentos animales, pero tomando señales reales de un teléfono celular se puede generar un daño considerable. ¿Y por qué aumenta aún más el daño cuando aparece lo que ven en la diapositiva? A la derecha observarán una estructura similar a los lóbulos de una flor. Esos lóbulos son haces dirigidos. Es tecnología militar que ahora se usa contra civiles. Esto fue confesado por los propios inventores de la tecnología. No es algo que yo invente. Trabajé en radiación no ionizante e ionizante, y también con láseres de muy alta energía en fotolitografía para uso médico en Fort Collins”.
“Hay una serie de síntomas que están apareciendo: daño mitocondrial, inflamación endotelial —sobre la cual el Dr. Enrique Ferracani insistió muchísimo—. Él publicó un artículo que vincula el famoso COVID con las radiaciones, describiéndolo como un síndrome idiopático agudo, de origen desconocido, pero con síntomas similares. Actualmente crece la cantidad de trabajos que correlacionan los síntomas de COVID con la inflamación endotelial. Los endotelios son la capa interna de los vasos sanguíneos que, al reducirse, generan síndrome respiratorio agudo, especialmente en los capilares pulmonares. Qué casualidad, ¿no?
Otra situación es el apelmazamiento de glóbulos rojos —el efecto “rouleaux”—: los glóbulos se pegan entre sí. Con 10 a 15 minutos de exposición a la radiación de un celular, una persona sana puede sufrir obstrucción de vasos sanguíneos. Esto se ha observado, filmado y publicado el año pasado. Entonces, ¿qué pasa? Están aumentando los casos de cáncer.
Este es un trabajo realizado con estadísticas de distintos años en Suecia, donde se muestra la correlación según el criterio Bradford Hill. Se establece la relación entre el crecimiento de glioblastomas —cánceres cerebrales— y los años de uso del celular. A partir de datos patológicos, se interrogó a personas sobre cuánto usaban el celular, desde qué época, en qué condiciones. El resultado: la probabilidad de tener un glioma cerebral después de 20 años de uso celular es del 100%. ¿Entienden la gravedad del problema? Un 70% si se usa menos tiempo. Hay un cuadro comparativo. Esto no es ficción: es una triste realidad. Nos están matando con la radiación”.
Andrés González Valcarce - Abogado
Es egresado de la Universidad de Buenos Aires y doctorado en Ciencias Jurídicas en la UCA. Desde 1986 trabaja en el fuero penal económico. Es docente universitario, autor de publicaciones jurídicas y ha participado activamente en organizaciones académicas y profesionales.
“Es importante señalar que no se comprende que no se haya querido debatir estas cuestiones, porque Karl Popper, el gran epistemólogo del siglo XX, ya planteaba que la ciencia es un conocimiento basado en causas, elaborado a través de hipótesis o conjeturas de manera metódica, ordenada, transmisible y, por definición, abierta al diálogo y a la crítica. Por eso no se entiende esta actitud cerrada al intercambio. Me acuerdo de un programa de televisión en el que participaron el doctor Yahbes y el doctor Borini, y el periodista les dijo: ‘No, no puede usted seguir hablando de esto’. Lo cierto es que desde un principio, en 2020, hemos venido realizando presentaciones incluso en el Senado y ante la Cámara de Diputados”.
“Recuerdo a un voluntario, Sebastián Gaudio, en el Hospital Militar, en relación con las vacunas contra el COVID del laboratorio AstraZeneca. Consultado públicamente por Canal 13 acerca de qué le habían advertido que podía sucederle, respondió que no iba a poder tener hijos ni formar una familia durante dos años, y que todo era muy confidencial. Es decir, el inóculo afecta el aparato reproductor y la fertilidad, como ya han señalado profesionales de la salud, por ejemplo la Dra. Roxana Bruno, quien explicó que ello conllevaría una esterilización temporal. Esto viola la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio, en sus artículos 2 y 3, que prevén sanciones a funcionarios, gobernantes o particulares que sometan intencionalmente a un grupo a condiciones que provoquen su destrucción total o parcial”.
“Por lo tanto, presentamos un pedido de veto al entonces presidente Alberto Fernández por las tres cláusulas que contiene la ley actualmente vigente. También señalamos, junto con Alfonso López-Gatell, lo deplorable que resulta incurrir en calificativos peyorativos para manipular a las personas en una sociedad democrática, donde todos son inteligentes, libres y responsables de sus actos.
Estas tres cláusulas de la ley son: la confidencialidad, ya expuesta por el Dr. Roca; la indemnidad patrimonial y la prórroga de jurisdicción a favor de tribunales extranjeros.
Esto contradice claramente el artículo primero del Código Civil y Comercial de la Nación, que establece que la competencia atribuida a los tribunales nacionales es improrrogable. Como dijo Salazar, es incomprensible que la Argentina —un país históricamente con liderazgo moral en América— se haya sometido completamente durante la pandemia, con un gobierno socialdemócrata que violó el artículo 116 de la Constitución Nacional, el cual determina que estos asuntos deben ser tratados por la Corte Suprema y los tribunales nacionales aplicando leyes nacionales”.
“Por otra parte, estaban en juego derechos personalísimos: la integridad psíquica, física y fisiológica, e incluso el derecho a la vida. Hemos visto casos de gimnastas y futbolistas que caían en pleno campo de juego sin que pudiera hablarse libremente del asunto, cuando es evidente para todos. Y esta es la prueba más contundente de lo que contienen las vacunas contra el COVID. No caben dudas frente a los hechos: deportistas en excelente estado de salud afectados de manera súbita. Ha habido, prima facie, una violación sistemática de los derechos humanos y de los derechos individuales”.
“En consecuencia, no solo se ha violado la Constitución —que reconoce el derecho a la vida y el derecho a la salud en su primera parte y en las convenciones internacionales del artículo 75, inciso 22—, sino también la Ley de Procedimientos Administrativos, porque se actuó en contra de la normativa aplicable. Además, se ha vulnerado la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio, que prevé sanciones para quienes sometan a un grupo a condiciones que provoquen su destrucción”.
“La Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos, aprobada por la UNESCO el 19 de octubre de 2005, establece claramente en su artículo 5 que debe respetarse la autonomía de la persona para adoptar decisiones y asumir la responsabilidad sobre ellas, así como respetar la autonomía de los demás.
El artículo 6, apartado primero, determina que toda intervención médica preventiva, diagnóstica o terapéutica debe realizarse con consentimiento libre e informado, basado en información adecuada. Cuando corresponda, el consentimiento debe ser expreso, y la persona interesada puede revocarlo en cualquier momento y por cualquier motivo. No se entiende, entonces, la existencia de cláusulas de confidencialidad”.
“Con respecto a la ley de vacunación obligatoria, entendemos que la compulsividad —incluidos los allanamientos ordenados por algunos jueces para vacunar por la fuerza a niños— contradice el artículo 18 de la Constitución. La obligatoriedad ya estaba establecida desde siempre; todos hemos sido vacunados en la infancia. Pero eso no justifica la compulsión. Las vacunas deben administrarse con consentimiento, se debe respetar la dignidad humana, los derechos de las personas, de los niños y de los padres. La Convención sobre los Derechos del Niño, en su artículo 3, exige a los Estados garantizar al niño la protección y el cuidado necesarios para su bienestar, teniendo en cuenta los derechos y deberes de los padres, tutores o responsables legales”.
Lucía Langer – Médica pediatra
Ella es médica pediatra y neumonóloga infantil. Trabaja actualmente en la Clínica Bazterrica, en diversas instituciones privadas y en su consultorio particular. Matrícula nacional 123.592.
“Voy a presentar una diapositiva con un trabajo realizado con mis pacientes, comparando estudios de concentración de metales pesados en sangre —principalmente aluminio— en niños desde un mes de vida hasta 11 años.
¿Por qué analicé el aluminio? Porque muchos chicos presentan cefaleas, mareos y algunos síncopes. En la Clínica Bazterrica les realizamos estudios cardiológicos y neurológicos que no arrojan resultados patológicos y reciben el alta. Sin embargo, al estudiar metales pesados encontramos aumento en la concentración de aluminio en sangre. Y el aluminio no solo produce estas manifestaciones neurológicas: como explicaron los doctores Yahbes y Botta, se concentra en el cerebro y es la principal causa del trastorno del espectro autista. Eso ya debe reconocerse: la elevada concentración de aluminio es el principal responsable. Hay valores esperables —alrededor de 5 microlitros, según edad—, pero las cifras que encontramos los superan ampliamente”.
“En los datos estadísticos mostrados en la gráfica (exhibida al público), comparé pacientes vacunados y no vacunados. Ninguno había recibido la vacuna contra el COVID; solo el calendario nacional de vacunación. Y, aun así, miren los daños que presentan. También atiendo niños no vacunados con el calendario, y no los rechazo ni discrimino: simplemente los estudio clínicamente. La mayoría de los vacunados presenta algún grado de alergia.
De los 30 pacientes estudiados, 10 tienen diagnóstico de trastorno del espectro autista. En cambio, entre los no vacunados no encontramos ningún caso. Y en ellos, la concentración de aluminio estaba dentro del rango normal. Tengo todos los datos estadísticos y los informes de laboratorio realizados en distintas provincias de Argentina”.
“Seguramente muchas madres están observando este evento para entender qué está sucediendo con sus hijos. Nuestro objetivo es proteger a la infancia y garantizar una humanidad sana en el futuro”.
“Por último, analicé también pacientes post vacuna COVID. ¿Qué observé? Un aumento de enfermedades preexistentes, de cánceres, de cuadros asmáticos, de enfermedades intestinales crónicas; más niños pequeños con diabetes; más cánceres en edades tempranas. Y, sobre todo, un incremento notable de trastornos psiquiátricos en la población pediátrica. Estamos atendiendo muchísimos casos.
Obviamente hay otros efectos adversos post COVID como alteraciones menstruales, pero lo más alarmante son los trastornos psiquiátricos. Porque, si esto continúa, ¿qué será de nuestra humanidad?”.
Chinda Brandolino - Médica
Es médica egresada de la Universidad Nacional de La Plata. Especialista en clínica médica, flebología y linfología, medicina del trabajo y medicina legal. Es perito médico, legista de oficio en los fueros penal, civil y laboral de la Justicia de la provincia de Buenos Aires, y profesora asociada de la cátedra de Bioética de la Universidad Católica de La Plata.
“Me voy a referir a las vacunas del calendario y al sufrimiento real que provocan en nuestros pequeños, ¿eh? No voy a abordar el tema específico de la vacuna COVID, que es el título de este encuentro. Llama la atención el aumento del autismo, la epidemia silenciada. Entre nuestros niños existen dos epidemias verdaderas, que no son la epidemia COVID: la epidemia de autismo y la epidemia de cáncer pediátrico. Como dijo la misma ministra de Salud del gobierno anterior, entre 2012 y 2022 el cáncer pediátrico aumentó un 750%. No nos queda ninguna duda —a todos los médicos aquí reunidos— de que esto se debe, por lo menos en un 95%, si no en su totalidad, a las vacunas. La intención de este encuentro es pedir la derogación de la obligatoriedad de las vacunas: que se vacune quien lo desee”.
“El doctor Stanley Plotkin, bajo juramento, cuando fue llamado a declarar en un estrado de los Estados Unidos —donde la justicia se administra seriamente— afirmó que no existía la inmunidad de rebaño a través de las vacunas. Hoy es un hecho. Quienes hemos estudiado este tema sabemos perfectamente que se trata de una de las tantas falacias que sostienen el negocio de la vacunación. Es monstruosa la corrupción de nuestra profesión, con retornos dinerarios por la prescripción de medicamentos o vacunas, algo que debería avergonzar a cualquier médico que se preste a semejante suciedad. Así se sostiene el sistema médico corrupto y decadente que hoy maneja la Argentina y que permitió el atropello de la pandemia”.
“Me voy a referir a las cifras del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, el CDC, ya que en Argentina no contamos con estadísticas relevantes, no existen estadísticas serias sobre autismo. Luego haré algunos comentarios. Según el CDC, fíjense: en 1979, como dijo el presidente Trump hace dos o tres meses, había un niño autista cada 10.000 chicos. Ésa era la prevalencia en 1979, no hace 200 años. En 1990 hubo un salto copernicano: uno cada 500 niños. En el año 2000, uno cada 150. En 2016, uno cada 54. En 2018, uno cada 44. En 2022, uno cada 36 —perdón— y en 2023, un autista cada 31 niños en todo el territorio de los Estados Unidos. El relevamiento se hizo en niños de entre 4 y 8 años, por la Red de Monitoreo de Autismo y Discapacidades del Desarrollo, un instituto oficial con 16 centros distribuidos en todo el país”.
“En España, donde estuvimos hace poco con el Dr. Botta, hay un niño autista cada 100 personas. Es una prevalencia limitada porque se toma sobre el total de la población, no sobre la población pediátrica; evidentemente, sería mucho más alta. Los datos disponibles en las pocas estadísticas oficiales de Argentina indican una prevalencia de TEA en el período 2000–2025 de uno cada 54 niños. Yo creo que es muchísimo más alto. El Dr. Botta realizó una especie de relevamiento privado con varias maestras jardineras: uno cada 20 niños. En una población de jardín de infantes de 100 niños, cinco serían autistas. Es impresionante”.
“A eso debemos sumar los síndromes intermedios, como los trastornos del desarrollo. Por otro lado, el trastorno del espectro autista es tres veces más frecuente en los varones que en las niñas. Y otra cifra alarmante en nuestro país: uno de cada seis niños de 3 a 17 años —el 17%— fue diagnosticado con una discapacidad del desarrollo en el período 2009–2017”.
“Estas discapacidades, según esta estadística argentina que obtuve del Centro de Detección de Discapacidades, donde se certifican, incluyen TEA, trastornos del desarrollo, TDAH y, en mucha menor proporción, ceguera y parálisis cerebral”.
“El trastorno del espectro autista y los trastornos del desarrollo abarcan el 17% de la población estudiada en niños de 3 a 17 años: es altísimo.
El Dr. Andrew Wakefield alertó sobre la relación entre autismo y vacunas en 1998. Su trabajo publicado en The Lancet se tituló: Hiperplasia nodular linfoide, colitis inespecífica y trastorno generalizado del desarrollo en niños. Fue publicado antes de la censura. Ese estudio hace referencia a dos antecedentes: Fundenberg en 1996, quien afirmó que en 15 de 20 autistas los síntomas se desarrollaron una semana después de la vacunación; y el del Dr. Gupta, que advirtió sobre la sorprendente asociación entre la vacunación triple viral y la aparición de síntomas conductuales en todos los niños investigados por trastorno regresivo, autismo regresivo y trastornos conductuales, psiquiátricos y psicóticos. Interesante observación, realmente precursora en cuanto a la asociación con la alteración intestinal”.
“Bien lo explicó el Dr. Hamer: los virus son los encargados de deshacer los tumores provenientes de la capa ectodérmica. Nada en la naturaleza está puesto por casualidad.
Y los virus sí existen: son exosomas, partículas de ADN y ARN que cumplen funciones imprescindibles en nuestro organismo. Pero es imposible que los virus de una especie pasen a otra, a menos que hayan sido inoculados. Y creo que gran parte de la epidemia que se inició —llamada COVID, que significa Código Obligatorio de Vacunación Digital, no el nombre de ningún germen— tuvo ese origen. Esto lo supe porque viajé inmediatamente a Italia con el doctor juez, magistrado del servicio de inteligencia. Este operativo se diseñó para vacunar e identificar obligatoriamente a todos los ciudadanos del mundo”.
“Cuando se desarrolló esta enfermedad —que llamamos COVID— tuvo una participación enorme la vacunación obligatoria contra la gripe en los ancianos. La vacuna antigripal genera, en el 90% de los ancianos, ADE: agravamiento por anticuerpos. Por eso, en nuestro país el presidente Fernández, al igual que en Canadá y Taiwán, impulsó una campaña obligatoria de vacunación antigripal, hablándonos de un gran peligro de contraer COVID. ¿Qué tenía que ver la gripe con el COVID? No prevenirlo, sino provocarlo.
Los síntomas respiratorios producidos por la vacuna de la gripe —es decir, el agravamiento por anticuerpos y la tormenta de citoquinas— son semejantes al síndrome respiratorio agudo provocado por SARS. Eso, sumado a lo que expliqué muchas veces: el pulmón adrenalínico. La adrenalina genera una hiper distensión de los alvéolos pulmonares. Todos hemos sentido, alguna vez, el susto, el miedo, haber corrido y experimentado la insuficiencia respiratoria.
Por eso, uno de los grandes mecanismos utilizados para provocar COVID fue el miedo: a través de la televisión, cifras falsas, números falsos, etcétera, que generaron en la población un estado de pánico y, por supuesto, un agravamiento de la insuficiencia respiratoria. Todos los viejitos que fueron vacunados contra la gripe en Italia y España desarrollaron este cuadro llamado COVID, potenciado por el miedo y el lanzamiento de la falsa epidemia”.
Viviana Lens - Médica
Cuenta con formación en medicina del dolor y medicina integrativa, incluyendo terapias ortomoleculares, plasma rico en plaquetas, ozonoterapia y láserterapia para el tratamiento del dolor. Fue jefa del Geriátrico Provincial de Tierra del Fuego y actualmente se desempeña en el ámbito privado.
“Les voy a comentar el caso de dos pacientes. Obviamente son muchos más: esto representa a la gran mayoría de los pacientes que han sido envenenados, porque ninguno de ellos sabía el contenido real de la vacuna contra el Covid”, introdujo Lens.
El primer caso fue el de José Olivares, de 80 años, quien padecía EPOC, gastritis crónica e insomnio, sin otros antecedentes patológicos significativos. Consultó por una molestia epigástrica en abril de este año, acompañado por sus hijas.
Según relató, el paciente ya había sido diagnosticado con un adenocarcinoma gastroesofágico grado 4, invasor, con metástasis pulmonares y hepáticas, y optó por un tratamiento quimioterápico. “Se comportó como un turbo cáncer, porque en el plazo de tres meses José se nos fue”, señaló.
Como antecedentes vacunatorios mencionó dos dosis de Sputnik V y una de Pfizer.
Tras recibir el diagnóstico, el cuadro evolucionó rápidamente: epigastralgia severa, disnea de clase funcional IV, astenia, dinamia y, en sus últimos días, postración debido al dolor y la dificultad para caminar. “Fallece en los brazos de sus hijas, camino al hospital”, afirmó.
La autopsia determinó un tromboembolismo pulmonar masivo. “Se encontraron trombos en las arterias pulmonares derecha e izquierda, en las venas pulmonares, en el cayado aórtico y en la aurícula derecha; fue un trombo masivo. También se constató derrame pleural.”
El segundo caso fue el de Mirta Villalba, de 53 años, diagnosticada con esclerosis múltiple en 2016. Además, tenía antecedentes de hernias de disco con hernioplastia, pero llevaba una vida plena: activa, deportista, independiente. Recibió una dosis de Sputnik V sin complicaciones; sin embargo, tras la primera dosis de Moderna presentó, a los 15 días, un cuadro con disnea, fiebre, trastornos cognitivos, alteraciones de la marcha y espasticidad.
“Su esclerosis múltiple, que venía estable, se reagudizó de forma severa”, afirmó.
La paciente fue internada en un sanatorio privado. “Los médicos que la vieron coincidieron en que el cuadro de Mirta fue exacerbado por la inyección COVID. Eso figura en las historias clínicas y en todos los certificados de los médicos tratantes”, subrayó.
De regreso en Tierra del Fuego, Mirta necesitó silla de ruedas y asistencia permanente de su esposo. En una nueva descompensación, la obra social se negó a cubrir la internación, y el hospital tampoco quiso admitirla argumentando que tenía cobertura privada. “Se tiraban la pelota de un lado a otro”, describió. Finalmente, tras varias denuncias, lograron que fuera internada, incluso en terapia intensiva.
El caso fue judicializado. Sin embargo —relató— “la jueza Cecilia Cataldo y el fiscal mayor Bramati desestimaron la causa”. La apelación presentada por el abogado de la familia, el Dr. Luciani, también fue rechazada.
“¿Qué quiere decir? Que la gran mayoría de los pacientes hoy están siendo abandonados. Después de haber sido envenenados, siguen siendo invisibilizados y abandonados por el Estado”, concluyó Lens.
Miguel Iannolfi - Abogado
Él es abogado, especialista en efectos adversos.
“En 2017 mi papá murió de una forma muy extraña en un hospital. Entró a la mañana, al mediodía comió un bife de chorizo, se internó a la noche y murió. Qué raro, pensé: ‘¿Qué pasó? ¿Cómo murió así?’ No me quedó otra que empezar a estudiar medicina, y comencé por el principio: por la historia de la medicina. Ahí fue cuando encontré lo primero apenas abrí: Pasteur y Béchamp. Un debate que hasta hoy sigue inconcluso, pero en el que, si uno ganaba, favorecía a una pequeña industria que es la más importante del mundo; y si ganaba el otro, no se favorecía a nadie.
Después de conocer a Pasteur y a Béchamp, conocí al médico más importante de la historia para mí: el doctor Hamer, con sus cinco leyes biológicas. Y luego conocí a un discípulo del doctor Hamer, el biólogo y virólogo alemán Stefan Lanka. Él sostenía que no existía el virus del sarampión y, en 2017-18, retó públicamente a la comunidad científica a demostrar la existencia de ese patógeno. Un estudiante de medicina de Inglaterra le presentó supuestas pruebas, pero Lanka respondió: ‘Esto no es una prueba, no te voy a pagar. Vamos a juicio’. En primera instancia, segunda instancia, tercera instancia, el Tribunal Supremo de Stuttgart declaró que no estaba comprobada científicamente la existencia del virus del sarampión. Imagínense lo que eso significó para mí: ‘¿Cómo? Entonces ¿contra qué vacunan a los nenes, si en Alemania un Tribunal Supremo dice que no existe?’”.
“En medio de todo esto, yo me reunía con mucha gente que hacía revisionismo histórico —de la geografía, la medicina, la literatura— y aparece la ‘plandemia’. Nos juntábamos en mi casa a hablar de lo extraño que era todo. Yo ya intuía que era un verso. En ese momento se sumó al grupo una persona importante: un médico genetista que entonces era presidente de la Sociedad Argentina de Genética Médica, Luis Marcelo Martínez. Nos mostró la publicación científica utilizada por la OMS para decretar la pandemia y nos dijo: ‘Miren, pasa esto, esto y esto’. Y comprobamos que estaba muy floja de papeles. ¿Por qué? Porque desde el supuesto hallazgo del virus a través de una autopsia hasta la publicación en manos del editor pasaron 24 días. Es decir, en 24 días se habría realizado autopsia, purificación, secuenciación, aislamiento y redacción del informe. Eso lleva años, no 24 días. Dije: ‘Qué raro todo esto’.
Como soy cabeza dura, decidí probar en mi propio cuerpo si existía eso de lo que hablaban, ese virus que —decían— iba a matarnos a todos. Entonces hice todo lo posible por contagiarme. Nunca usé barbijo, ni alcohol en gel, ni distancia social. Hablaba con indigentes, me compré una mochila de Rappi para salir en bicicleta y trabajar. No me pasó nada. Y no solo a mí: ni a mi familia, ni a ninguno de mis amigos que venían a mi casa. A nadie le pasó nada. Extrañísimo. El tiempo pasó y seguíamos con dudas, porque todo lo que ocurría era una locura: un profesor de derecho penal —supuestamente—, Alberto Fernández, dictando un decreto que violaba todos los delitos del Código Penal. Entonces comenzamos a reunirnos abogados de todo el país para ver qué hacíamos. Presentamos amparos por los barbijos (rechazados), una denuncia por genocidio contra Alberto Fernández, Ginés García y compañía (también rechazada)”.
“Empezamos a recibir una gran cantidad de mensajes en nuestra página de Facebook y al correo electrónico. La gente decía que le estaban pasando cosas. ¿Qué les pasaba? Personas que escribían: ‘Mi familiar se sentía mal, fue al hospital, lo encerraron, le sacaron el teléfono, lo ataron y me lo devolvieron en una cajita’. Fui a comprobar si era cierto. Y era cierto. ¿Me pueden explicar por qué les sacaban el teléfono? ¿Qué sentido tenía? ¿Se contagiaba por el teléfono?
¿Por qué había tantos casos de COVID? Porque utilizaban un test que su propio creador, el Premio Nobel de Medicina Kary Mullis, dijo que no servía para detectar enfermedades. Y qué casualidad que la única persona que podía desmentir el uso del test —Mullis— murió en noviembre de 2019, tres meses antes de que comenzara toda esta mentira”.
“Imagínense una persona encerrada en su casa, mirando televisión todo el día, escuchando: ‘Te vas a morir’, ‘saturación de hospitales’, ‘cola de muertos’. Salía a la calle y veía gente con máscaras, barbijos y alcohol en aerosol. La gente aterrorizada. En su casa, tosía y su mujer le decía: ‘Tenés COVID’. ¿Qué hacía? Iba al hospital. Y allí lo recibían personas vestidas con mamelucos, muertos de miedo, sin preparación, cumpliendo un sueldo y queriendo volver vivos a su casa. Esos médicos no sabían tratar lo que fuera que tuviera el paciente. Y lo peor: estaba rodeado de otros pacientes supuestamente enfermos de COVID, sin teléfono, aislado, con pánico. Muchos murieron de miedo.
Lo más grave fue que, por recomendación de la OMS, se sugirió al Poder Judicial no hacer autopsias. Entonces cualquiera que entraba al hospital y moría —incluso acuchillado— nunca iba a tener autopsia. No íbamos a saber qué pasó”.
“Con una doctora realizamos la primera autopsia en Argentina, que creo que fue la causa 48.313 del 2020. Un hombre que, según el certificado de defunción, había muerto por COVID. Después de hacer la autopsia con la doctora Brandolino, se demostró que murió por una falla hepática. Si pasó en una, ¿en cuántas más habrá pasado?
Me pasó también en el Hospital Rivadavia, un hospital enorme —una hectárea por cuatro pisos— que decían que estaba colapsado. Fui por una persona con un problema y el hospital estaba vacío. Lo filmé. Se armó un escándalo. El director del hospital me escribió insultándome. Con amigos médicos, pedimos ver todas las historias clínicas. ¿Qué respondió? Nada: ‘No quiero saber nada’”.
“Pero esto no fue solo un ataque psicológico a la población. Quisieron reducir la población”.
Xavier Huelmo – Medicina integral
El Dr. Xavier Huelmo es graduado de la ELAM (Cuba), especialista en medicina general integral y exintegrante de la misión humanitaria en Haití en 2011, con experiencia en urgencias, emergencias y diseño de sistemas de salud primaria.
Comenzó su intervención aclarando que el encuentro representaba, según su visión, “la antítesis” dentro del debate científico, frente a una “tesis” dominante.
“Nuestro objetivo —dijo— es encontrar respuestas prácticas y verdaderas para tomar conductas en el área de contingencias”.
Retomó conceptos del Dr. Ozols sobre daños atribuidos a campos electromagnéticos y los vinculó a las exposiciones previas sobre tecnologías vacunales. Sostuvo que para comprender el cuadro actual debe considerarse la interacción entre tres factores:
1. campos electromagnéticos,
2. vacunas,
3. lo que denominó “estelas químicas” presentes en la atmósfera.
Según Huelmo, estos elementos combinados permitirían interpretar la situación actual como la intervención de un “arma físico-química binaria”.
Utilizó una metáfora para explicar la interacción de múltiples agentes en el organismo: “Como en una botella de agua a la que se le agregan distintas sustancias, en el cuerpo humano varias fuentes de estrés biológico pueden generar efectos sinérgicos: estrés oxidativo acumulado, estados protrombóticos y trombosis, que hoy vemos con gran frecuencia”.
Agregó que la presencia de metales pesados en adultos podría relacionarse con cuadros de demencia.
Finalmente, llamó a una acción conjunta desde los ámbitos jurídico, sanitario y político, y planteó que la situación constituye también un asunto de “defensa nacional”. Expresó su intención de avanzar en futuras discusiones sobre neuroinflamación, neuromodulación y “estados de programación mental”.
Pidió explícitamente “denunciar y destituir a los funcionarios que fueron detractores de la verdad, la ciencia y la salud”.
Ana Szabó – Médica pediatra
Ana Szabó es médica pediatra con residencia completa en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. Es miembro vitalicio de la Sociedad Argentina de Pediatría, médica homeópata egresada de la Escuela Médica Homeopática Argentina Tomás Pacheco (1990) y exdocente en esa institución y en la Asociación Homeopática Argentina.
Durante su intervención, señaló que su exposición se basaría en “conceptos sencillos, desde la lógica y el sentido común”. Recordó que toda vacuna tiene efectos físicos, químicos y biológicos sobre el cuerpo humano, por lo cual debe ser considerada un medicamento y, como tal, prescrita por un médico responsable.
Según explicó, el profesional debe evaluar la necesidad, los beneficios, los riesgos y las posibles contraindicaciones para cada paciente. Añadió que esto requiere conocer el prospecto de cada vacuna y brindar información completa según la Ley de Consentimiento Informado N.º 26.529. “El paciente tiene derecho a decidir porque su cuerpo le pertenece, y el médico debe actuar siempre bajo el principio de ‘primero no dañar’”, señaló.
Szabó cuestionó la cantidad de dosis y antígenos aplicados en el calendario actual, tanto en embarazadas como en niños y adolescentes. “No existe ningún motivo sanitario para semejante volumen de antígenos”, afirmó. A modo de ejemplo, mencionó que una embarazada recibe diez antígenos y que, hasta los 15 años, los niños pueden recibir más de 160.
Respecto a los criterios que deberían justificar el desarrollo y la indicación de una vacuna —necesidad, efectividad y seguridad— sostuvo que “no se cumplen ni en el caso del COVID-19 ni en la mayoría de las enfermedades del calendario”. También cuestionó el sistema de registro de efectos adversos (ESAVI) señalando que las denuncias solo pueden ser realizadas por profesionales de la salud. “La ausencia de denuncias no es evidencia de ausencia de daño”, expresó.
Finalmente, concluyó: “Las vacunas no son necesarias, no son efectivas y no son seguras. No cumplen con las condiciones para ser obligatorias, por lo que la Ley 27.491 debe ser derogada”.
Ileana Aristio - Abogada
Ella es abogada independiente, especializada en derecho penal, derecho civil y acciones de amparo; matriculada en la provincia de Buenos Aires y a nivel federal; con posgrados en derecho a la salud y responsabilidad por mala praxis médica.
“Mi exposición se basa brevemente en la derogación del artículo 1 y el artículo 7 de la Ley de Vacunación. El tema es así: tal como está redactado, el artículo 7 de la Ley 27.491 resulta incompatible con nuestra Constitución Nacional, con los tratados internacionales de derechos humanos y con los principios bioéticos que rigen toda intervención médica.
Cuando alguien sostiene esta postura y le dicen ‘antivacunas’, lo que enfrenta no es un argumento jurídico, sino una falacia ad hominem que busca desacreditar sin razonar. No hay fundamento científico ni jurídico en ese ataque. Lo que cuestiono lo hago desde el derecho constitucional y lo humanitario: la imposición coercitiva de una práctica médica sin consentimiento informado, sin individualización y sin garantía de debido proceso. La salud pública nunca puede construirse dañando la dignidad de las personas. Debe construirse con información, ética y libertad, como explicó la doctora Szabo”.
“En la proporcionalidad de medidas de coerción sanitaria —como ocurrió con la vacuna del COVID— y en la responsabilidad del Estado frente a efectos adversos o decisiones basadas en información incompleta o modificada, hay mucho para analizar. Aún no sabemos qué contienen las vacunas COVID. Y esto no es un detalle técnico”.
“La Ley 27.491 fue dictada bajo el paradigma clásico de vacunas que efectivamente controlaban la transmisión. Ese concepto implicaba virus atenuados o inactivos y una expectativa razonable de inmunidad específica. Ese paradigma ya no existe. Si el estándar científico cambió, la obligatoriedad pierde razonabilidad y proporcionalidad. Una medida que no garantiza el fin que persigue no puede imponerse por coerción estatal. Si cambió el paradigma, no puede mantenerse la coerción”.
“La decisión sobre el propio cuerpo es quizá el acto más íntimo y personalísimo de todos. El artículo 42 garantiza el derecho a recibir información clara, adecuada e indispensable para cualquier consentimiento informado. Esto no se está cumpliendo; doy fe, porque hay causas donde directamente no existe. El artículo 28 recuerda que ninguna ley puede aplicarse de forma irrazonable y desproporcionada. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo”.
“Una ley que obliga a todos los habitantes por igual, sin evaluar salud, riesgos ni condiciones particulares, es desproporcionada desde su diseño. No todos los organismos son iguales. A esto se suman los tratados internacionales incorporados en el artículo 75 inciso 22 de la Constitución. Y lo más importante: la Ley 26.529, de Derechos del Paciente, establece que toda intervención sanitaria requiere consentimiento informado, libre, previo y voluntario. Ninguna conveniencia sanitaria puede desplazar ese derecho”.
“En tercer lugar, las violaciones normativas. El arte de curar exige una evaluación médica individual —como decía la doctora Szabo—. La vacunación obligatoria, en cambio, se aplica sin revisar el estado clínico: todas las personas deben recibir el mismo producto sin considerar su condición médica. No contempla consentimiento informado. No ofrece información individualizada. Tenés que ponértela: tenés 6 meses o 15 años, no importa. Muchos juzgados han ordenado vacunación compulsiva sin audiencia, sin contradicción y sin posibilidad de defensa. Si a un niño le faltan diez vacunas, se las ponen el mismo día. Eso viola el debido proceso, el derecho a ser oído y el derecho a presentar pruebas médicas. Una política sanitaria sin proceso, sin audiencia y sin prueba se parece más a una sanción masiva que a una política de salud”.
“En cuarto lugar, el bien social. Siempre lo mismo: ‘hay que sacrificarse por el bien social’. Ese concepto no es jurídico. La ley no justifica la vacunación obligatoria bajo esa idea. El término carece de definición legal precisa y colisiona con derechos individuales, como la autonomía corporal y la objeción de conciencia. No tiene proporcionalidad. El bien común no puede justificar la anulación de la libertad personal. No tengo que sacrificarme por otro. El principio del bien social no puede ser excusa para vulnerar derechos humanos. El Estado puede promover la vacunación, pero no imponerla como un deber corporal obligatorio. Soy dueña de mi propio cuerpo. Ningún derecho colectivo se constituye sacrificando derechos personalísimos. La dignidad humana no es negociable”.
“La vacunación no debe ser obligatoria porque el cuerpo humano no es un bien del Estado. La autonomía sanitaria es un derecho constitucional y humano. La salud pública no puede construirse mediante coerción. Existen alternativas menos lesivas que han demostrado ser efectivas. Y ningún derecho colectivo puede exigirse sacrificando la dignidad individual”.
“Defender el consentimiento informado no es negar la ciencia: es exigir que se aplique con ética, proporcionalidad y respeto. Defender la autonomía sanitaria no es rebeldía: es respeto profundo por la Constitución Nacional. Porque sin libertad no hay salud. Y sin justicia no hay República. Muchísimas gracias”.