Jorge Salcedo cumple 60 años vendiendo distintos productos de diversión en el Corso de Gualeguay
Comenzó en el emprendimiento del rubro, junto a su padre, cuando tenía 8 o 9 años de edad. Luego, a los 15, se inicia de manera independiente a vender distintos elementos para la diversión en el predio del corso, desde papel picado, serpentina, agua perfumada, el martillo, la matraca, la pachanga hasta la actual espuma de carnaval. El 16 de febrero, Jorge Salcedo, cumplirá 74 años de edad y seis décadas como vendedor en el corso local: todo un mérito, digno de destacarse, por la perseverancia y espíritu emprendedor. Sin dudas que don Jorge es un personaje popular de nuestro corso. Su hermano, Carlos Salcedo, también realiza la misma tarea en una cantidad de años similar a la de Jorge.
En diálogo con SEGUNDA SECCIÓN de “El Debate Pregón” nos relata parte de la rica historia como emprendedor en el carnaval de Gualeguay, que por cierto se desarrolló en diferentes puntos de la ciudad en estos casi 60 años de trabajo hasta que finalmente, se asentó en el Corsódromo Municipal, inaugurado el 8 de enero del año 2005.
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¿Cómo fueron sus inicios de ventas de productos para la diversión en el corso de nuestra ciudad?
Jorge Salcedo: Comencé a trabajar con mi padre, cuando los corsos se hacían en calle San Antonio y después con el tiempo empecé a emprender por mi cuenta, cuando tenía 15 años. En aquel entonces se jugaba con papel picado, serpentina, matraca, martillo loco, que le llamaban la “guacha loca”, agua perfumada, anti-parra y con los años llegó la pachanga y todas esas cosas de nuestros carnavales.
Gracias a Dios, he estado presente en el corso en los distintos lugares donde se ha desarrollado, como es el caso de calle San Antonio, la calle ancha, que ahora es Presidente Perón, frente a Parque Quintana, San Antonio norte, Centenario, avenida Illia y en el Corsódromo. Así que gracias a Dios he trabajado desde siempre en el corso y si Dios quiere, me da vida y salud, el 16 de febrero voy a cumplir 74 años y 60, trabajando en el carnaval.
Y la gente, ya lo conoce y a la vez reconoce su labor de tantos años…
Jorge Salcedo: Todos me dicen por qué no me jubilo (risas). Gente de Buenos aires que viene año a año se acuerdan de mi y me dicen: hermano, ¿todavía andás con la espuma? No le has aflojado ni abajo del agua. Y no les digo, mientras pueda, las piernas me den, voy a seguir trabajando.
¿La tarea la realiza de manera individual o junto a algún familiar?
Jorge Salcedo: Yo trabajo sólo, por mi cuenta. Igual que mi hermano, Carlos Salcedo, que tiene un año menos que yo, aunque también hace muchas temporadas que trabaja en el corso de Gualeguay. Cuando el comenzó, en aquel entonces existía una comisión que se llamaba “Amigos de calle San Antonio” ante la cual lo presenté y lo habilitaron para también vender en el circuito del carnaval. Antes no se usaban changos para vender (como sucede ahora), sino que se hacían quiosquitos que estaban apostados en las esquinas, uno a cada lado, entonces se comercializaba de esa manera. Y era todo muy lindo, alegre y se juega mucho con la famosa pachanga.
Y, ¿cómo viene la venta de espuma este año?
Jorge Salcedo: Y para qué vamos a decir… A comparación de otros años, “no pasa nada”. El tarro de espuma cuesta 2.000 pesos y está medio difícil de comprar. Está picantito. No hay plata. Según dijo Milei: “No hay plata” (risas).