El adiós a "Peco" Moreyra
Hay personas que ocupan lugares en el corazón de una institución. Ángel “Peco” Moreyra fue una de ellas. Su partida, a los 59 años, deja un silencio difícil de explicar y aún más difícil de aceptar dentro del Club BH, un espacio que él ayudó a construir todos los días, sin estridencias y con una entrega que nacía del verdadero sentido de pertenencia.
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Quienes compartieron horas, reuniones, partidos y proyectos saben que Peco no era solamente un integrante de comisión directiva. Era ese colaborador silencioso que siempre estaba. El primero en llegar cuando hacía falta una mano y el último en irse cuando todo quedaba en orden. Su compromiso no se medía en palabras, sino en hechos; en gestos simples, constantes y genuinos.
El verdadero valor de los clubes no está en los resultados ni en las estadísticas. Está en su gente. En aquellos que sostienen las puertas abiertas, que acompañan generaciones y que entienden que una institución es, ante todo, comunidad. Peco fue precisamente eso: un hombre que vivió el club como parte de su vida y que defendió sus colores con una pasión sincera, sin estridencias, pero con una fidelidad inquebrantable.
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Hoy el dolor atraviesa al BH y a todos quienes lo conocieron. Pero también queda algo más fuerte que la tristeza: el legado. Porque quienes entregan tanto de sí mismos no desaparecen; permanecen en cada rincón, en cada recuerdo compartido, en cada historia que seguirá contándose.
A su familia y seres queridos, el abrazo sincero en este momento difícil. Y al club, la certeza de que hay nombres que pasan a formar parte de su historia para siempre.
Hasta siempre, Peco. Hay despedidas que duelen, pero también enseñan que algunas personas nunca se van del todo.
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