Tres jugadoras de Holt Ibicuy que llevan su pasión por el fútbol femenino hasta Urquiza
El fútbol femenino sigue encontrando caminos de crecimiento más allá de las grandes ciudades. En este caso, tres jugadoras provenientes de Holt Ibicuy —Aimalen Salinas, María Sol Figueroa y Sofía Ramírez— forman parte del plantel de primera división del equipo Club Atlético Urquiza, a pesar de las distancias, los costos y las dificultades logísticas que implica entrenar y competir fuera de su localidad.
En diálogo con este medio, las futbolistas contaron cómo se iniciaron en el deporte, de qué manera llegaron a jugar en Urquiza y cuáles son los desafíos que enfrentan para sostener su participación en una liga más organizada que la que existe en su pueblo natal.
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El fútbol femenino en Holt Ibicuy: más pasión que estructura
Las tres jugadoras coincidieron en que, en Holt Ibicuy, el fútbol femenino no cuenta con una liga formal ni con clubes dedicados exclusivamente a esta disciplina. La práctica se sostiene principalmente a través de encuentros esporádicos y torneos relámpago que se organizan de manera ocasional para mantener activa la actividad.
Según relataron, estos campeonatos no se realizan con regularidad y suelen disputarse en cancha de siete, con un máximo aproximado de seis equipos participantes. No existen entrenamientos sistemáticos ni una competencia anual estable, sino más bien iniciativas puntuales impulsadas por jugadoras y vecinos del lugar.
A pesar de estas limitaciones, el fútbol femenino ha logrado mantenerse vivo gracias al interés y compromiso de quienes lo practican.
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El salto a Urquiza
La oportunidad de jugar en Urquiza surgió gracias a Andrea Merini del equipo Athletic, compañera de las jugadoras en Gualeguay.
Desde entonces, Salinas, Figueroa y Ramírez integran el plantel de primera división, ocupando distintas posiciones dentro del campo de juego: una como delantera, otra como defensora central y la tercera como mediocampista.
Este paso significó para ellas pasar de partidos informales en su pueblo a una competencia más estructurada, con encuentros regulares y un equipo consolidado.
Los desafíos de la distancia y el entrenamiento
Uno de los principales obstáculos que enfrentan es la distancia entre Holt Ibicuy y Urquiza. Viajar para entrenar de manera regular implicaría un costo elevado y un desgaste importante, por lo que las jugadoras optaron por entrenar en su localidad y trasladarse solo para disputar los partidos.
En Ibicuy realizan fútbol reducido y trabajos físicos individuales para mantenerse en ritmo competitivo. Cuando les toca jugar, el director técnico y el padre de una de las chicas se organizan para trasladarlas hasta Urquiza y traerlas de regreso.
A pesar de estas dificultades, las tres remarcaron que siempre hacen el esfuerzo de cumplir con el equipo y dar lo mejor en cada encuentro.
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Trayectorias distintas, misma pasión
Las jugadoras comenzaron a jugar al fútbol en momentos diferentes de sus vidas. Una de ellas se inició desde muy pequeña y se sumó a equipos formales alrededor de los 11 o 12 años. Otra comenzó a jugar ya de adulta, a raíz de un campeonato solidario organizado en su pueblo para recaudar fondos destinados a una joven que padecía cáncer.
Más allá de los distintos puntos de partida, las tres comparten una misma motivación: el amor por el fútbol.
Qué las motiva a seguir jugando
Al ser consultadas sobre qué las impulsa a continuar con el deporte, cada una expresó su propia mirada:
· Una destacó que el fútbol es un deporte que le gusta mucho y que le sirve para desestresarse y desconectarse de la rutina diaria.
· Otra señaló que juega desde chica y valora especialmente poder compartir esta pasión con personas que considera como parte de su familia.
· La tercera subrayó que disfruta conocer gente nueva y que el fútbol es la actividad que más le gusta realizar, lo que la hace sentirse plena en el lugar donde está.
Un ejemplo de perseverancia en el fútbol femenino
La historia de Aimalen Salinas, Sol Figueroa y Sofía Ramírez refleja la realidad de muchas jugadoras del interior: talento y compromiso que deben convivir con limitaciones estructurales, falta de ligas formales y largas distancias para competir.
Sin embargo, su presencia en la primera división de Athletic demuestra que, con esfuerzo y apoyo, es posible abrirse camino y seguir creciendo dentro del fútbol femenino regional.