“Comer bien” no debería ser complicado.- Por Lic. Agustina Gómez
En una época donde sobran las dietas estrictas, los desafíos imposibles y la información confusa en redes sociales, muchas personas sienten que alimentarse bien es algo difícil, caro o imposible de sostener. Sin embargo, la realidad suele ser mucho más simple.
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Muchas veces creemos que para mejorar nuestra alimentación tenemos que empezar a restringirnos alimentos. Sacar harinas, sacar comidas favoritas, sacar azúcar, sacar salidas, sacar todo lo que disfrutamos… Y ahí aparece la frustración. Cuando en realidad, el cambio no está en limitarse, sino en agregar más y mejor.
Agregar mas verduras al plato, mas frutas en la semana, mas agua durante el día, mas comidas caseras, mas organización, mas variedad y mas nutrientes. Cuando el foco deja de estar en la restricción y pasa a estar en nutrirnos mejor, todo se vuelve más sostenible.
No hace falta hacer planes perfectos ni comer “ideal” todos los días, pero sí organizar y planificar con cierta estructura: desayuno, almuerzo, merienda y cena según la rutina de cada persona.
Comer sin horarios, saltearse comidas, improvisar o llegar con demasiada hambre suele desequilibrarnos y dificultar las decisiones.
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Uno de los puntos principales es el siguiente: Intentar que las comidas sean lo mas completas posibles. Esto significa combinar alimentos que aporten saciedad, energía y nutrientes (una fuente de proteína, frutas o verduras, carbohidratos de calidad y grasas saludables).
No hace falta cocinar recetas complejas ni gastar de mas. Muchas veces con alimentos básicos y cotidianos se pueden lograr comidas muy buenas.
Tres ejemplos simples, completos y reales:
· Pollo al horno con papas y ensalada con aceite de oliva.
· Guiso de lentejas con vegetales.
· Arroz con atún, huevo, tomate, zanahoria y palta.
Además, un tema muy importante, es que la salud no solo depende de lo que comemos. También influye muchísimo la hidratación, dormir bien, moverse con actividad física que nos haga sentir bien y encontrar momentos de calidad con uno mismo. Salir a caminar, entrenar, descansar mejor, bajar un cambio unos minutos o dedicar tiempo a algo que disfrutemos también es salud.
Dejemos de pensar que siempre hay algo para sacar. A veces, lo que necesitamos es sumar: más hábitos, que nos hagan bien, más equilibrio y más simpleza.
Porque cuando la alimentación se vuelve demasiado complicada, se abandona. Cuando se adapta a la vida real, empieza a funcionar.
Lic.Nuntición Agustina Gómez