Nazarena Vélez revivió su polémica con Moria Casán y contó por qué no quiere aparecer en su serie
El inminente estreno de la ficción sobre la vida de La One reabrió viejas historias sobre una relación que se quebró durante una temporada en Carlos Paz
:format(webp):quality(60)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/media/2026/08/naza_velez_y_moria_casan_1.webp)
En el universo del espectáculo argentino, pocas relaciones resultaron tan mediáticas y conflictivas como la que unió, y luego separó, a Moria Casán y Nazarena Vélez. El reciente estreno de la serie que ficcionaliza la vida de La One reavivó viejas preguntas, entre ellas, si la figura de Nazarena formaría parte del relato. El tema fue abordado por la propia Vélez en su programa de streaming, donde compartió su visión sobre aquel intenso y breve capítulo junto a la vedette.
La consulta surgió en medio de una transmisión en vivo en la que Nazarena, acompañada por su hija Barbie y Alejandra Maglietti, ofreció una respuesta sincera y cargada de humor: “Ahí me están preguntando mucho algo que preguntó Ángel, que es si me interpretan en la serie de Moria. Ojalá que no. Mi paso por la vida de Moria fue... eh... tremendo. Así que prefiero que no, ojalá que obvien esa parte”. La frase resume el sentir de la actriz y productora respecto de ser retratada en la ficción y pone en relieve la intensidad con la que vivió aquel año compartido.
El diálogo no quedó allí. Barbie, con naturalidad, sumó: “Además, fue corto”, a lo que su madre acotó: “Y... fue un año, pero un año intenso a nivel mediático”. La mención no es menor: aunque el vínculo laboral no duró mucho tiempo, fue suficiente para marcar un antes y un después en la relación entre ambas figuras.
La raíz de este desencuentro profundo se remonta a la temporada teatral 2008/2009 en Carlos Paz, cuando ambas compartían cartel en la obra What Pass Carlos Paz?. Fue en ese contexto donde la relación se quebró de manera pública y definitiva. Los cruces verbales y mediáticos se sucedieron durante meses y años, y aunque en ocasiones hubo intentos de tregua, nunca se restableció el vínculo previo. El conflicto entre Moria Casán y Nazarena Vélez trascendió el escenario y se instaló en el imaginario televisivo, con frases punzantes e insultos que, con el tiempo, solo se atenuaron sin desaparecer del todo.
La serie basada en la vida de Moria Casán funciona ahora como un espejo retrovisor para quienes participaron de su círculo, reactivando viejas historias y heridas. Nazarena fue consultada en varias oportunidades sobre si su nombre, o algún personaje inspirado en ella, aparecería en la ficción. Su reacción evidencia una mezcla de alivio y distancia respecto de esa posibilidad.
En el mismo programa, la conversación giró hacia el terreno lúdico: si Nazarena fuera representada en la serie, ¿quién podría encarnar su papel?: “Ay, no sé, porque en ese momento estaba muy rubia”, respondió la involucrada a la pregunta directa de Maglietti.
La intervención de Barbie añadió una dosis de complicidad familiar: “Debería ser yo teñida. ¿Me estás jodiendo? Soy tu hija, tu calco”. Nazarena replicó con ternura y humor: “Pero vos sos más bella”. El intercambio derivó en una sucesión de nombres del ambiente artístico, siempre en tono de broma y complicidad.
Barbie sugirió a Coty Romero como posible intérprete, comentario que Nazarena recibió con ironía: “CotyRomero. Siento que tiene un aire”, pero enseguida remarcó: “Tiene cara muy de niñita. Yo tenía más cara de de perra. Ahí está”. La búsqueda de un perfil actoral continuó con menciones a Verónica Llinás y Sabrina Rojas, aunque Nazarena aclaró que necesitaría a alguien más joven, en alusión a la época de los hechos.
Este juego mediático, lejos de evadir el pasado, lo resignifica con humor y cierta distancia. La dinámica familiar entre Nazarena y Barbie, sumada a la participación de Maglietti, permite abordar el tema sin dramatismos, aunque sin negar la huella que dejó el conflicto con Moria.
El año que compartieron Nazarena Vélez y Moria Casán fue breve en tiempo, pero muy visible en repercusión. La intensidad del conflicto aún se percibe en la manera en que ambas evitan cualquier acercamiento definitivo, a pesar de los años transcurridos. Nazarena, fiel a su estilo, transforma la experiencia en anécdota, reconoce el peso mediático que tuvo y se distancia de cualquier intento de revivirlo en la pantalla, incluso en tono de ficción.
El recuerdo de aquel ciclo teatral, la magnitud del escándalo y la posterior imposibilidad de un reencuentro sincero constituyen parte del ADN reciente del espectáculo argentino.