Dos entrerrianos cuentan su experiencia con el terremoto desde Cali
Alonso Lagrenade (oriundo de Gualeguay) y Elisa Méndez (de Gualeguaychú) viven en Colombia por razones laborales. En diálogo con El Debate Pregón relatan cómo fue transitar este fenómeno inédito para ellos, explican cómo ayudar y de paso destacan la vida y la gente de esta hermosa ciudad que hoy es noticia por un motivo que conmueve al mundo.
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EDP: ¿Cómo es el lugar donde viven?
Elisa Méndez: Nosotros vivimos en Cali hace tres años. Antes de venir, era una ciudad que prácticamente no conocíamos y de la que tampoco habíamos escuchado demasiado. La verdad es que quedamos gratamente sorprendidos desde el primer momento. Es una ciudad muy linda, con un paisaje espectacular. Tiene un verde increíble, una vegetación exuberante y una enorme cantidad de árboles, flores y pájaros que nunca habíamos visto. Es un lugar donde la naturaleza está muy presente y eso se disfruta todos los días.
Pero si hay algo que realmente distingue a Cali, es su gente. Desde el primer día nos encontramos con personas muy cálidas, amables, humanas y siempre dispuestas a ayudar. Esa calidad humana fue lo que más nos sorprendió y lo que hizo que nos sintiéramos bienvenidos desde el comienzo. Lo que vivimos el lunes no hizo más que confirmar eso: en medio de una situación tan difícil, vimos personas preocupándose por los demás, ofreciendo ayuda y acompañando a quienes más lo necesitaban. Esa solidaridad forma parte de la esencia de esta ciudad.
Alonso Lagrenade: Cali es un territorio fascinante donde la naturaleza te abraza: está custodiada por montañas, surcada por ríos y muy cerca de la selva y el mar. Acá uno vive atrapado entre frecuencias irresistibles. Por un lado, una vegetación exuberante que brota por todos lados; por el otro, una vibración cultural constante, donde siempre hay una salsa sonando de fondo, un ritmo en el aire que te hace mover los pies casi sin darte cuenta.
Pero lo que vuelve a este lugar verdaderamente inigualable es su gente. Tienen una calidez humana inmediata, un afecto auténtico y un orgullo profundo por el suelo que pisan. Es una comunidad alegre, solidaria y apasionada por su pueblo. La planta en la que trabajo—con sus naves de producción y su escala masiva— era solo la estructura; el verdadero corazón de la experiencia era esa fuerza humana que lo llena todo.
Estar ahí es estar indisolublemente impregnado de la magia de Cali. Aunque la operación estaba asentada en la zona industrial de Palmira, el pulso real del día a día lo marcaba el entorno y, sobre todo, su gente.
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¿Cómo se enteraron del suceso y qué estaban haciendo?
Elisa Méndez: El lunes por la mañana tenía programada una extracción de sangre a domicilio. La enfermera debía llegar a las 7:45, como siempre muy puntual, pero ese día, por alguna razón que siento que no fue una casualidad, llegó unos minutos antes, alrededor de las 7:30. Mi esposo ya se había ido a trabajar, así que yo estaba sola en el departamento. A las 7:34 comenzó el sismo. Hoy siento que fue una bendición que ella hubiera llegado antes, porque pude atravesar ese momento acompañada. Me trató con una humanidad y una dulzura que nunca voy a olvidar.
Fue una situación muy difícil. Mi primera reacción fue pensar que teníamos que salir corriendo, pero vivimos en un piso 14 y bajar por las escaleras en medio de un sismo era muy complicado. Ella me contuvo durante todo el tiempo: me abrazó, me tomó muy fuerte de la mano y juntas nos pusimos a rezar, pidiéndole a Dios que todo terminara y que nos protegiera. Fue un momento muy intenso. Aunque el movimiento duró alrededor de un minuto, o un poco más, en ese instante se sintió como una eternidad.
Hoy, mirando hacia atrás, lo que más me queda es un profundo agradecimiento. Agradecimiento a esa enfermera, por la enorme calidad humana con la que me acompañó en uno de los momentos de más miedo que viví, y agradecimiento a Dios porque, gracias a Él, no nos pasó nada. Tanto nosotros como nuestro edificio y nuestro departamento quedaron bien.
Alonso Lagrenade: Estaba en la oficina del trabajo, tomando unos mates, cuando un compañero mira una aplicación en el celular y me dice: ‘Está temblando’. Como argentino, al principio no entendía bien a qué se refería. Pero miré a mi alrededor y, efectivamente, todo se estaba moviendo. Decidí salir de inmediato hacia un área verde. Trabajo en una planta productiva y, justo cuando estaba saliendo al patio, el piso se movía literalmente de lado a lado. Fue una sensación que nunca en mi vida había experimentado, completamente diferente a cualquier otro evento que me haya tocado en una fábrica.
En ese instante pasé a la acción. Tomé mi rol y pensé en las 500 personas a mi cargo: tenía que lograr que saliera todo bien. Entré en 'modo plan de acción'. Busqué a mi equipo, agarramos las radios, coordinamos la evacuación y empezamos el recuento. Lógicamente, la gente estaba atemorizada y quería comunicarse con sus familias. En el medio de la emergencia, buscando señal porque estábamos incomunicados, logré mandarle un mensaje a mi esposa para avisarle que estaba bien, pero que tenía que seguir al frente de la situación.
Escenas y relatos para describir la situación
Alonso Lagrenade: Estaba al frente de una planta productiva con 500 personas en pleno sismo. En esos minutos, la mente humana opera en dos frecuencias totalmente distintas. Por un lado está la reacción individual, sumamente legítima y entendible: la necesidad instintiva de salir corriendo, de buscar la puerta, de llamar a la familia, de saber que los tuyos están bien. Pero por el otro lado está la masa, el colectivo, y ahí mi rol me exigía congelar la emoción personal para tomar decisiones frías en función del bien común.
El dilema de esos momentos es constante. En la puerta principal tenía a decenas de personas desesperadas por salir al mismo tiempo que otros intentaban entrar. Mientras tanto, tenía a cinco o seis personas descompuestas que requerían atención inmediata. Cada decisión era un balance delicado de recursos: ¿cuántos vehículos o víveres destinaba a trasladar a los afectados sin desmantelar la capacidad de respuesta o la seguridad del resto de la población dentro de la planta? En una situación extrema como un sismo, el mayor desafío de un líder no es solo mantener la calma, sino gestionar ese choque implacable entre la urgencia de cada individuo y la preservación del grupo. Cuando la incertidumbre domina, tomar decisiones pensando en el total es la única forma de evitar que el caos sea absoluto.
Fueron casi 8 horas seguidas tomando decisiones difíciles. Cerca del mediodía, conformamos patrullas con el equipo para recorrer la fábrica y evaluar el estado de las instalaciones. Por suerte, la estructura estaba en buenas condiciones. Había que mantener la cabeza fría y el temple para cuidar a la gente, pero también la firmeza para manejar la masa, porque en el pánico no todos reaccionan igual. La jornada se fue entre evaluar quién entraba, quién salía, y ver cómo le avisábamos al turno tarde si venía o no, todo sin comunicación. El momento más duro se extendió hacia la tarde y la noche cuando la ciudad declaró el toque de queda. Fue una prueba de fuego constante de liderazgo y trabajo en equipo.
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EDP: ¿Cómo se encuentra la situación actual y de qué manera se puede aportar desde acá?
Elisa Méndez: En cuanto a cómo se puede colaborar desde Argentina, creo que una muy buena opción es hacerlo a través del Banco de Alimentos de Cali, una organización que está canalizando la ayuda y distribuyéndola en los distintos sectores de la ciudad donde más se necesita.
Hay zonas donde las estructuras colapsaron por completo y otras en las que los edificios quedaron con daños estructurales muy graves, por lo que ya no pueden ser habitados. Como consecuencia, muchas familias se quedaron sin hogar y necesitan apoyo para atravesar este momento tan difícil. Toda ayuda, por pequeña que sea, puede marcar una diferencia y llegar a quienes realmente la necesitan.
Alonso Lagrenade: Hoy la ciudad se encuentra en plena fase de recuperación, y ver la respuesta de la comunidad ha sido conmovedor. Hemos recibido donaciones de distintas partes del mundo, pero el motor principal ha sido la propia gente de Cali y sus alrededores. Esa calidez que se siente en el día a día se transformó, tras la emergencia, en una red de contención humana impresionante.
Un proceso tan extremo como este te deja una enseñanza profunda. En la crisis, la solidaridad brota por necesidad; nos unimos porque no queda otra opción. Pero la gran lección que me llevo de esta experiencia va mucho más allá del sismo: el verdadero desafío es lograr que ese bien colectivo se convierta en nuestra cultura permanente. No se trata solo de pensar en el otro cuando la tierra se mueve, sino de hacer de esa empatía un hábito constante. Que el bien común sea la forma habitual en la que elegimos vivir, pensar y accionar todos los días.
¿Cómo ayudar?
Elisa y Alonso nos brindaron esta serie de cuentas oficiales para colaborar.
Fundación ANDI; ABACO; Fondo ICESI Unida por Colombia; ProPacífico; Cruz Roja Colombiana y Alcaldía; Cámara de Comercio de Cali; Banco de Alimentos de Cali.
Fundación ANDI
Bancolombia Cta Ahorros: 04800004794
• Titular: Fundación ANDI - NIT: 811003959-3
ABACO
• Enlace: https://donahoy.abaco.org.co/colombia2026
• Llave Bre-B Bancolombia: 0090989753
Fondo Icesi unida por Colombia
• Enlace de donación: Banner9.icesi.edu.co/ic_donaciones/donacion/create
Transferencias: [email protected]
ProPacífico
Llave: 0092882326
• Banco de Occidente
• Cuenta corriente: 001-515758
• Titular: Fundación para el desarrollo
integral.
Cruz Roja Colombiana y Alcaldía
Llave Bre-B: 0092364010
Banco de Bogotá Cta Corriente: 256670803
www.cruzrojacolombiana.org
Cámara de Comercio de Cali
Llave: 890399001