“El miedo existe siempre”: la experiencia de un bombero tras 34 años de servicio
Hay decisiones que no llegan de golpe ni aparecen como una certeza inmediata. A veces se construyen lentamente, casi sin que uno lo advierta, hasta transformarse en parte inseparable de la propia vida. Algo así le ocurrió a Ángel Hernández, quien hoy lleva 34 años formando parte del cuartel de Bomberos Voluntarios de Gualeguay, institución que este año celebra sus 52 años de historia.
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Cuando recuerda sus comienzos, Ángel reconoce que no existió una escena puntual que marcara el inicio de su vocación. No hubo una decisión tomada de un día para otro, sino una cercanía que fue creciendo con el tiempo, primero desde pequeñas colaboraciones y luego desde una participación cada vez más comprometida, hasta convertirse en una forma de vida.
“No hubo un momento exacto en el que dijera ‘quiero ser bombero”. Fue algo que se fue dando de a poco, estando cerca del cuartel, compartiendo tiempo con quienes ya estaban y entendiendo desde adentro lo que significaba todo esto”, recuerda.
Los primeros años
En aquellos primeros años, el aprendizaje tenía un ritmo muy distinto al actual. La tecnología no formaba parte de la vida cotidiana y la capacitación llegaba de maneras mucho más artesanales, generalmente a través de textos impresos, apuntes enviados por correo o relatos de experiencias escritas por bomberos de otros lugares, materiales que se estudiaban cuidadosamente porque allí estaba buena parte del conocimiento disponible.
“Ese texto narraba una experiencia personal de quien lo escribió, que era dejada para los demás”, explica, al recordar una época en la que cada hoja recibida en el cuartel era leída con atención y funcionaba como una herramienta concreta para aprender.
Aquella formación exigía paciencia, observación y una capacidad permanente de adaptación. Muchas veces, la falta de recursos tecnológicos obligaba a resolver situaciones con intuición y experiencia, mientras que hoy la preparación es mucho más sistemática, accesible y exigente.
“No querer capacitarse hoy es una elección”
Afirmaba con tranquilidad, convencido de que la formación permanente es indispensable para ejercer una tarea que exige precisión y responsabilidad, porque el deseo de ayudar por sí solo no alcanza cuando se trata de intervenir en situaciones de emergencia donde cada decisión puede ser determinante.
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El compromiso silencioso de los bomberos voluntarios
A lo largo de estas más de tres décadas, Ángel convivió con innumerables intervenciones difíciles, muchas de ellas ligadas al dolor ajeno, a pérdidas irreparables y a escenas que permanecen en la memoria mucho tiempo después de haber ocurrido.
“La actividad está ligada al dolor ajeno, y convivir con eso deja marcas”, reconoce.
Habla de incendios que la ciudad todavía recuerda y de situaciones que, para quienes estuvieron presentes, tienen un peso imposible de traducir completamente. Son imágenes que reaparecen años después y que forman parte silenciosa de la experiencia de servicio.
Aun así, sostiene que el miedo nunca desaparece del todo. Lo que cambia es la forma de relacionarse con él.
“El miedo existe siempre”, dice, con la serenidad de quien aprendió que el verdadero coraje no consiste en no sentir temor, sino en actuar correctamente a pesar de él.
Pero si algo destaca especialmente de todos estos años es la camaradería que se construye dentro del cuartel. Una hermandad que nace de compartir situaciones extremas, largas guardias, noches sin descanso y la certeza de que cada integrante depende del otro.
“Hay experiencias que te unen para siempre. Son cosas que se entienden solamente cuando se viven”, asegura.
Con el tiempo, el cuartel deja de ser simplemente un lugar de servicio y se convierte en una segunda casa, donde también habitan recuerdos entrañables, amistades profundas y la memoria de aquellos compañeros que ya no están, pero cuya presencia permanece viva en cada aniversario y en cada guardia.
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De la emergencia al cuidado: cuando la vocación también se vuelve profesión
Ese interés temprano por la emergencia no quedó solamente dentro del cuartel. Con el paso del tiempo, esa misma vocación llevó a Ángel Hernández a profundizar su formación en el ámbito de la salud, primero como auxiliar y luego completando la carrera profesional de enfermería, una actividad en la que lleva casi tres décadas de trabajo.
“Me gustó la emergencia y entonces opté por estudiar enfermería. Hice primero el auxiliar y después la parte profesional, que es una carrera terciaria. Llevo casi 30 años trabajando en salud”, cuenta.
Para Hernández, ambas actividades comparten una misma lógica: la preparación constante para intervenir cuando el tiempo apremia y donde una respuesta adecuada puede resultar decisiva. Tanto en el cuartel como en el hospital, explica, el aprendizaje nunca termina y exige una actualización permanente.
“Hoy la información está al alcance de todos. El que no quiere capacitarse, es porque no quiere. Los procedimientos cambian continuamente y uno tiene que estar atento porque todos los días aparece algo nuevo.”
Ángel destaca además el vínculo particular que existe entre la comunidad y sus bomberos. Después de conocer otras realidades, sostiene que lo que sucede en Gualeguay tiene un valor especial.
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“La gente acá siente al cuartel como algo propio, lo acompaña y lo cuida. Eso no pasa en todos lados.”
Por eso, cuando el cuartel celebra un nuevo aniversario, siente que no se trata solamente de una fecha institucional, sino de una historia colectiva que involucra a toda la ciudad.
Después de 34 años vistiendo el uniforme, conserva intacta la convicción de haber elegido el camino correcto. No necesita grandes definiciones para explicarlo; le alcanza con una certeza sencilla pero profunda: saber que, cada vez que hizo falta, estuvo presente.
Y si tuviera que volver a empezar, asegura que volvería a hacerlo sin dudarlo.