Emilse Bóver: Último tramo del recorrido hasta el santuario de Machu Picchu
En la entrega anterior, Emilse nos comentó acerca de la decisión de continuar la travesía en combi, pero se encontraron con que el desborde de un río cortaba la ruta. Por esta razón los lugareños habían ideado un sistema para sortear esa dificultad: un cajón con una polea sujeta a un cable de acero, que dos personas corrían a mano. Peligroso y a la vez divertido.
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/media/2026/02/x.jpg)
Le agradecemos a Emilse su buena disposición para comentarnos esta travesía, una aventura que muy pocos la hacen caminando. ¿Culminamos el viaje con ella y sus amigos?
“El último tramo del recorrido consistió en 10 kilómetros de camino recto por unas vías de tren abandonadas; hacía mucho calor, pero nos protegía la vegetación tupida y cerrada que nos cubría. Esta parte me resultó un poco aburrida ya habíamos descendido a 2.000 msnm y la única dificultad era caminar por los adoquines (un ratito no pasa nada, pero la cantidad de kilómetros le adiciona complejidad).
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/media/2026/02/foto_grupal_con_el_wayna_picchu_de_fondo.jpg)
Llegamos a Aguas Calientes por la tarde; habíamos reservado un hotel que quedaba exactamente al final del pueblo en una subida interminable. Parecía a propósito, pero, para ese entonces, ya nada nos podía derrotar. Nos premiamos con unas cervezas peruanas heladas y recorrimos este pintoresco pueblo lleno de turistas y vendedores de suvenires.
Esa noche hubo una nueva votación y se resolvió ir en colectivo a Machu Picchu el día siguiente, en lugar de ir caminando.
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/media/2026/02/caminando_por_las_vias_de_hidroelectrica.jpg)
El santuario histórico de Machu Picchu son las ruinas de una ciudad construida por la civilización inca en el siglo XV, en los Andes peruanos. Forma parte del Patrimonio Mundial de la Humanidad declarado por UNESCO y es una de las Nuevas 7 Maravillas del Mundo. Para muchos, es un lugar sagrado y místico; como sitio arqueológico es un espectáculo increíble.
Perú tiene un complejísimo sistema de venta de entradas para acceder a este lugar. En la página web https://www.machupicchu.gob.pe/ ofrecen distintos circuitos y rutas con horarios de entrada, letras y cupos. Cada entrada cuesta alrededor de 50 dólares y es difícil saber cuál comprar. Contratar un guía en el lugar también es costoso, pero puede ser útil para aprovechar mejor la visita.
Mi experiencia en Machu Picchu fue diferente de lo que había imaginado. El lugar está lleno de turistas y personal que te indica todo lo que no se puede hacer. No hay baños y no se pueden consumir alimentos, no se pueden tocar las piedras y hay que caminar solo por los senderos marcados. Hay que moverse rápido porque hay horarios para permanecer en cada lugar. Sentí que no pude conectarme con los restos de un imperio que tienen mucho para contar y con esa imponente montaña, Wayna Picchu, inmortalizada en millones de imanes de heladera, llaveros y cuadritos.
Como grupo habíamos decidido hacer todo juntos, respetando los tiempos y las ganas de cada uno. Al regresar ese día, pedí separarme un ratito y no volver con ellos en el colectivo. Volví sola a Aguas Calientes, caminando: bajé cientos de incontables escalones dejando atrás el santuario y llevándome conmigo una nueva postal de Machu Picchu, la del momento cúlmine de un viaje desafiante, gratificante y compartido con amigos.”