Entre carros, chacras y balanzas: Familia Casualde 55 años de una tradición comercial en Gualeguay
La evolución del comercio minorista en Gualeguay puede leerse a través de las historias familiares que, con esfuerzo sostenido, acompañaron los cambios económicos y sociales de la ciudad. Una de esas trayectorias es la de la familia Casualde, cuyo vínculo con la venta de frutas y verduras se extiende a lo largo de más de 55 años y refleja transformaciones profundas en los hábitos de consumo, la producción local y la dinámica comercial de la región.
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Según relata María José Casualde, el origen del emprendimiento familiar se remonta a mediados de la década de 1970, cuando su padre comenzó su actividad como comerciante de verduras en un pequeño puesto del Mercado Modelo de Gualeguay. En aquel momento, el mercado era el principal centro de abastecimiento de la ciudad y concentraba una intensa vida comercial, ya que no existían supermercados ni grandes autoservicios que reunieran en un solo lugar una amplia variedad de productos.
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El Mercado Modelo: epicentro del comercio local
El Mercado Modelo de Gualeguay era un espacio de encuentro cotidiano para productores, comerciantes y vecinos. Contaba con numerosos puestos donde se ofrecía prácticamente todo lo necesario para el consumo diario. La mayor parte de la mercadería provenía de las chacras locales, lo que garantizaba productos frescos y de estación. Productores de la zona trabajaban la tierra y trasladaban sus cosechas en carro, sulky o bicicleta, conformando una economía basada en el esfuerzo familiar y el trabajo manual.
Entre los productos más habituales se encontraban verduras de hoja como acelga y perejil, además de frutas cítricas, ciruelas y duraznos. Este circuito corto de producción y comercialización no solo aseguraba calidad y frescura, sino que también representaba una fuente de sustento para numerosas familias que dependían directamente del trabajo rural y del mercado para su subsistencia diaria.
El desafío de abastecerse fuera de la provincia
Con el crecimiento del negocio, el padre de María José comenzó a complementar la producción local con mercadería proveniente del Mercado Central de Buenos Aires. Estos viajes implicaban una logística compleja: la ausencia de un puente obligaba a cruzar en balsa, lo que generaba largas demoras e incertidumbre. Aun así, el sistema resultaba conveniente desde el punto de vista económico y permitía ampliar la oferta de productos.
Los traslados se realizaban en camión, con jornadas que podían extenderse durante muchas horas, dependiendo de los tiempos de espera para el cruce. La perseverancia y la regularidad en estos viajes fueron claves para consolidar el crecimiento del emprendimiento, que hacia comienzos de la década de 1980 logró posicionarse como mayorista de frutas y verduras.
La apertura del primer supermercado de Gualeguay
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En 1985 se produjo uno de los hitos más importantes en la historia comercial de la familia Casualde y de la ciudad. El padre de la entrevistada decidió dar un paso innovador y abrir el primer supermercado de Gualeguay, ubicado en calle Vilar. La iniciativa implicó asumir riesgos significativos, ya que si bien contaba con experiencia en el comercio de frutas y verduras, el modelo de supermercado —especialmente en el rubro almacén a gran escala— era prácticamente desconocido en la ciudad.
La apertura fue un acontecimiento destacado. Para la familia significó un logro colectivo, y para la comunidad local, una nueva forma de acceso a los productos de consumo cotidiano. María José recuerda ese día como una verdadera celebración, acompañada por una respuesta positiva de los vecinos, quienes respaldaron el emprendimiento desde sus inicios.
Cambios en la producción y el comercio a lo largo del tiempo
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Con el paso de los años, el comercio de frutas y verduras experimentó transformaciones profundas. Si bien la actividad continúa vigente, las condiciones de producción local han cambiado. María José Casualde señala que actualmente el trabajo de la tierra resulta cada vez más difícil, debido a que se trata de una tarea físicamente exigente y a la creciente dificultad para conseguir mano de obra, incluso entre los propios productores.
Esta situación provocó una disminución de la producción local y una mayor dependencia de mercadería proveniente de otras regiones. Según la entrevistada, los productos que llegan tras largas horas de transporte no ofrecen la misma calidad ni frescura que aquellos cosechados en la zona, lo que marca una diferencia notable respecto de décadas anteriores.
La continuidad del legado familiar
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Tras más de 40 años de actividad del padre en el rubro mayorista, la responsabilidad del negocio fue asumida por la siguiente generación. Uno de los hermanos continúa con la venta mayorista y minorista de frutas y verduras desde otro punto de la ciudad, manteniendo los viajes periódicos al Mercado Central. Por su parte, María José quedó a cargo del local de calle Vilar hace 13 años, donde, además de la venta de frutas y verduras, desarrolló un autoservicio que amplió la oferta para los clientes.
Para la entrevistada, el principal legado recibido de sus padres no se limita al aspecto comercial, sino que se vincula con valores profundamente arraigados: el amor por el trabajo, la constancia y el compromiso con la comunidad. Nacida en el galpón del negocio familiar, expresa que esta actividad forma parte de su identidad y que poder trabajar de lo que le gusta representa una satisfacción personal, especialmente en un contexto económico complejo.
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Un compromiso que se proyecta a nuevas generaciones
La historia de la familia Casualde no se detiene en la generación actual. De los cuatro hermanos, tres continúan vinculados al comercio, lo que garantiza la continuidad del emprendimiento. Además, los hijos de María José participan activamente en el negocio, colaborando durante extensas jornadas laborales que superan las 12 horas diarias.
Este compromiso intergeneracional refuerza la idea de un comercio familiar al servicio de la comunidad. Según expresa la entrevistada, continuar con la actividad es también una forma de mantener viva la memoria de sus padres, quienes ya no están físicamente, pero cuya impronta permanece en cada etapa del trabajo cotidiano.
De esta manera, la trayectoria de la familia Casualde sintetiza una parte importante de la historia comercial de Gualeguay: desde el dinamismo del Mercado Modelo y la producción local, hasta la llegada de los supermercados y los desafíos actuales del sector. Una historia construida sobre el esfuerzo, la adaptación a los cambios y la vocación de servicio a la comunidad.