Entre el fuego y el hierro: el trabajo artesanal de Conrado Sturzenegger en Gualeguay
Un oficio construido con esfuerzo, creatividad y pasión
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En una esquina transitada de Gualeguay, sobre Coronel Correa y Melitón Juárez, el sonido del hierro, las soldaduras y el olor a metal trabajado forman parte del paisaje cotidiano. Allí funciona el taller artesanal de Conrado Sturzenegger, herrero dedicado a la fabricación de fogoneros, ollas disco, planchetas y distintos elementos vinculados al fuego y la cocina al aire libre.
Su trabajo no pasa desapercibido. Los fogoneros exhibidos en la vereda suelen llamar la atención de quienes circulan por la zona. Muchos frenan, observan los diseños y preguntan por los precios o las características de cada pieza. Detrás de cada creación hay horas de trabajo manual, materiales reciclados y un proceso creativo que Conrado define como profundamente personal.
“Hace muchos años que hago herrería, pero hace alrededor de ocho años que empecé con este tipo de trabajos”, contó durante la entrevista brindada a El Debate Pregón.
Los comienzos: aprendizaje, sacrificio y perseverancia
Conrado recordó que sus primeros pasos en la herrería fueron junto a Fernando Sturzenegger, fotógrafo y amigo, en el garage de su casa. Allí comenzaron a experimentar con herramientas básicas y mucho entusiasmo.
“Nos compramos una soldadora eléctrica y aprendimos haciendo. Nos quemamos los ojos, los dedos, todo”, relató entre risas, al recordar aquellos inicios cargados de prueba y error.
Con el tiempo, cada uno siguió su camino laboral. Mientras su compañero continuó ligado a la electricidad, Conrado se apartó un tiempo del oficio hasta retomarlo más adelante en una chacra familiar. Fue allí donde comenzó a desarrollar con mayor intensidad el trabajo artesanal con hierro reciclado y a experimentar con diseños propios.
Ese proceso de crecimiento coincidió con un momento inesperado: la pandemia de COVID-19.
La pandemia y el impulso de las ventas por internet
Conrado explicó que durante la pandemia las redes sociales y las ventas online tuvieron un rol clave en el desarrollo de su emprendimiento. El incremento del uso de internet permitió que muchas personas conocieran sus trabajos y comenzaran a encargar piezas desde distintos lugares.
“En la pandemia se agilizó mucho el tema de internet y vendí bastante por ahí”, señaló.
Ese crecimiento comercial fue determinante para tomar una decisión importante: dejar la chacra donde trabajaba e instalarse definitivamente en la esquina donde hoy funciona su taller y espacio de exhibición.
Actualmente, además del movimiento generado por las redes sociales, gran parte de sus clientes llegan simplemente al pasar por el lugar y observar los fogoneros expuestos en la vereda.
La búsqueda de materiales: un trabajo tan artesanal como las piezas
Uno de los aspectos más complejos del oficio, según explicó, es la obtención de los materiales necesarios para fabricar fogoneros y discos.
En sus comienzos recorría chacras buscando ruedas de arado, discos antiguos y piezas metálicas en desuso. Sin embargo, con el tiempo esa tarea se volvió más difícil debido a la creciente compra masiva de chatarra y fierro por parte de acopiadores y compradores de grandes ciudades.
“Antes conseguía mucho en las chacras. Ahora es más complicado porque hay gente que compra camionadas enteras de fierro”, comentó.
Ante esa realidad, comenzó a recurrir a desarmaderos y depósitos especializados de localidades cercanas, especialmente en Gualeguaychú y la zona de Ceibas. Muchas veces debe viajar personalmente para seleccionar las piezas y asegurarse material para futuros trabajos.
Además, mantiene contacto con otros artesanos dedicados a la fabricación de fogoneros, intercambiando piezas o comprando ruedas y discos cuando aparecen oportunidades.
También son frecuentes los casos de personas que llegan al taller con discos viejos guardados en el campo y se los ofrecen para reutilizar.
El valor del reciclaje y el aprovechamiento total del hierro
Una de las características centrales del trabajo de Conrado es el reciclaje. Cada pieza de hierro tiene utilidad y prácticamente nada se descarta.
“Los rayos que le saco a una rueda los uso para hacer el leñero. No tiro ni un pedazo de fierro”, explicó.
En sus trabajos aparecen ruedas de arado antiguas, rodajas de calderas viejas, cadenas de moto, engranajes y distintos elementos reutilizados con fines tanto estructurales como decorativos.
Los fogoneros pueden incluir detalles ornamentales hechos con cadenas o engranajes reciclados, mientras que las planchetas y discos se elaboran a partir de materiales recuperados cuidadosamente trabajados.
El fuego como experiencia y como arte
Más allá de la fabricación, Conrado reconoce una conexión especial con el fuego y la cocina al aire libre. Para él, el fogonero no es solamente un objeto funcional, sino también una experiencia vinculada al encuentro, la creatividad y el disfrute.
“Me gusta mucho la cocina con fuego y leña”, afirmó.
En ese sentido, considera que su oficio tiene una dimensión artística. Explicó que cada pieza comienza con una idea que va tomando forma sobre la marcha, entre hierros apoyados en el piso, pruebas y combinaciones de materiales.
“Voy pensando mientras trabajo”, dijo.
Esa búsqueda permanente hace que no existan dos fogoneros iguales. Aunque algunos puedan parecer similares a simple vista, cada uno tiene detalles propios, medidas distintas y terminaciones particulares.
“No copio nada y no trabajo en serie”, remarcó.
Fogoneros, discos y cocina al aire libre
Conrado explicó que muchas personas adquieren fogoneros no solamente por necesidad, sino también por el valor decorativo y la experiencia social que generan.
En especial, son muy buscados por quienes tienen quintas, chacras o espacios al aire libre donde suelen realizar reuniones familiares o encuentros gastronómicos.
“El que compra esto generalmente disfruta hacer asados y cocinar”, sostuvo.
También destacó el crecimiento del uso de las ollas disco y las planchetas, elementos que permiten preparar comidas muy variadas.
“En el disco podés hacer de todo: paella, osobuco, ravioles”, comentó.
Según explicó, los discos cóncavos son los más buscados por su profundidad y capacidad. Además, cada terminación influye en la cantidad de litros y en el tipo de cocción que permite realizar.
Un trabajo artesanal que requiere tiempo y dedicación
Aunque muchos clientes observan el producto terminado, detrás de cada fogonero existe un importante trabajo previo: búsqueda de materiales, corte, soldadura, armado, terminaciones y protección del hierro.
Conrado señaló que los costos de producción son elevados debido al precio de los materiales, la electricidad, las herramientas y el tiempo invertido.
“Cuesta tener todo listo para arrancar”, explicó.
Aun así, aseguró que intenta mantener precios accesibles considerando el trabajo artesanal que demanda cada pieza.
En cuanto a las terminaciones, comentó que no utiliza pintura en los elementos destinados al fuego, ya que las altas temperaturas terminan deteriorándola rápidamente. En cambio, aplica barnices o lacas para proteger parcialmente el metal y conservar la estética oxidada natural que caracteriza sus trabajos.
Más allá de los fogoneros
Aunque los fogoneros son hoy su producción más visible, el trabajo artesanal de Conrado abarca mucho más. En su taller también realiza muebles, lámparas, espejos, maceteros, salamandras, chulengos y distintos objetos decorativos.
Muchas de esas piezas nacen simplemente como proyectos personales o ideas experimentales que luego terminan despertando interés en los clientes.
“Si alguien ve algo y le gusta, se lo hago”, comentó.
Incluso relató que algunas creaciones, como una silla fabricada años atrás, todavía forman parte del mobiliario de su propia casa.
La libertad y la pasión por el oficio
En el cierre de la entrevista, Conrado resumió lo que significa para él este trabajo artesanal: libertad, creatividad y satisfacción personal.
“Es lindo porque no tenés jefe y hacés algo que te gusta”, expresó.
Más allá de las dificultades para conseguir materiales o de los altibajos en las ventas, aseguró que disfruta profundamente el proceso de crear objetos únicos con sus propias manos.
Cada fogonero, cada disco y cada pieza de hierro reciclado llevan consigo horas de dedicación, paciencia y una identidad propia que refleja el espíritu artesanal con el que trabaja diariamente en su taller de Gualeguay.