Genara Pabón Ezpeleta desde ÍOS, el paraíso terrenal 2ª Parte
Recordemos que la entrega anterior, Genara Pabón Ezpeleta, que estuvo hace pocos días en la isla griega de ÍOS, nos describió algunos aspectos ese paraíso terrenal. Hoy entregamos la segunda parte de esa pintoresca nota.
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“Dar la vuelta a la isla en barco permite entender su geografía y descubrir una costa que desde tierra apenas se adivina. Es posible alquilar una embarcación y dedicar el día a navegar alrededor de Íos, deteniéndose frente a diferentes playas y pequeñas bahías. El plan puede ser tan simple como elegir una, parar el barco, tirarse al Egeo y llegar nadando hasta la costa; almorzar allí y después volver al agua para continuar la navegación.
Desde el mar, además, Íos se ve diferente. Las montañas áridas caen abruptamente sobre un azul intenso, aparecen pequeñas playas entre las rocas y algunas construcciones blancas parecen quedar completamente solas frente al Egeo.
Y después está la gastronomía. Grecia también se conoce sentándose a la mesa. Aceite de oliva, tomates, quesos, verduras, pescados, mariscos, pulpo y hierbas aromáticas forman parte de una cocina sencilla, fresca y extraordinaria.
Entre las muchas opciones de Chora (capital de IOS), Katogi merece una mención especial. Escondido entre las callejuelas blancas, propone cocina griega y mediterránea basada especialmente en pequeños platos para compartir. Es uno de esos restaurantes que terminan convirtiéndose también en parte del recuerdo de un viaje.
Pero Íos es bastante más que playas, comidas y noches de verano. Su vínculo con la historia y la cultura aparece en diferentes rincones de la isla y uno de los más interesantes es el Museo Gaïtis–Simossi, ubicado sobre una colina con vistas extraordinarias sobre Chora, el puerto y el Egeo. Inaugurado oficialmente en septiembre de 2024, el museo está dedicado al pintor griego Yannis Gaïtis y a la escultora Gabriella Simossi, una pareja de artistas profundamente vinculada con Ios. El edificio, de 1.600 metros cuadrados, fue concebido para albergar la obra de ambos y resulta interesante por sí mismo, integrado al paisaje de la isla. En su interior aparecen los característicos anthropakia —los pequeños hombres anónimos y repetidos que se convirtieron en la imagen más reconocible de Gaïtis— junto a las esculturas de Simossi. Arte contemporáneo en medio de una isla cuya historia se remonta miles de años.
Y después está Homero.
Una tradición que se remonta a la Antigüedad sostiene que el autor de La Ilíada y La Odisea murió en Ios. En el norte de la isla, en Plakotos, se encuentra el sitio conocido como la Tumba de Homero. No existe certeza arqueológica de que los restos del poeta se encuentren realmente allí, pero la leyenda forma parte desde hace siglos de la historia y de la identidad de la isla. Ese pasado convive hoy con un desafío mucho más contemporáneo.
Íos está cambiando. El crecimiento del turismo y la llegada de grandes inversiones inmobiliarias han abierto un debate entre habitantes y personas vinculadas a la isla sobre cuánto puede desarrollarse sin perder aquello que la hace diferente. De esa preocupación surgió Save Íos, una asociación constituida formalmente en 2020 que busca proteger el patrimonio natural, histórico y arquitectónico de la isla y promover un modelo de desarrollo que preserve su identidad. El movimiento también ha llevado adelante acciones frente a proyectos urbanísticos que considera incompatibles con esos objetivos. No se trata de una discusión menor. En una isla donde todavía es posible recorrer kilómetros de montañas prácticamente desnudas, encontrar pequeñas capillas solitarias y llegar a playas en las que el paisaje sigue imponiéndose sobre las construcciones, conservar esa identidad es también decidir cómo será la Íos del futuro.
Quizás allí resida buena parte de su encanto. En esa combinación de opuestos: la noche y el silencio; las callejuelas repletas de gente y las bahías solitarias; el arte contemporáneo y una leyenda de hace casi tres mil años; una cena entre las casas blancas de Chora y un almuerzo después de llegar nadando desde un barco.
Y siempre, como telón de fondo, el azul. El mismo que aparece por primera vez desde la ventanilla del avión, que acompaña el viaje en ferry, que rodea la isla durante una jornada de navegación y que al atardecer comienza a confundirse con el cielo.
Después de conocer Íos, llamarla el paraíso terrenal no parece una exageración.
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