Genara Pabón Ezpeleta, desde París Una multitud salió a recibir al papa después de 18 años
El pontífice fue recibido por Emmanuel Macron, recorrió el centro de la ciudad en papamóvil y celebró una misa que reunió a unas 800.000 personas. Desde un balcón sobre el trayecto, seguí de cerca la espera y su paso entre la gente.
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Dieciocho años después de la visita de Benedicto XVI, un papa volvió a París. León XIV llegó el viernes 25 de septiembre para iniciar un viaje de cuatro días por Francia. En su primera jornada fue recibido por el presidente Emmanuel Macron en el Palacio del Elíseo, pronunció un discurso en la sede de la UNESCO y, por la tarde, recorrió el centro de la capital en papamóvil antes de dirigirse a la catedral de Notre-Dame.
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El recorrido abierto al público comenzó junto a la iglesia Notre-Dame-des-Champs. Durante unos dos kilómetros y medio, el vehículo avanzó por el boulevard du Montparnasse y el boulevard Saint-Michel hasta la plaza Saint-Michel. Allí lo esperaban fieles y curiosos que habían llegado horas antes para encontrar un lugar junto a las vallas.
La preparación se hizo visible mucho antes de que apareciera el papamóvil. La noche anterior ya estaba interrumpido el tránsito en la calle del hotel donde me alojaba. A la mañana siguiente, el sector quedó cerrado mientras se organizaban los accesos. También vi policías en la terraza del hotel y en otras terrazas de la zona. Abajo se instalaron vallas y, a medida que se acercaba la hora, comenzó a reunirse la gente con pequeñas banderas de Francia y del Vaticano.
La Municipalidad de París había dispuesto un perímetro de seguridad a lo largo del recorrido. Durante parte de la mañana, el acceso estuvo reservado a residentes y personas autorizadas; al mediodía se abrió al público. Para ver pasar al papa no hacía falta inscribirse: el ingreso era libre y gratuito, aunque se realizaba por puntos habilitados y con controles de seguridad.
Desde el balcón de la habitación, en un segundo piso, seguí por televisión los desplazamientos de León XIV mientras esperaba verlo llegar a la esquina del hotel. La pantalla nos permitía saber por dónde venía; desde el balcón se veía cómo crecía la expectativa en la calle. Cuando finalmente apareció, avanzaba de pie en el papamóvil, saludando y bendiciendo a la gente.
Lo que más me llamó la atención fueron los niños. En distintos puntos del trayecto, integrantes de la seguridad le acercaban bebés para que los bendijera. Por momentos el vehículo se detenía para permitir ese gesto; en otros avanzaba más despacio, especialmente donde se concentraba más público. Desde arriba se veía el movimiento de las banderas y los teléfonos levantados para registrar su paso.
La emoción tuvo distintas expresiones entre quienes lo esperaron en la calle. Léa Revel, una enfermera de 25 años entrevistada por la agencia AFP, contó que había podido verlo bien pese a la rapidez del paso. Grégoire Maringui, de 28, describió el encuentro como un momento conmovedor y capaz de reunir a personas distintas. Según una estimación del Vaticano difundida por la misma agencia, unas 300.000 personas se acercaron al recorrido parisino.
Después de pasar por Saint-Michel, León XIV se dirigió a Notre-Dame, donde celebró las vísperas. Esa noche encabezó una vigilia con jóvenes en el Stade de France. El sábado volvió a desplazarse en papamóvil, esta vez por los Campos Elíseos, antes de celebrar una misa al aire libre en la plaza de la Concordia. Según la estimación comunicada por el Vaticano, asistieron unas 800.000 personas. Al terminar su agenda en París, viajó a Lourdes para continuar allí su visita.