Gualeguay despide a “Muñeco” Pérez, un emblema de barrio y de toda una época
Con profundo pesar, ualeguay despide a Miguel Ángel Pérez, conocido por todos como “Muñeco”, un hombre que supo ganarse el respeto y el cariño de generaciones enteras detrás de un mostrador.
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Una vida que empezó trabajando desde muy chico
La historia del “Muñeco” no comenzó con su bar, sino mucho antes. Desde muy joven, en la década del 60, ya daba sus primeros pasos en la Terminal de Ómnibus de Gualeguay, realizando tareas de limpieza y ayudando con la mercadería. Aquellos años marcaron el inicio de un camino que nunca abandonaría.
Con el tiempo, llegó su primera experiencia como emprendedor junto a un socio, en el recordado bar “Los Amigos”. Luego vendrían otros proyectos, como “La Contra”, hasta que finalmente en 1980 tomó la decisión que cambiaría su vida: instalarse en el barrio Defensa Costera y darle forma a su propio espacio, el histórico bar “El Muñeco”.
El bar como forma de vida
Ubicado en la intersección de Profesor Gianello y Narvarte, su bar se convirtió en un punto de referencia. Al principio funcionó también como despensa, pero pronto entendió que lo suyo era el trato directo con la gente, servir una copa, escuchar, compartir.
“Es una virtud atender a la gente detrás de un mostrador”, decía en aquella nota que le realizara El Debate Pregón en 2023. Y lo demostraba todos los días.
Su rutina era inquebrantable: se levantaba a las 6 de la mañana, abría temprano, cerraba al mediodía y volvía a la tarde hasta la noche. No había descanso cuando se trataba de sostener ese espacio que no solo le dio sustento, sino también identidad.
Un lugar de encuentro y códigos claros
El bar del “Muñeco” fue durante décadas un verdadero centro social del barrio. Allí convivían las charlas interminables, las discusiones de fútbol, las partidas de truco y las historias compartidas.
Pero también había reglas. Pérez siempre fue claro: no atendía a personas en estado de ebriedad. Un código que sostuvo con firmeza y que le valió el respeto de clientes, vecinos e incluso de la propia Policía, con quienes mantenía una relación cordial.
“Soy respetado por la gente”, decía con orgullo. Y no era una frase vacía: era el reflejo de años de coherencia, de conducta y de presencia en el barrio.
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El último de una generación
Con el paso del tiempo, fue testigo de cómo los bares tradicionales comenzaban a desaparecer. Muchos colegas se retiraban, otros cerraban sus puertas. Él resistió.
“Hoy quedé con el bar más antiguo en Gualeguay”, afirmaba en aquella entrevista, casi sin darse cuenta del valor histórico que tenía su propio recorrido.
Para él, el secreto era simple pero difícil de sostener: paciencia, respeto y vocación. Sabía que no cualquiera estaba dispuesto a ese tipo de vida.
Familia, orgullo y legado
Gracias a su trabajo, formó una familia numerosa: seis hijos, quienes pudieron estudiar y crecer con el esfuerzo de ese bar que nunca dejó de atender. Su historia personal también estaba marcada por una larga vida en pareja, con más de 50 años compartidos entre noviazgo y matrimonio.
Siempre agradecido, nunca dejó de reconocer a su clientela y a quienes lo acompañaron. Incluso, en aquella nota, tuvo palabras para El Debate Pregón por contar su historia.
Un adiós que deja huella
Hoy, Gualeguay no despide solamente a un comerciante. Despide a un hombre que representó una forma de vivir, de trabajar y de relacionarse con los demás.
El “Muñeco” Pérez fue mucho más que el dueño de un bar: fue testigo, protagonista y sostén de una parte de la historia cotidiana de la ciudad.
Su legado no se mide en años ni en paredes, sino en recuerdos. En cada charla, en cada mesa, en cada vecino que alguna vez cruzó la puerta de su bar.
Y ahí, en esa memoria colectiva, seguirá estando. Siempre detrás del mostrador.