Gustavo “Chijon” Brun: una pasión por el asado que lleva casi dos décadas
En General Galarza, el nombre de Gustavo Brun quizás no resulte tan inmediato como el apodo con el que es conocido desde hace años: “Chijon”. Así lo identifican en su ciudad y también en distintos lugares donde, con el paso del tiempo, fue llevando una de sus grandes pasiones: el arte de cocinar asados.
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Con una experiencia de entre 17 y 18 años, Brun ha preparado comidas para cumpleaños, casamientos, fiestas tradicionales, encuentros deportivos y celebraciones religiosas. Su actividad como asador, sin embargo, no constituye su trabajo principal. De profesión gasista y plomero matriculado, dedica buena parte de su vida laboral a las instalaciones de gas, mientras que la cocina al fuego ocupa un lugar especial, al que define como un hobby.
“Me dedico a hacer asado para los eventos, cumpleaños y donde me contraten”, explicó durante una entrevista realizada en el Parque Ferrocarril de General Galarza, donde se encontraba preparando un almuerzo.
Una vocación nacida del gusto por cocinar
Entre brasas, humo y el movimiento propio de una jornada de trabajo, Brun habló con sencillez sobre una actividad que fue creciendo con los años.
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Su especialidad incluye diferentes preparaciones, entre ellas el asado con cuero y las vaquillas, comidas que requieren tiempo, experiencia y una atención constante al fuego.
Una de las tradiciones de las que participa es la celebración patronal de San José, donde junto a otras personas prepara vaquillas con cuero que luego son destinadas a la venta durante los festejos.
Además, ha sido convocado para cocinar en eventos sociales de distinta magnitud, desde cumpleaños de 15 y casamientos hasta fiestas tradicionalistas y jineteadas, tanto en General Galarza como en otras localidades.
“Se trata de hacer las cosas bien y ponerle un poco de onda también”, resumió al referirse a su manera de encarar cada compromiso.
El desafío de que todo salga bien
Para Brun, el reconocimiento no pasa necesariamente por los aplausos. La mayor satisfacción llega cuando la comida cumple con las expectativas y quienes se sientan a la mesa disfrutan de lo preparado.
“Lo importante es que coman bien y que se disfrute”, señaló.
Detrás de un asado que parece sencillo hay, en muchos casos, varias horas de preparación. Mientras que algunos cortes pueden cocinarse en menos tiempo, las piezas de mayor tamaño demandan una jornada extensa.
En el caso de una vaquilla con cuero destinada al almuerzo, explicó que el trabajo puede comenzar alrededor de las tres de la madrugada y extenderse entre ocho y diez horas.
La tarea, en algunas oportunidades, la realiza junto a un colaborador que lo acompaña desde hace años, especialmente cuando se trata de eventos de mayor dimensión.
El churrasquero del Parque Ferrocarril
La entrevista tuvo lugar en el churrasquero ubicado en el Parque Ferrocarril de General Galarza, un espacio pensado para ser utilizado y explotado durante los fines de semana.
Según explicó Brun, el lugar puede ser alquilado por quienes resulten beneficiados en el correspondiente proceso de adjudicación, permitiendo desarrollar allí distintas propuestas gastronómicas.
Durante la temporada de verano, el movimiento suele incrementarse debido a la presencia de vecinos y visitantes que concurren al parque, especialmente durante las noches.
La propuesta no se limita al asado. En experiencias anteriores, quienes trabajaron en el lugar incorporaron minutas, empanadas, choripanes y otras opciones, además de la posibilidad de vender comida para llevar.
El predio cuenta también con un sector de cocina equipado con mesadas, agua caliente y otros elementos necesarios para el trabajo gastronómico.
“Hay gente que viene, compra su asado y se lo lleva. También puede venir alguien que sale de trabajar y comprar algo para no cocinar en su casa”, explicó Brun.
Adaptarse al lugar y a las condiciones
Como ocurre con cualquier actividad al aire libre, el funcionamiento del espacio también depende de las condiciones climáticas.
Los días de lluvia pueden complicar el desarrollo de los eventos, mientras que durante el verano la presencia de mosquitos representa otra dificultad para quienes trabajan y concurren al lugar.
A esto se suma una particularidad de la infraestructura. El churrasquero fue pensado principalmente para cocinar carne a la estaca o al asador, por lo que para algunas preparaciones resulta necesario adaptar el espacio.
“Hoy inventamos la parrilla, pero funciona bien”, comentó entre risas, reflejando una de las características propias del oficio: la capacidad de resolver sobre la marcha y adaptarse a cada situación.
Un oficio que se sostiene con pasión
Aunque su ocupación cotidiana está vinculada al trabajo de gasista y plomero, el asado continúa siendo para Gustavo Brun una actividad especial.
No la define como su principal fuente laboral, sino como una pasión que lo acompaña desde hace casi dos décadas y que le ha permitido recorrer distintos eventos y conocer a personas vinculadas al mundo de la cocina y las tradiciones.
Conocido por todos como “Chijon”, asegura que en General Galarza no resulta difícil encontrarlo cuando alguien necesita un asador para una celebración.
Su objetivo, más allá del tamaño del evento o de la cantidad de horas frente al fuego, parece mantenerse siempre igual: que la comida salga bien y que quienes la compartan puedan disfrutarla.
Al final de cada jornada, entre el aroma de las brasas y el trabajo que todavía queda por hacer, queda también la expectativa de Brun: que el esfuerzo invertido durante horas se transforme en una buena comida y en un momento compartido alrededor de la mesa.