“Hay gente que me pide que vuelva a abrir”: la huella imborrable de La Fábrica a 38 años de su inauguración
A 38 años de su inauguración y tras 16 años de brillo ininterrumpido, la mítica discoteca sigue viva en el corazón de varias generaciones. En un emotivo mano a mano para nuestro suplemento, su creador Juan Carlos “Bicho” Piropán repasa el origen del fenómeno, el reencuentro en cada fiesta tributo y la vigencia de un sello que marcó a fuego la juventud gualeya.
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Hay lugares que trascienden el mero entretenimiento para convertirse en refugios de la memoria colectiva. En Gualeguay, si se habla de la noche, de la amistad y de las épocas doradas del baile, un nombre emerge de inmediato con la fuerza de la nostalgia: La Fábrica.
Inaugurada un emblemático 8 de julio de 1988 por Juan Carlos “Bicho” Piropán, la mítica confitería bailable no solo marcó una era durante sus 16 años de actividad continuada, sino que logró lo que muy pocas marcas nocturnas consiguen: mantenerse viva y conmover a varias generaciones casi cuatro décadas después.
En diálogo con El Debate Pregón, "Bicho" Piropán repasó los comienzos de este gigante de la diversión, el vínculo imborrable con su gente y la emoción que le produce ver cómo la llama de La Fábrica vuelve a encenderse en cada noche de tributo.
De "Del Gas" a la inauguración del '88
El camino hacia la creación de La Fábrica no fue casualidad, sino el fruto de un trabajo de años en la noche local. "Fue después de una transición. Estuve cinco años con 'Del Gas', después pasó a ser de mi propiedad y fundamos —o reabrimos— La Fábrica", recuerda Piropán sobre aquel hito de 1988.
"Nació con grandes expectativas, con las ganas de que fuera un buen boliche. Tuvimos la suerte de que fue tal cual lo pensábamos. Yo me puedo jactar de que en La Fábrica tuve la mejor clientela de Gualeguay. Estoy sumamente conforme con la gente que eligió La Fábrica como su lugar de diversión, como 'boliche bailable', como le decíamos en esa época", reflexiona con orgullo.
Durante 16 años ininterrumpidos, el boliche fue punto de encuentro no solo para los jóvenes gualeyos, sino también para visitantes de toda la región: gente de General Galarza, Larroque, Gualeguaychú, y contingentes que llegaban desde Campana y Zárate para vivir la experiencia de la noche de La Fábrica.
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La magia de los tributos y la emoción del reencuentro
El paso del tiempo no hizo más que agigantar el mito. Hoy, en pleno 2026, cada vez que se convoca a una "Noche de La Fábrica" o se realiza un tributo, la respuesta del público es masiva e inmediata.
"Siempre dije que tuve la mejor clientela y creo que no me equivoqué. Hoy por hoy, cada vez que hacemos un tributo, la gente responde al instante", cuenta el 'Bicho'. Y añade sobre los cambios de época: "Encontrar me hoy con otra temática de boliche distinta a aquella época es curioso. Una tontera: antes, si no tenías la bola de espejos de cristal, no eras un boliche bailable; hoy ya no están. Sin embargo, la gente sigue usando el mismo lugar para ir a pasarla bien y reencontrarse con los amigos de la época. Ver cómo se reencuentran me da una alegría inmensa".
Ese reconocimiento callejero y la calidez en cada fiesta son el combustible que mantiene viva la llama: “Me encuentro muy reconocido. Se ve que uno ha hecho las cosas medianamente bien. Me piden sacar fotos, hablamos de los recuerdos... Hay gente que incluso me dice que vuelva a abrir La Fábrica porque falta un lugar para que la gente grande pueda ir a bailar”
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"Se te escapa un lagrimón": el sentimiento desde la cabina
Para Piropán, estar al frente del templo bailable no era un simple trabajo; era una pasión que atravesó su vida personal por completo.
"La Fábrica fue mi vida prácticamente. Fueron 16 años vividos a pleno y no tengo más que palabras de agradecimiento hacia la gente", confiesa con la voz tomada por la emoción.
"Sinceramente me llena de satisfacción y me emociona. Me emociona cómo me trata la gente y lo que pasa en las presentaciones. Cuando apagan las luces, arranca la presentación y la gente te acompaña con el grito o filmando con el celular... y sí, se te escapa un lagrimón, no lo voy a negar. Es muy lindo", relata.
Sobre el cierre de la charla, 'Bicho' comparte una postal íntima de cómo vive hoy estos homenajes: "Yo nunca me paré en la cabina en aquella época. Ahora me paro en la cabina por otras circunstancias y ver todo eso desde arriba es alucinante. Lo llevo grabado en el corazón. Encontrarme con el boliche decorado de otra manera, pero con el mismo corazón de la gente de esa época, no tiene precio. Las gracias me quedan cortas".