Juan Falú: “Entre Ríos es una de las provincias que más me abrigó en mi camino artístico”
En un concierto que colmó la Biblioteca Popular Carlos Mastronardi y obligó a abrir ventanales y sumar sillas en el patio, el guitarrista y compositor habló de su vínculo con Entre Ríos, la cultura en tiempos de crisis, la relación entre arte y política y su reencuentro con una guitarra muy especial. Las fotos están tomadas entre los huecos que dejaban los presentes que querían estar cerca del sonido encantador.
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/media/2026/01/juan_falu_2.jpeg)
Juan Falú volvió a Gualeguay este jueves para presentarse en la Biblioteca Popular Carlos Mastronardi, en una noche que desbordó la capacidad de la sala y confirmó, una vez más, el fuerte lazo entre el referente de la música popular argentina y el público entrerriano. Antes del concierto, dialogó extensamente con El Debate Pregón sobre ese vínculo, su presente artístico, la cultura en un momento de intemperie y la guitarra como memoria del país.
No es la primera vez que viene a Gualeguay, y tiene un vínculo con Entre Ríos, con la música de acá también: “La vida artística me hizo venir muchas veces a Entre Ríos y fue siempre muy importante para mí”, señaló. Falú recordó que sus primeras aproximaciones a la provincia: “Empecé a venir cuando yo estaba abriéndome el camino después de mi regreso al país, con la reapertura democrática. Y fue muy bueno venir acá porque encontré una provincia muy guitarística”.
Ese encuentro temprano marcó una relación profunda: “Rápidamente entré en contacto con los referentes de la guitarra: con el Zurdo Martínez, con Walter Heinze, con Ernesto Méndez. Luego con muchos discípulos de ellos, como Silvina López, como Maru Figueroa, y no sigo nombrando porque son muchos y muchas realmente. Siempre hubo un vínculo afectivo importante y un vínculo musical importante con Entre Ríos”. Para Falú, ese abrigo fue decisivo: “La verdad que es una de las provincias que más me abrigó en ese camino que yo estaba iniciando”.
Consultado sobre la identidad cultural entrerriana, Falú subrayó una cercanía particular: “Lo que yo sí siento es la cercanía entre Entre Ríos y Uruguay. Eso lo percibo en muchos gestos”. También mencionó el lazo musical que comparte con Liliana Herrero: “Ella tiene una memoria entrerriana, digamos, así que entre la de ella y la mía, que es tucumana, tuvimos intercambios muy buenos, además de los musicales”.
Sus visitas siempre tuvieron ese sello del artista que anda por los bordes a pesar de su consagración: “Vine muchas veces. Hoy me contaba Sabina Lardit, una gran amiga, que siempre tuvo algo que ver con mis venidas y tiene memoria: son muchísimas”. Y así lo confirmó Sabina al recordar que tocó en el mítico espacio La Candela y también en un garaje, por citar un par de ejemplos.
Docencia, cultura y política
Falú habló también de su presente, marcado por una fuerte actividad artística tras dejar la docencia universitaria: “Creo que en pandemia dejé de dar clases. Y también pienso que había cumplido un ciclo, de casi 35 años de docencia, de generar espacios académicos para transmitir la música argentina. Esos espacios están consolidados y yo sentí que había cumplido un ciclo”. Aunque reconoce cierta nostalgia, su agenda musical no se detuvo: “Extraño un poco la docencia y el vínculo con esa juventud que abraza la música argentina. Pero mi vida continúa muy intensa. El año pasado di 101 recitales”. Una locura, uno cada tres días.
El propio balance lo sorprendió: “Cuando me pidieron hacer un saludo de fin de año revisé qué había pasado y vi que había tocado 101 veces. Yo no lo podía creer”.
Para Falú, esa intensidad no es casual: “Creo que represento un lado de la cultura, y ¿por qué no decirlo?, de la política también. Cuando uno toca, está reuniendo público que tal vez quiere reunirse a sí mismo. Y la canción, la música argentina, que es memoriosa, es un camino muy bueno para ese abrazo colectivo, en un momento en que la argentinidad está bastante debilitada. Y desde la política no hay todavía respuestas”. Y agregó: “Ahí la canción, la poesía, la cultura, cobran una dimensión especial: para decir o para escuchar lo que uno necesita escuchar. La política está sin un mensaje. Y lo que se espera es un mensaje que genere una cohesión colectiva y una mística. Ya vendrá”.
En cuanto a la relación entre arte y mensaje político, Falú sostuvo una postura histórica: “El arte tiene que ser arte. Si es también una mensajería, bienvenido sea. Se hacen bien mutuamente, cuando el arte tiene un sentido político desde lo artístico y cuando la política comprende e incluye el arte en su praxis. Eso en Argentina es una deuda de la clase política en general, de no estar muy interiorizada de las pertenencias culturales”.
Desde su mirada federal, apuntó: “Un entrerriano conoce su provincia y su cultura, un tucumano también, un cuyano también. El centrismo se siente más vinculado a una modernidad sin anclaje, sin identidad”. Y concluyó: “El progresismo tiene esa cualidad digamos. Lo discursivo, lo correcto y como que los resultados no son tan visibles. Y me parece que está siendo necesario que la política represente esas culturas entrañables de las regiones argentinas. Es muy necesario. Se habla de federalismo, pero termina siendo un discurso vacío. El federalismo es sentir las identidades culturales argentinas. Si no se aman esas pertenencias, no creo que se puedan incluir en los programas o en las reivindicaciones”.
La guitarra como memoria
Antes del concierto, Falú se permitió una reflexión final sobre el instrumento que lo acompaña desde siempre: “Creo que Argentina es una tierra de guitarras. En todos los sentidos. Es una mensajera de la historia. Y debe ser el país donde mejor se toca la guitarra en el mundo”. Comparó tradiciones y raíces: “En algún momento eso fue España. Hoy lo que se mantiene poderoso es el flamenco. Y acá la guitarra tiene su decir pampeano, su decir cordillerano, su decir de la selva, de la llanura, de los ríos. Es increíble”. También destacó el crecimiento de la luthería: “Antes el luthier era uno solo en tal lugar. Hoy está lleno de constructores de guitarra, no guardan secretos como antes”.
Esa noche, Falú tocó con un instrumento muy especial: “Voy a tocar con una guitarra de Ricardo Louzao, un extraordinario luthier que falleció joven. Él me dio esta guitarra y yo, por estúpido o por neurótico, no la estaba usando. Decidí en este viaje sacarla”. El reencuentro fue significativo: “Siento que descubrí un instrumento que lo tenía ahí al alcance de la mano. Es como reencontrarse. Y es bueno, porque ayuda a la interpretación”.
Con esa guitarra y esa memoria, Juan Falú volvió a Gualeguay y, una vez más, la música hizo su trabajo: reunir; literalmente amontonar; abrazar; y decir lo que muchas veces no encuentra voz en otros ámbitos. Para eso sirve la cultura.