Leer por placer: lanzan el Club de Lectura de la Biblioteca Popular
La propuesta comienza en febrero y está pensada como un espacio abierto, sin evaluaciones ni programas rígidos, para encontrarse alrededor de los libros, compartir lecturas y escuchar otras voces. Se priorizarán autoras y autores de Gualeguay y la región, con encuentros presenciales y espacios de intercambio virtual.
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Leer sin apuros. Leer sin rendir cuentas. Leer sola, solo o en compañía. Leer por placer. Con esa premisa clara y deliberadamente sencilla, la Biblioteca Popular Carlos Mastronardi abre las puertas de su Club de Lectura, una propuesta que se desmarca de los formatos tradicionales de taller o curso para recuperar algo tan elemental como, a la vez, tan esquivo: el tiempo y el deseo de leer.
El Club de Lectura no nace como un espacio de formación académica ni como una actividad guiada por exigencias externas. No hay evaluaciones, ni consignas obligatorias, ni listas cerradas que deban cumplirse al pie de la letra. La invitación es otra: encontrarse alrededor de los libros, compartir lecturas, sonidos e imágenes, escuchar y ser escuchados. Hacer de la lectura una experiencia vital y colectiva, sin perder su dimensión íntima.
La convocatoria está abierta a todas las personas que tengan ganas de leer, sin importar cuánto leen, cómo leen o en qué orden lo hacen. No se trata de medir trayectorias lectoras ni de establecer jerarquías entre “buenos” y “malos” lectores. Se trata, simplemente, de habilitar un espacio donde el vínculo con los libros pueda darse de manera libre, honesta y personal.
En cuanto a las lecturas, el Club propone una prioridad clara: autoras y autores de Gualeguay, de Entre Ríos y de la región. La idea es poner en valor la producción local y regional, muchas veces relegada frente a los grandes circuitos editoriales, sin por eso cerrar el juego a otras lecturas que valga la pena compartir. La primera lista fue curada por Tuky Carboni, pero el espíritu del Club es dinámico: las recomendaciones seguirán llegando y la biblioteca se irá nutriendo de las propuestas de quienes participen.
El funcionamiento combinará encuentros presenciales con algún espacio virtual que permita sostener la conversación entre reunión y reunión. Leer, en este caso, no es una actividad solitaria por definición, sino una práctica que puede expandirse cuando se pone en común, cuando se comparte una cita, una emoción, una incomodidad o una pregunta.
El Club de Lectura comenzará en febrero y estará coordinado por el periodista y escritor Santiago García. La inscripción se realiza a través de las redes sociales de la Biblioteca Popular Carlos Mastronardi o por WhatsApp al 3444 406707. Como incentivo adicional, las socias y los socios de la Biblioteca contarán con un 50% de descuento.
Leer como derecho: Juan Domingo Argüelles y la libertad de lectura
La propuesta dialoga con una concepción de la lectura que la entiende como un derecho y no como una obligación; como una experiencia ligada a la libertad individual y a la ciudadanía cultural. En ese sentido, no es casual que el espíritu del Club encuentre eco en las reflexiones del poeta y ensayista mexicano Juan Domingo Argüelles, uno de los grandes pensadores contemporáneos sobre la lectura, cuyas palabras funcionan casi como un manifiesto para iniciativas de este tipo.
Juan Domingo Argüelles (Quintana Roo, 1958) es poeta, ensayista, crítico literario y editor. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM y ha desarrollado una extensa obra poética y ensayística. Es autor de libros fundamentales sobre la lectura y la formación de lectores, como Escribir y leer con los niños, los adolescentes y los jóvenes y Estás leyendo… ¿Y no lees?. A lo largo de su trayectoria recibió, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes y el Premio Nacional de Ensayo Ramón López Velarde.
En sus textos, Argüelles insiste en una idea tan simple como disruptiva: leer es un derecho, no un mandato. Y ese derecho incluye también la posibilidad de no leer. “Las preferencias de lectura, al igual que otras tantas, constituyen elecciones vitales, son parte de nuestros derechos humanos.”
-“Incluso el hecho de reprobarlas, censurarlas o despreciarlas, obviamente de manera ofensiva, constituye una agresión y acaso un intento de coartar esos derechos muy nuestros.”
-“Nadie debe arrogarse ningún poder (ni siquiera el del prestigio cultural) para incordiarnos por ellos.”
Argüelles también cuestiona la mirada alarmista sobre quienes no leen libros o lo hacen de manera esporádica: “No todo el mundo quiere ni puede ser lector de libros y algunos adolescentes y jóvenes son felices con los videojuegos, la Internet, la música, el cine y la conversación y leen pocos libros, sin que en ello les vaya la vida…”
-“¿Por qué asusta tanto a la gente esta expresión del ‘derecho a no leer’?”
Desde esa perspectiva, la lectura deja de ser una destreza escolar para convertirse en una experiencia profundamente humana: “Si realmente deseamos que la gente lea, o lea más, hay que abandonar el tipo de discursos autoritarios y despreciativos.”
“Leer es algo más que una destreza y una habilidad. La lectura no es un dominio exclusivo de la escuela ni una capacidad que, por fuerza, se alimente de escolaridad.”
“Seamos un poco más humildes: el reino de la lectura es un asunto de individualidad y ciudadanía… Leer no es ni será nunca un grado académico: puede ser un destino y acaso una elección…”
Incluso cuando analiza el vínculo entre escuela y lectura, Argüelles pone el foco en lo esencial: “…en sus ansias de conseguir ‘mejores lectores’, la escuela ha descuidado el objetivo real de la educación humanista…ayudar a formar mejores seres humanos; capaces, técnicamente, y éticos, intelectual y espiritualmente.”
“Se puede ser monarca o presidente de un país sin haber leído un libro…y se puede ser lector de más de 3 mil libros y tener únicamente la dudosa jerarquía… que se reduce a una sola palabra: lector.”