Los ñoquis del 29: una tradición que conserva el sabor de los recuerdos en Pasta Chena
Con más de 60 años de trayectoria en Gualeguay, Pasta Chena mantiene viva una costumbre que atraviesa generaciones. En la esquina tradicional de Maipú y Sarmiento, Susana Reynoso compartió recuerdos de la infancia, recetas familiares y el valor de una tradición que, a pesar del paso del tiempo y los cambios en la vida cotidiana, sigue reuniendo a las familias alrededor de la mesa.
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Hay aromas que tienen la capacidad de transportarnos a otros tiempos. El perfume de una salsa recién preparada, la cebolla dorándose en la sartén, el queso rallado y una olla de ñoquis esperando para llegar a la mesa forman parte de esos recuerdos que permanecen intactos en la memoria. Para muchos, el día 29 de cada mes no es una fecha más: es el momento de reencontrarse con una costumbre que llegó de los antepasados y que se convirtió en una tradición profundamente arraigada en los hogares argentinos.
En Gualeguay, una de las esquinas que guarda parte de esa historia es la de Maipú y Sarmiento, donde funciona Pasta Chena, un establecimiento que lleva más de seis décadas formando parte de la vida comercial de la ciudad. Allí, el diario El Debate Pregón dialogó con Susana Reynoso, quien recordó el significado de los ñoquis del 29, las comidas de su infancia y aquellos momentos familiares que, muchas veces, vuelven a través de un simple aroma.
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Durante la entrevista, Susana explicó que la tradición de comer ñoquis cada 29 tiene raíces italianas y que, con el paso de los años, se transmitió de generación en generación. Si bien su origen está vinculado a antiguas costumbres y leyendas, en nuestro país la fecha se convirtió en una cita especial para compartir un plato de comida en familia.
La receta tradicional, recordó, era la que preparaban las madres en sus casas, con papas, harina y queso de rallar. Cada familia tenía su manera de hacerlos, sus proporciones y esos pequeños secretos que convertían una comida sencilla en algo único.
«Los ñoquis siempre fueron caseritos», expresó Susana al evocar aquellas preparaciones de otros tiempos. Eran jornadas en las que la cocina reunía a todos, mientras las madres trabajaban en la masa y preparaban la salsa para acompañar el plato.
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El aroma que todavía nos lleva a la infancia
En la conversación surgieron imágenes que seguramente forman parte de la memoria de muchas familias: llegar de la escuela y saber que ese día había ñoquis, sentir desde la calle el olor de la cebolla y la salsa, sentarse alrededor de una mesa donde no faltaban los padres, los abuelos y los nietos.
«Llegaba el 29 y uno de chico recuerda el olor a la cebollita, a la salsa y a los ñoquis», comentó el entrevistador durante la entrevista, poniendo en palabras una sensación compartida por distintas generaciones.
Susana coincidió en que esos recuerdos aparecen con frecuencia entre los clientes que se acercan al local. A veces, la compra de una bandejita se transforma en una charla sobre las madres que ya no están, las reuniones familiares y aquellas mesas numerosas en las que siempre había lugar para alguien más.
Porque detrás de cada plato también existe una historia. Está el recuerdo de la abuela preparando la salsa, del abuelo afilando la cuchilla para cortar el queso, de los hijos esperando la comida y de los nietos que llegaban para compartir el almuerzo.
«La salsa de la abuela», recordó Susana, quien contó que también prepara sus propias salsas y procura recuperar aquellas recetas familiares. La boloñesa, con carne picada, el queso rallado y los sabores de siempre forman parte de una preparación que busca conservar ese gusto tan particular de la cocina casera.
Una tradición que se adapta a los nuevos tiempos
Sin embargo, las costumbres también se transforman. Las jornadas laborales, las obligaciones y el ritmo de vida actual hicieron que muchas familias ya no dispongan del mismo tiempo para elaborar los ñoquis desde cero, como sucedía décadas atrás.
Susana señaló que, mientras antes las madres se ocupaban de preparar la masa en sus casas, hoy muchas personas optan por acercarse a una casa de pastas para comprar el producto listo y poder mantener la tradición.
«A veces no nos queda tiempo para dedicarnos a la cocina, así que estamos nosotros para salvar a las amas de casa», explicó, haciendo referencia al trabajo que realizan desde el establecimiento para que el día 29 no pase sin los tradicionales ñoquis.
En Pasta Chena ofrecen distintas variedades: los clásicos de papa, además de espinaca y morrón, presentados en bandejitas de medio kilo, pensadas para dos porciones.
El de papa continúa siendo el más tradicional, aquel que remite directamente a las recetas de las madres y abuelas. No obstante, las otras variedades también encontraron su lugar entre las preferencias de los clientes.
Susana aseguró que la gente mantiene la costumbre y que cada 29 los ñoquis tienen una demanda especial. Muchos llegan buscando el sabor de siempre, mientras que otros aprovechan la ocasión para continuar una tradición familiar sin necesidad de pasar varias horas en la cocina.
Más de seis décadas en una esquina de Gualeguay
La historia de Pasta Chena también merece un capítulo aparte. El establecimiento cuenta con más de 60 años de trayectoria en Gualeguay y forma parte de esos comercios que permanecen en la memoria de distintas generaciones de vecinos.
Susana comentó que, si bien ella lleva cerca de 20 años trabajando en esa esquina, el negocio tiene una historia mucho más extensa. Por allí pasaron numerosos clientes, familias y personas que, con el correr de los años, mantuvieron el vínculo con el lugar.
También recordó que han recibido visitantes que llegan a la ciudad por actividades culturales y teatrales y que aprovechan la ocasión para acercarse a comprar pastas.
Son pequeñas historias que muestran cómo determinados comercios dejan de ser solamente un lugar de compra para convertirse en parte de la identidad cotidiana de una comunidad.
Los recuerdos que se sirven en la mesa
Hacia el final de la entrevista, la conversación volvió inevitablemente a la nostalgia. Walter y Susana repasaron aquellos tiempos en los que también se guardaba dinero para comprar los ingredientes del próximo 29, cuando la preparación de los ñoquis era una tarea compartida y cada integrante de la familia tenía su lugar.
La costumbre de colocar un billete debajo del plato, asociada popularmente con la prosperidad y la buena fortuna, también forma parte de ese ritual que llegó hasta nuestros días.
Una antigua leyenda italiana vincula esta tradición con San Pantaleón, quien, según el relato popular, compartió un plato humilde con una familia campesina un día 29 y, en agradecimiento por su hospitalidad, les auguró prosperidad. Con el tiempo, la costumbre de comer ñoquis en esa fecha se extendió por distintos países y encontró en Argentina un lugar especial.
Pero más allá de las leyendas y las explicaciones sobre su origen, el verdadero significado de esta tradición parece estar en lo que representa para cada familia.
En la esquina de Maipú y Sarmiento, entre bandejitas de ñoquis, recetas de antaño y conversaciones con los clientes, Susana Reynoso sigue siendo parte de esa historia. Una historia que no se mide solamente en años de trayectoria ni en la cantidad de pastas que se preparan, sino también en los recuerdos que despierta cada plato.
«Es lindo recordar buenos momentos y, sobre todo, con la comida», expresó Susana al finalizar la charla.
Quizás allí esté la esencia de los ñoquis del 29: en entender que algunas tradiciones no necesitan grandes celebraciones para permanecer vivas. A veces alcanza con una mesa compartida, una salsa preparada con cariño y el sabor de una receta que nos devuelve, aunque sea por un instante, a quienes ya no están.
Porque los años pasan, las familias cambian y los tiempos son otros, pero hay aromas que nunca se olvidan. Y cada día 29, cuando los ñoquis llegan a la mesa, también llegan un poquito de nuestra infancia, de nuestros abuelos y de aquellos domingos en familia que siguen viviendo en el corazón.