Nicolás Fiorotto: Portugal, un país que respira historia
Nicolás Fiorotto nos comparte la experiencia del viaje a Portugal que realizó junto con Adrián a fines del mes de febrero y principios de marzo de este año. Si bien hemos viajado mucho por Europa con nuestros gualeyos, sobre Portugal hemos compartido menos detalles que de otros países y en este caso nos vamos a sentir deslumbrados.
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“Viajar a Portugal es adentrarse en uno de los países europeos con más historia, quizás no tan conocida para nosotros, argentinos, que fuimos formados con la visión histórica contada desde la “versión” española.
Este intenta ser un resumen de la hermosa experiencia de nuestro viaje por Portugal. Comenzamos en Lisboa, una ciudad vibrante.
Lisboa se encuentra en la desembocadura del río Tajo. Es una ciudad portuaria con salida al océano Atlántico, y esta estratégica ubicación le dio siempre a sus habitantes la posibilidad de explorar las aguas y ser grandes navegantes. El pequeño territorio portugués llevó a esos navegantes (con orden de los reyes), a explorar nuevas tierras. Con esta premisa es que llegaron a América en el siglo XV, e incorporaron al actual territorio brasileño a su reino, además de conquistar tierras en África y Asia.
Caminar las veredas de Lisboa es, para los que conocemos Río de Janeiro, una experiencia similar entre las dos ciudades: la piedra y los diseños en el suelo con la que cubren las veredas son las mismas, producto de canteras cercanas a la ciudad, y que uno de sus reyes medievales mandó a poner en todas las plazas públicas para que los elefantes que tenía como mascotas no se hundieran en el barro.
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En la época colonial, los barcos portugueses cruzaban el océano hacia América llenos de esas piedras para mantener estable la embarcación. Al llegar a Río de Janeiro dejaban allí ese cargamento y volvían a Europa con materiales preciosos, productos agrícolas y esclavos.
En 1755 Lisboa sufrió un gran terremoto que destruyó toda la ciudad. Prácticamente no quedó ningún edificio en pie. La reconstrucción de la ciudad se hizo de forma planificada, con cuadrícula en los espacios planos, y diseño estratégico de calles para la zona de colinas. Lamentablemente no quedan edificios históricos, pero es una ciudad diseñada desde cero desde aquel trágico hecho. Dicen los portugueses que en ese año, la patria volvió a nacer.
El uso de los azulejos es lo que más impacta: en épocas pasadas, cuanto más azulejo tuviera una casa, más estatus social tenía. Esta pasión por los azulejos es un legado de la ocupación árabe en la zona. Los moros usaban este tipo de revestimiento en sus edificios, y la sociedad portuguesa (sobre todo la clase alta) se apropió de esa metodología decorativa. De hecho todo el sur de España también es famoso por los azulejos. Esta tradición llegó también a Lisboa, y prácticamente a todo Portugal.
Es habitual ver casas, edificios públicos y muchas iglesias con este tipo de revestimiento, tanto en el interior como en el exterior.
Continuando con nuestro viaje, fuimos a la ciudad de Porto, segunda ciudad más importante, con el mayor flujo turístico e industrial del país.
Porto está sobre una zona de colinas, y al pie del río Duero, uno de los cursos de agua más bellos y largos de Europa. La ciudad antigua de Porto (el centro) es mágica: mantiene casas antiguas, rodeadas por templos, bodegas, y siete puentes monumentales que cruzan el Duero de una orilla a la otra, a una altura de más de 70 metros. Es muy famoso el vino de Porto, característico por su dulzor. Precisamente pudimos visitar la zona de las viñas, en el Duero alto. Es una zona de una belleza única, con colinas llenas de viñedos, rodeada de naturaleza y el Rio Duero coronando el paisaje.
(Continuará)