Recordando a Jorge Humberto Correa, a 51 años de su asesinato
Jorge Humberto Correa-Vigliano (Coque) nació el 5 de octubre de 1953 en Gualeguay, Entre Ríos. Fue buen estudiante, deportista y buen compañero. Siendo adolescente participó de la Agrupación Scout de la parroquia San Antonio, estudió en la Escuela Normal y luego en la Escuela de Comercio donde se recibió de perito mercantil en la promoción 1971.
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En Buenos Aires trabajó en la Dirección Nacional de Educación del Adulto (DINEA) y era militante de la Juventud Peronista en el Barrio Villa Constructora, Partido de La Matanza.
A medio siglo de los sucesos que marcaron el fin de su vida, su hermana María José Correa-Vigliano hace una memoria de su familia en una Gualeguay lejana. En su relato hay felicidad, tristeza y pasión; vuelve al pasado de manera amigable, a pesar del dolor y de las ausencias. Jorge Humberto vive en las palabras de su hermana, una testigo atenta a los sucesos de aquel enero del 75.
Los orígenes en Gualeguay
La familia en Gualeguay estaba integrada por seis hermanos: la madre, Chela Vigliano, y el padre, Mario Raúl Correa, ambos hijos de trabajadores. Se criaron en la casa del abuelo materno, don Segundo, en Carmen Gadea 65, donde iban a nacer todos. En el año 1960, los padres construyeron una casa a través del Banco Hipotecario y se mudaron a tres cuadras de plaza Constitución, en la calle Narvarte, entre 25 de mayo y San Antonio. Entre esas cuadras, atravesando la plaza todos los días para ir a la Escuela Normal, transcurrió la niñez de los hermanos.
María José está convencida de que la iglesia fue fundamental y decisiva en la vida de sus hermanos. Ellos pertenecían al cuerpo de boy scouts, cuyo jefe era Baby Lombardi. En ese grupo, los chicos se desarrollaron una vez terminada la primaria. Había unos curas nuevos, como el cura Chesini, que fue muy importante, y el cura Marcos Kemerer. En este grupo scout los jóvenes aprendían muchas cosas; había muchas lecturas y había un sentido social orientado a la ayuda a los humildes. Ese sentimiento de sensibilidad social hacia el otro terminaba de formar la idea que uno obtiene en su hogar.
Una formación con conciencia social
El hogar de los Correa estaba marcado por la militancia gremial del padre, quien en 1958 entró a trabajar en la usina eléctrica, dentro del gremio de Luz y Fuerza. En esas épocas el gremialismo era muy fuerte y la familia vio todo ese movimiento a través de los años; toda esa realidad también fue importante en la casa. Eran charlas entre mamá y papá; los niños vivían en una casa donde trascendía todo lo que iban aprendiendo sin darse cuenta.
Los padres seguían por la radio todas las noticias sobre la Revolución Cubana en el 59, pues interesaba mucho lo que pasaba en el mundo. Había un formato muy amplio de lo que era gremio y política, y en la escuela los profesores eran más amplios para los análisis. Jorge y su hermano mayor, Raúl, eran muy buenos alumnos. Jorge incluso ganó el primer premio en un concurso literario en 3º año tras escribir una poesía o un cuento sobre la madre; allí se descubrió su talento para las letras.
La infancia de los hermanos fue descrita como idílica. En la década del 60, socialmente no eran distintos; en la escuela no había distinción y todos aprendían con los mismos elementos. Los miércoles en casa se miraba boxeo y mamá hacía pizza; los domingos el fútbol era la regla mientras ella planchaba los guardapolvos. “Éramos felices, muy felices”, recuerda María José. Jorge disfrutaba de la música de los Beatles, el folclore y de lecturas como El Tony e Intervalo. También aprendieron a nadar en el río y participaban de los corsos populares disfrazados de "mascaritas" para entrar gratis a los bailes.
El despertar de la militancia
En los años 65/66 hubo un gran movimiento eclesiástico donde las ciudades fueron visitadas por misiones de curas jóvenes. Se iba a la iglesia, pero la muchachada también iba a leer, a enseñar a escribir, a pintar y a cocinar; toda esa misión venía acompañada con una conciencia de lo que sucedía socialmente. El foco estaba en los barrios.
La relación entre la iglesia y los jóvenes era tan estrecha que, cuando el hermano mayor de Jorge, "Coya", se fue a estudiar a Buenos Aires en 1970, lo hizo con un permiso del cura que actuaba como tutor. María José reflexiona sobre la importancia de estos agentes en la sociedad y sus roles sanos, contrastándolo con el individualismo y la corrupción que percibe en tiempos posteriores.
Jorge, por su parte, era un joven jaranero, menudo, de pelo abundante y oscuro, y muy hincha de San Lorenzo. Admiraba profundamente a su hermano mayor. Tras recibirse en 1971, pidió un año sabático para quedarse en Gualeguay, donde armó reuniones con sus amigos en la casa del abuelo Segundo. Jorge era muy compañero y muy dulce; los hermanos fueron criados con cariño y libertad.
En 1972, Jorge se trasladó a Buenos Aires. Allí, ambos hermanos militaban dentro de la Juventud Peronista. El trabajo social que hacían en su ciudad natal tuvo continuidad en Villa Constructora, en La Matanza. Aunque los padres sabían de la militancia de los chicos, no sabían cuán feroz era el Terrorismo de Estado que se venía. La consigna era “Luche y vuelve”; participaron en la recepción de Perón en Ezeiza junto a Nora Aída Goldstein, la compañera de Raúl. Según María José, a pesar de la escuela gremial del padre, fueron los hijos quienes lo llevaron al ruedo del análisis y la lectura política.
El asesinato en la fábrica Borgward
Jorge Humberto Correa fue asesinado por una patota sindical del gremio SMATA el 16 de enero de 1975. El hecho ocurrió en la puerta de la fábrica de autopartes Borgward, mientras Coque repartía volantes a los obreros que ingresaban a la fábrica. Los disparos se realizaron desde la esquina. Jorge cayó herido de dos balazos en la cabeza a las seis de la mañana del día 15 de enero y falleció al día siguiente.
En Gualeguay, la familia esperaba que ese 15 de enero vinieran Nora y Raúl, porque se casaban ese día y planeaban viajar a la ciudad. Sin embargo, la tarde se tornó oscura cuando la policía allanó la casa familiar. Los efectivos le dijeron a la madre que tenía un hijo muerto y el otro desaparecido. El periodista Mario Alarcón Muñiz, amigo de la familia, trajo el cable de Télam con la noticia. Jorge, Raúl y Nora pertenecían a las filas de Montoneros. Estaban jugados por sus ideales; para su hermana, un joven a los 20 años da todo por la transformación, incluso la vida, debido al convencimiento. María José rechaza la idea de una "lavada de cabeza", afirmando que todos tenían una capacitación y un compromiso social parido en su formación cultural.
Un entierro bajo vigilancia
El cuerpo de Jorge fue retirado del hospital por sus tíos, quienes decidieron traerlo a Gualeguay para que su madre pudiera enterrarlo junto a su abuelo. El traslado fue dificultado por controles en la ruta que demoraron la llegada hasta las diez de la noche. Al llegar, se encontraron con un gran despliegue de la policía armada con ametralladoras.
En la ciudad se había montado una "epopeya épica" falsa, sugiriendo que los Montoneros vendrían a robar el cuerpo. La policía pedía documentos a los compañeros de escuela de Jorge y no los dejaban estar presentes. No se permitió que familiares y amigos realizaran velatorio y homenaje final. El ataúd fue llevado directo al cementerio, el cual estaba iluminado como si fuera de día y rodeado de policías y fotógrafos de la fuerza. El féretro tenía una pequeña ventana de vidrio para que la madre pudiera verlo, pero al llegar, lo metieron rápidamente en el nicho y sacaron a todos los presentes. Al día siguiente, cuando la familia regresó, el nicho ya había sido cerrado; no pudieron verlo.
Las consecuencias para la familia
Tras la muerte de Jorge, la persecución continuó. El padre, Mario Raúl, fue detenido y torturado psicológicamente durante quince o veinte días. Le ponían muertos tapados con mantas y le hacían escuchar gritos, haciéndole creer que su otro hijo, Raúl, estaba muerto. Finalmente, padre e hijo se encontraron en una celda oscura antes de que el padre fuera liberado. Al salir, Mario fue despedido de su trabajo por ser padre de un montonero. Raúl quedó a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. La familia se desarmó en medio de un clima donde el Terrorismo de Estado ya estaba en funcionamiento. María José concluye que hubo una preparación para el Golpe y la dictadura, donde moriría una generación que buscaba un cambio social . En Gualeguay, tras el asesinato, la familia pasó a ser vista por algunos sectores como "los chicos malos", los hermanos del guerrillero, en una sociedad que en ese momento evitaba comprometerse.
A 51 años de su muerte, la historia de Jorge Humberto Correa permanece como el testimonio de un joven comprometido con la sensibilidad social, cuya vida fue truncada en los albores de los años más oscuros de la historia argentina. Todo el texto completo y muchas más historias de aquellos años se pueden encontrar en “La verdad es hija del tiempo”, el libro de la APDH Gualeguay.
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