Una misa por el fin de la Segunda Guerra y otras efemérides
La historia de Gualeguay, cincelada por las circunstancias y el genio de su gente, guarda en los días de mayo hitos que reflejan desde la esperanza por el progreso mineral y la gloria deportiva, hasta las sombras de la esclavitud y la solidaridad con la paz mundial. Al recorrer estas efemérides, la ciudad se revela como un sistema donde la memoria colectiva revive momentos de profunda trascendencia institucional y humana.
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11 de mayo: Fe, paz y el rastro de la esclavitud
El 11 de mayo de 1945 quedó grabado en la memoria local como una jornada de comunión universal. Tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, la Parroquia San Antonio se convirtió en el epicentro de un solemne Tedeum por la paz, acto que contó con la asistencia masiva de autoridades locales y vecinos, sumando a Gualeguay al regocijo global por el cese de las hostilidades en Europa. Este gesto de fe y unión republicana reafirmó el carácter sensible de una sociedad que siempre ha latido al ritmo de los grandes acontecimientos nacionales y mundiales.
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Sin embargo, retrocediendo en el tiempo, el 11 de mayo de 1817 nos devuelve una estampa mucho más sombría de la época colonial. En los libros parroquiales se registró ese día la defunción de Antonio Wright (anotado como "Urite"), un hombre de raza negra y esclavo de Juan Carlos Wright. Según el acta del Cura Rector Antonio Díaz, el hombre falleció sin recibir los sacramentos por haber sido traído recientemente "del otro lado" (posiblemente de ultramar o del Brasil) y fue enterrado en el Campo Santo.
Este registro es un testimonio crudo de la población africana en el Gualeguay antiguo, que representó un cimiento humano fundamental, a menudo sacrificado en las guerras de la patria o diezmado por las epidemias antes de diluirse en el mestizaje de la región.
9 de mayo: El sueño del carbón y el nocaut de "La Pantera"
La búsqueda del progreso económico marcó el 9 de mayo de 1863. En esa fecha, el Ministro General de la Provincia, Manuel Leiva, admitió formalmente la denuncia de Narciso Narvarte sobre el descubrimiento de una mina de carbón en el departamento. La mina, que Narvarte llamó "Descubridora de San Antonio", se localizaba en terrenos sedimentarios denominados "Pencélico", cerca del establecimiento de Gervasio Méndez. Para supervisar los trabajos de sondeo, el gobierno designó como inspector provisorio a Antonio Cuyás y Sampere, una figura de gran relevancia en la historia local por sus detallados apuntes sobre la provincia.
Siete décadas después, el 9 de mayo de 1936, la ciudad vibró con el fragor del boxeo. El joven púgil local Luis Roque Jaime, apodado "La Pantera", se consagró campeón entrerriano en la categoría mosca. El combate tuvo lugar en un ring levantado en el club Gualeguay Central, donde Jaime venció por nocaut en el quinto asalto al paranaense Oscar Martínez. La pelea fue arbitrada por el Dr. Francisco Barroetaveña y contó con los Dres. Gregorio V. Moran y Luis R. Mac’Kay como jurados, reflejando cómo los personajes más ilustres de la sociedad se involucraban apasionadamente en la vida deportiva de la comunidad. Jaime, quien continuó su carrera con diversa suerte durante años, se convirtió en uno de los mejores exponentes que ha dado el boxeo gualeyo.
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Desde la trágica realidad de la esclavitud hasta el júbilo por la paz y el éxito deportivo, cada efeméride constituye un ladrillo en el edificio de la memoria colectiva, un "pasaporte al porvenir" que modela el carácter ineludible de nuestros habitantes.