Vecinos del Tercer Cuartel cuestionan el método de cobro del asfalto y la ausencia de información
Aseguran que la deuda apareció cargada en el sistema municipal antes de cualquier notificación formal, que no se explicó cómo se calculó el costo de la obra y que la ordenanza de moratoria invocada “no aplica” a su caso.
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Un grupo de vecinos del Tercer Cuartel de Gualeguay comenzó a organizarse de manera autoconvocada luego de verse sorprendidos por el cobro de la obra de pavimentación realizada en sus calles, una obra que —según relatan— se ejecutó sin consulta previa, sin reuniones informativas y sin explicaciones formales sobre costos, plazos o modalidades de pago.
“Acá nadie vino a preguntarnos nada, ni a decirnos, ni a explicarnos nada, nunca”, afirmó uno de los vecinos, quien pidió expresamente dejar en claro que se trata de un grupo independiente. “Nosotros somos vecinos autoconvocados. No pertenecemos a ninguna agrupación política, ni sindical, ni nos patrocina ninguna corporación económica. Nos juntamos exclusivamente para esto y por esto”, remarcó.
Sin aviso previo
Según explicó, los trabajos comenzaron sin instancias de diálogo. “Veíamos que la gente estaba trabajando muy bien, pero nadie nos decía nada. Nunca se habló de en qué forma, cuándo ni cómo se iba a pagar”.
La situación generó especial desconcierto porque, en algunos casos, la calle ya contaba con trabajos previos abonados por los propios frentistas. “Por lo menos algunas calles ya tenía la mitad del trabajo hecho y pagado, que fue el cordón cuneta. Eso lo pagamos en el año 2010, con muchos sacrificios, pero lo hicimos porque era un avance”, recordó.
En ese sentido, relató que, conversando de manera informal con los trabajadores de la obra, recibió explicaciones técnicas que reforzaron sus dudas. “Me dijeron que ya estaban hechos los niveles, las caídas, que lo único que faltaba era rellenar el medio. O sea, teóricamente nosotros deberíamos pagar la mitad, porque la otra parte ya estaba hecha, construida y pagada”, señaló.
Se enteran por casualidad
La sorpresa mayor llegó en agosto de 2025. “Yo me entero de esta deuda por casualidad. Entro a la web de Rentas para pagar otro impuesto y me salta una deuda de 2 millones 600 mil pesos”, contó.
“O sea, la deuda ya estaba cargada y liquidada en el sistema, con vencimientos incluidos, antes de que nadie me hubiera notificado nada”.
Ante esa situación, el vecino se dirigió personalmente a la oficina de Rentas. “Me dicen ‘sí, eso es del asfalto, pero por ahora no se va a cobrar’. Pero cuando yo miro el papel, había un vencimiento el 31 de agosto y otro en septiembre. Ya estaba todo armado”, explicó.
La preocupación no es menor. “Una deuda fiscal no es cualquier cosa. Yo sé muy bien que una deuda fiscal, en el estricto cumplimiento de la ley, puede terminar en un juicio de apremio. Y un juicio de apremio, a la larga, puede derivar en la subasta de una propiedad”, advirtió.
“No quiero alarmar, pero eso es lo que formalmente corresponde y yo he visto muchos casos”.
La última comunicación fehaciente que recibieron los vecinos fue una notificación firmada por la Dirección de Rentas el 29 de octubre de 2025. “Desde ese día, nunca más nadie nos dijo nada. Ninguna autoridad municipal vino a decir ‘vamos a conversar’, ‘vamos a explicarles’. Nada”, sostuvo.
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Una moratoria que no aplica
Desde entonces, los vecinos realizaron consultas individuales, pero las respuestas —según relatan— fueron imprecisas. “Nos dicen ‘esperen, va a haber una moratoria’, pero hasta ahora no hay nada concreto. Todo es de palabra”, afirmó.
En ese punto, el entrevistado fue enfático en una aclaración que considera clave: la Ordenanza 3220/24 no resulta aplicable a este caso.
“Esa ordenanza es para deudas vencidas al 31 de julio de 2024 y establecía como fecha límite para adherirse el 31 de diciembre de 2024. En ese momento nosotros ni siquiera estábamos enterados de esta deuda”, explicó.
“La notificación oficial es del 29 de octubre de 2025. Por donde se la mire, esa norma ya perdió vigencia para nuestra situación”.
Otro eje del reclamo es el desconocimiento absoluto sobre cómo se calculó el costo de la obra. “No sabemos si se está cobrando el costo real o un costo actualizado. Nadie vino a explicarnos nada nunca”, insistió.
En algunos casos, los montos ascienden a cifras aún mayores. “Mi caso es de 2 millones 600 mil, pero tengo vecinos con deudas de cinco y hasta seis millones de pesos, dependiendo del frente que tengan”.
Para el vecino, el problema no es solo económico, sino también de principios. “La contribución por mejora es un tributo, y hay principios muy claros. Un tributo no puede ser confiscatorio”, afirmó.
“Así como está planteado, esto es confiscatorio. Y además se viola el principio de la oportunidad: no sabemos cómo ni cuándo lo vamos a poder pagar, ni siquiera si lo vamos a poder pagar”.
El impacto social también aparece como una preocupación central. “Este es un barrio humilde, de gente de trabajo. Hay muchos jubilados, gente grande, con problemas de salud”, describió.
Según la notificación recibida, la cuota mínima de un eventual plan de pagos sería de 66 mil pesos mensuales. “Para un jubilado que cobra la mínima, eso es una parte muy importante de su ingreso. Se le hace muy pesado afrontar una cuota así”, señaló.
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La falta de planificación y la presentación de una nota
El vecino también recordó que, históricamente, las obras de pavimentación en Gualeguay se realizaban con instancias de consulta previas. “Existía la CEPOP, una comisión que iba cuadra por cuadra, hablaba con los vecinos, explicaba costos, materiales, formas de pago. Eso funcionó durante décadas y dio muy buenos resultados”, señaló, contrastando ese esquema con la situación actual, que definió como una “teoría de los hechos consumados”.
Ante la falta de respuestas, los vecinos presentaron una nota por mesa de entrada el 20 de enero, solicitando información y una instancia de diálogo. “Dejamos mail, dejamos contacto, pero hasta ahora no recibimos ningún llamado ni ningún correo”, indicó.
El reclamo, aclaran, no apunta a rechazar la obra. “Que quede claro: todos queremos tener la calle asfaltada. Como cualquier padre quiere festejar el cumpleaños de 15 de su hija”, comparó.
“Pero esas cosas se planifican con anticipación. Acá no hubo planificación ni previsibilidad. Lo único que pedimos es información, diálogo y que se nos participe de las decisiones”, concluyó.
“Después de todo, somos nosotros los que pagamos”.