Mirada Agroempresaria
La ruleta rusa inevitable
El negocio agropecuario está prácticamente en un estado de emergencia permanente. En 2016 fue por exceso hídrico, hoy por sequía. Al ser un problema que afecta de manera directa a las economías regionales y principalmente en provincias poco industrializadas como la nuestra, generalmente, la declaración de emergencia no tarda en llegar. Pero… ¿Es suficiente para morigerar los avatares de un negocio que viene erosionando campaña tras campaña el capital de trabajo de los productores?
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Estamos de acuerdo que las prorrogas de obligaciones impositivas y bancarias, sumadas a las líneas de crédito subsidiadas, son necesarias para que productores que hoy tienen el agua al cuello no mueran ahogados, pero ¿son suficientes para que salgan a flote? A la locura climática que estamos viviendo se le suma un factor caprichoso. En algunas zonas llueven 100 mm y a 20 km no cae una gota. Uno se salva, el otro muere. En este sentido, apostar a una nueva campaña se ha convertido en una especie de ruleta rusa. ¿A quién le tocara la bala el próximo año? ¿Nuevamente a mí o a mi vecino?En este contexto los beneficios enmarcados en las ya frecuentes emergencias agropecuarias serian efectivos en tanto y en cuanto la próxima campaña sea lo suficientemente buena como para afrontar las deudas prorrogadas, recuperar el capital de trabajo y poner el auto en marcha para la próxima carrera, sobre la cual no disponemos de hoja de ruta alguna.¿Quien le garantiza al productor que la próxima campaña será lo suficientemente buena como para reparar el daño y seguir en carrera? ¿Que pasara si estamos nuevamente en emergencia?Por ahí el error es pensar que el problema es solo de un sector y que con algunas prorrogas y subsidios de tasa se arregla. El tema es mucho más serio. Hay que repensar el negocio desde la perspectiva del productor y hay que repensarlo desde la perspectiva de las políticas públicas. Es hora de reconocer que no estamos ante la gallina de los huevos de oro. Que el campo ya no puede financiar al estado sino más bien, es hora de empezar a compartir riesgos.Los niveles de inversión cada vez son más elevados, el dólar y su doble efecto netea el beneficio en precios con el aumento de los costos. La inflación carcome la poca rentabilidad del negocio y en este contexto los impuestos y el costo financiero cada vez más elevado son el contrapeso para carretear y retomar vuelo.La emergencia va camino a ser permanente. El estado, como cualquier amigo, le da un palmadita al productor y le dice que lo aguanta hasta la próxima campaña. Todas las expectativas están puestas en el 2019. La pistola de la ruleta rusa esta lista y al productor, no le queda otra que [email protected]
