LOS BOSQUES NATIVOS EN ARGENTINA (2° PARTE)
LA DESTRUCCIÓN DE LOS BOSQUES NATIVOS EN ARGENTINA Lamentablemente los bosques nativos sucumben ante las topadoras y la irracional expansión de los cultivos de soja y otras plantas transgénicas, favorecidas por gobiernos provinciales y un gobierno nacional absolutamente incompetentes. Mientras la estadística sobre desmontes que genera la Secretaría de Ambiente de la Nación se actualiza con cierta regularidad (2008), los desmontes continúan.
Argentina ya perdió más del 80% de sus bosques nativos, y el proceso continúa. En 1914 los bosques nativos cubrían estimativamente 106 millones de hectáreas (Di Pace y otros, 1992). Hacia 1926 el Anuario de la República argentina reducía ese patrimonio de "bosques y montes" a 74.740.000 hectáreas (Montenegro, 1987). Si estas cifras son exactas, en ese período se perdió un total de 31.260.000 hectáreas. Hacia 1995 la CEPAL, en su "Desarrollo económico de Argentina", estimaba que los bosques ocupaban una superficie de 60.300.000 hectáreas. La nueva pérdida fue de 11.440.000 hectáreas en 29 años. Posteriormente Luis Foulón y Domingo Cozzo calcularon en un trabajo para el Consejo Federal de Inversiones que la Argentina tenía, en 1963, un total de 58.740.000 hectáreas. En estos 8 años (1955-1963) se habrían destruido por lo tanto otras 1.560.000 hectáreas. En 1984 el entonces IFONA estimó que nuestro país solo conservaba 36.000.000 de hectáreas. La destrucción sumó así hasta ese año 22.740.000 hectáreas de bosque nativo (1963-1984) (Montenegro, 1987).Estas cifras son aterradoras. Entre 1914 y 1986 se destruyó el 66% de toda la superficie boscosa autóctona de Argentina, es decir unos 70.0000.000 de hectáreas. El exterminio se concretó a un promedio de 972.222 hectáreas por año (3). Di pace estimaba en 1992 que el 80% de la tierra plana con potencial agrícola de los bosques del Espinal, Yungas y Chaco ya había sido desmontada (Di Pace y otros, 1992).Con criterio conservador puede estimarse, tal cual se indicó anteriormente, que Argentina perdió más del 80% de sus bosques nativos. Esta cifra no incluye otros ambientes nativos de matorral y pastizal que también sufrieron un ritmo similar de destrucción.Nuestra cultura antibosque, agravada por la irracional expansión de la soja transgénica y otros OGMs, destruyó un patrimonio único e irreemplazable en tiempos humanos de suelos sostenibles, de biodiversidad, de cuencas hídricas y de ecosistemas completos. Uno de los ambientes más característicos de la Provincia Biogeográfica del Espinal, el Distrito del Algarrobo, ya está prácticamente extinguido. Solo quedan islas dispersas que pierden rápidamente especies y estabilidad.En cuanto a las selvas subtropicales de las Yungas y Paranaense su estado es desesperante. Es cierto que el sistema de áreas naturales protegidas conserva segmentos de bosque y otros ambientes nativos, pero esta estrategia no garantiza la estabilidad ambiental de un país. Solo son muestras parciales, no unidades con superficies, volúmenes y biodiversidades suficientes para balancear las superficies dedicadas a producción (cadenas alimenticias cortas), a expansión urbana y a pavimentación. Tres razones explican esta insuficiencia.En primer lugar porque todos los ecosistemas, pero por sobre todo los de mayor extensión, como la provincia Biogeográfica Chaqueña, contienen numerosos arreglos ecológicos singulares y hasta únicos que nunca fueron protegidos. Los bosques chaqueños de las sierras de Córdoba y San Luis por ejemplo difieren del bosque chaqueño de llanura que se extiende al sur de Santiago del Estero, y éste, a su vez, de los bosques chaqueños de Copo y del Chaco subhúmedo del litoral del Paraná. la región chaqueña nunca fue un ecosistema homogéneo. En el siglo XVIII era un ambiente boscoso heteromorfo con pulsos que lo movían desde el estado de pastizal al de bosque, y del bosque al pastizal. Lamentablemente la mayoría de sus ecosistemas menores y singulares ya desaparecieron o están por desaparecer. El peor error fue creer que hay un único Chaco y que bastaba con conservar unos pocos miles de hectáreas encerradas en un parque.De acuerdo al Principio de Relatividad Biológica (Montenegro, 1999) cada segmento de ambiente nativo tiene particularidades no halladas en las restantes unidades de la misma provincia Biogeográfica. La presunta homogeneidad resulta de utilizar criterios de evaluación muy generales que disimulan estas diferencias. Si un ecosistema nativo tenía 100.000 hectáreas de superficie y se desmonta la mitad, el remanente (50.000 hectáreas) no conserva la totalidad de los atributos ecológicos del 50% destruido. Dentro de las opciones ecosistémicas disponibles es apenas lo más semejante pues no existen "clones ecosistémicos". Este principio agrava las consecuencias de los desmontes masivos e irracionales que todavía continúan en Argentina ante la indiferencia e incapacidad de control de las distintas jurisdicciones.En segundo lugar porque los ecosistemas naturales en general (aquellos con relaciones P/R ~ 1, donde "P" es producción y "R" respiración) y el bosque Chaqueño, las Yungas o la Provincia Biogeográfica Subantártica en particular, por ejemplo, sufren el "efecto isla". El Principio de Biogeografía de Islas desarrollado por Edward Wilson y Robert Mac Arthur permite anticipar que si un ecosistema muy extendido se reduce en superficie, las "islas" que van quedando pierden especies y biodiversidad. Cuanto más pequeña es el área remanente, y por lo tanto el número de especies y de individuos por especie, crece la posibilidad de colapso o desaparición del ecosistema. Solo superficies muy grandes -parecidas a las originales- aseguran una cierta supervivencia. Recordemos que un bosque no es solamente una colección de grandes árboles. Es un conjunto de miles de especies representantes de los grandes grupos de de organismos vivos que entrelazan el suelo, la atmósfera y las aguas, desde virus y organismos unicelulares hasta organismos extremadamente complejos como las plantas verdes y los cordados (Montenegro, 1999). En un bosque están representados por lo tanto los cuatro Dominios actualmente reconocidos de seres vivos: Virus, Archaea, Eubacteria y Eukarya.En tercer lugar porque Argentina se encuentra entre los países que poseen menor porcentaje de superficie dedicada a áreas naturales protegidas, no solo en relación con países industrializados sino también del tercer mundo. El pobre 4,5% de nuestro país (1990) contrastaba con el 37,0% de Venezuela, el 27,5% de Costa rica y el 9,5% de Cuba. Según Di Pace el Gran Chaco figura entre las regiones más desprotegidas de Argentina, con menos de un 1% de su superficie original dedicada a parques y reservas (Di Pace y otros, 1992).Pero los bosques nativos no sólo sucumben ante las topadoras, las cadenas y las motosierras. El fuego, el sobrepastoreo y la contaminación también reducen el patrimonio forestal. En Córdoba por ejemplo los efectos del fuego han sido devastadores (ver abajo).A la luz de estas realidades particularmente duras, una hectárea desmontada en 2008 tiene un impacto relativo mucho mayor que una hectárea desmontada, por ejemplo, en 1914. La existencia de apenas un 20% o menos de la superficie boscosa original enfatiza este criterio. Lamentablemente los gobiernos provinciales con bosques remanentes siguen atribuyendo el mismo valor relativo a una hectárea de bosque nativo cualquiera sea la superficie total de bosque nativo que todavía sobrevive, e independientemente de la continuidad que muestren esas superficies remanentes. Como ya se indicó anteriormente, no es lo mismo una determinada superficie de bosque continuo que la misma superficie distribuida en "islas" sin contacto directo entre sí.En la provincia del Chaco, dominada por la Provincia Biogeográfica Chaqueña, la superficie boscosa original, de unas 10.000.000 de hectáreas, se redujo a 3.800.000 hectáreas (2008). Lamentablemente tanto los emprendimientos privados como la desordenada transferencia de tierras fiscales a empresas agropecuarias nacionales y extranjeras podría llevar ese valor a menos del 10%.constitucionales sobre participación de los pueblos indígenas afectados, y de los distintos sectores y agentes sociales
