Por Susana Merlo
Máxima dependencia
Con cada día que cae un poco más el precio de la soja en el mundo (ya lleva alrededor de US$ 150 por tonelada, desde su máximo de US$ 650/tn), y con cada nueva lluvia local que retrasa/impide la siembra de los granos gruesos (entre ellos la soja), el gobierno se vuelve más y más dependiente de la oleaginosa. Tal vez sin quererlo, aunque hizo absolutamente todo durante casi 10 años para desembocar ahora en este callejón sin salida que lo deja demasiado vulnerable ante el doble efecto: caída de precio más caída de volumen.
Pero hoy tampoco hay otra alternativa, no hay tiempo para producir otra cosa y tampoco hay estructura para arriesgarse. Las pérdidas de la cosecha fina (trigo, colza, cebada, centeno, garbanzos, etc.) ya son irreversibles; el tiempo del maíz prácticamente pasó; el girasol sigue debatiéndose con sus propios problemas; y solo el sorgo, de la mano de sus comparativamente bajos costos y su flexibilidad, es probable que si deja de llover pueda crecer un poco.Ni siquiera la soja puede aprovechar la caída del resto y, si bien su época de siembra es más extensa, ya es imposible llegar a los 20 millones de hectáreas con que se especulaba hasta hace un par de meses atrás y para colmo, con cada día que pasa y se aleja su fecha óptima de siembra va mermando el rinde.De todos modos seguirá siendo el cultivo más extendido del país y el que le aporta más réditos (divisas y retenciones) al Gobierno.Y si bien es cierto que en la última campaña la pérdida de unos 20 millones de toneladas de granos a causa de la sequía era difícilmente evitable (aunque Brasil encaró un ambicioso programa de financiación de riego con el que espera poder neutralizar al menos parte de esos daños), ahora con las inundaciones la situación es totalmente distinta.Entre otras cosas porque las herramientas están. Se sabe que se pueden hacer cosas (obras públicas), están los estudios que demoraron años y hasta se comenzaron las acciones en la década pasada.El ambicioso Plan Maestro iba a permitir canalizar el grueso de los excesos provenientes, tanto de lluvias copiosas como por el escurrimiento y desmadre de vías de agua. El Salado, el Río V, etc., no son "novedades". Causaron pérdidas inconmensurables a la producción argentina durante décadas.¿Cómo es posible despertar hoy con la noticia de que La Picaza desbordó, y que a ningún funcionario nacional o santafesino se le caiga la cara de vergüenza? ¡Ni hablar de alguna explicación sobre las obras que no se hicieron!Pero hay "cuentas de almacenero" que son más sorprendentes aún. Lo que se dejó de producir y se perdió el año pasado representó, groseramente, unos US$ 10.000 millones que son los que ya faltaban para desarrollar esta campaña, aún antes de que comenzaran las lluvias en agosto/septiembre.Por supuesto que la cifra crece exponencialmente si se consideran los 600.000 viajes menos de camión, el combustible por transporte y por maquinaria que se gastó, los agroquímicos que no se colocaron, etc.Lo grave es que en esta campaña todas esas cifras se pueden duplicar, y la razón que justifica semejante merma es que NADIE PENSO, tomó previsiones o continuó las obras que ya se habían decidido.La pregunta es ¿quién...?¿Quién sería el responsable de que el país y su gente pierdan semejante masa de plata? ¿Nadie se va a hacer cargo de tamaño daño?Pero lo peor es que ni siquiera actúan "en defensa propia".No es ningún secreto que al gobierno le falta plata, los recursos no le alcanzan, y el "plan" hace agua por todos lados.¿Y qué va a pasar el año que viene, en plena campaña política, cuando las pérdidas de ahora sean inocultables, lo mismo que el malhumor de la gente del interior por tanto desperdicio?¿No hubiera sido mejor hacer algo en lugar de "ningunear"?Tal vez desde ahora hasta entonces, alguien salga a dar algún tipo de explicación. Tal vez, también, rueden algunas cabezas antes (por cualquier causa), pero el daño ya está hecho, y si el "yuyo" tuviera conciencia sabría que tiene prácticamente en sus manos las posibilidades de todo un gobierno.
