Ni por fascista ni negacionista
Ni por fascista, negacionista ni anarcocapitalista. El voto a Javier Milei requiere un análisis estructuralista. Paradójicamente, un interesante herramental teórico dentro de esta corriente sociológica y filosófica para explicar su gran caudal de votos se encuentra en una visión marxista de la sociedad, algo que no le gustaría al candidato más elegido en las últimas PASO.
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Según el marxismo, primero el ortodoxo y luego, con algunas modificaciones como las realizadas por el gramscianismo, el heterodoxo, la sociedad mantiene una forma de estructura. En su base está la infraestructura, conformada por las fuerzas de trabajo, a fin de cuentas los trabajadores y trabajadoras, y las relaciones sociales de producción, por ejemplo, los contratos de trabajo vigentes. En definitiva, estamos hablando del aspecto económico. Sobre esta mencionada base se ubica la superestructura, aquí se encuentran los códigos, las ideas, las éticas, la moral, entre otras cuestiones ligadas a una determinada sociedad. Fundamentalmente se encuentra la cultura. En la teoría marxista, es la base o infraestructura la que determina a la superestructura (posteriormente, los heterodoxos dirán que esta última sobredetermina a la primera). En este sentido, la explicación de los fenómenos sociales deberían comenzar desde el análisis económico.
El primer párrafo nos brinda una indicio para explicar el voto a Javier Milei. “Es la economía, estúpido” decía una frase muy utilizada en la política estadounidense durante la campaña electoral de Bill Clinton en 1992 contra George H. W. Bush (padre), que lo llevó a convertirse en presidente de los Estados Unidos. Como concepto, este enunciado ejemplifica lo ocurrido en nuestro país en los últimos comicios electorales.
Con una inflación descontrolada, una deuda externa acuciante, un crecimiento per cápita negativo desde hace más de una década sumados a la pobreza, indigencia y pérdida de poder adquisitivo cada vez más grande por la devaluación y el mencionado índice inflacionario, la economía nacional no encuentra respuestas en una dirigencia inerte y obsoleta que cansa día a día cada vez más a la sociedad civil. Esta situación deriva en que el régimen político en el cual convivimos comience a resquebrajarse y por esas grietas se le abren oportunidades a los “outsiders” del sistema político tradicional con sus ideas muchas veces por demás grandilocuentes.
Que quede claro: el electorado de Milei no es ni fascista, ni negacionista, al menos en su mayoría. Las razones de sus votantes van de la mano de una economía que no encuentra salida sumado a un contexto político que no le otorga respuestas a las demandas sociales más solicitadas.
Claro está que las propuestas del precandidato más votado en las PASO carecen de sustento herramental para poder llevarse a cabo. Es el típico ejemplo de cuando la teoría choca contra la realidad. De todas maneras, a sus contrarios, tanto del lado de Massa como de Bullrich, no les alcanza únicamente con rebatir los argumentos del conductor de La Libertad Avanza, necesitan además proponer soluciones y mejorar la calidad de vida de las personas, esto aplica aún más al candidato de Unión por la Patria, que forma parte del oficialismo actual. El caso de Bullrich también es muy complejo. Debe enfrentar a Milei en una lucha dialéctica y político-electoral con el ancla de haber formado parte de la floja gestión que fue del 2015 al 2019. Es decir, que la triunfadora de las internas de Juntos por el Cambio debe prometer un futuro desde un pasado donde hizo agua por muchas partes. En el área de propuestas sus antecedentes no la avalan. Precisamente allí está una de las ventajas de Javier Milei, arranca de foja cero, no tiene ningún archivo que lo complique básicamente porque nunca tuvo que gestionar como sí lo hicieron y hacen sus contrincantes del momento.
En fin, el voto a Milei se explica por lo económico y no por lo ideológico. Ahora sólo queda esperar cómo se posicionarán los demás candidatos de cara a su figura y el enorme caudal de votos que consiguió.
Julián Lazo Stegeman