Dos entrerrianas en las montañas del RIF: “Marruecos nos dio vuelta la cabeza”
Stella y Esmeralda, dos ceramistas y viajeras entrerrianas, vivieron una experiencia transformadora en Marruecos, donde se sumergieron en la cultura ancestral de las alfareras del Rif. A través de talleres, encuentros y recorridos por distintas regiones del país, descubrieron una tierra de colores, sabores, oficios y tradiciones que las conectó profundamente con la cerámica y con una forma diferente de entender la vida.
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“Marruecos te hace viajar a través de los colores, las texturas, los sabores y la amabilidad de su gente”
-¿Cuándo y cómo decidieron este viaje?
-Andrea Carreras, ceramista y viajera argentina, de San Luis brinda experiencias alfareras únicas, y por septiembre 2025 publicó la propuesta de “Ruta Ancestral Marruecos: las últimas alfareras del Rif “ y ahí nuestras posibilidades y entusiasmo hicieron que reservemos nuestro lugar en esta experiencia que sin dudas cambió nuestra manera de vivir la cerámica, de conectar con colegas de la Argentina en otro país y de la revalorización cultural del gran Marruecos.
-¿Cómo llegaron hasta Keltrum, la alferea del rif??
-Como mencionamos, nosotras fuimos en grupo y llegamos a ella gracias a Andrea, quien pensó minuciosamente esta experiencia y posibilitó que 20 mujeres argentinas lleguemos adentro de las montañas del Rif a conocer a esta gran alfarera bereber.
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-¿Cómo fue esa experiencia y cuántos días permanecieron en las montañas?
Invaluable, increíble… Una experiencia que nos sensibilizó, llevándonos a revalorizar la riqueza de la naturaleza circundante, el poder de la simpleza y que un idioma, a veces, no es obstáculo cuando se siente con las manos, se habla con la mirada y se vive con el alma.
Llegamos en vehículos 4x4 a la casa de Fátima, mujer que busca justamente incentivar proyectos donde se busca mostrar su cultura, ubicada en una zona llama Moulay Bouchta, el día 22 de mayo y permanecimos ahí realizando talleres, disfrutando de la naturaleza, la desconexión y de comida casera (increíble) hasta el 25 de mayo.
Un lugar donde se vive y habla de la tierra y tintes de la naturaleza para trabajar la arcilla local, pinceles de pelo de caballo unidos por arcilla, llenos de simpleza. Mosaicos confeccionados y llenos de símbologia ancestral. El ritual de hornear en el piso al pie de la montaña como protectora y poder traernos nuestras piezas.
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-¿Qué otras ciudades visitaron y que impresión les causaron el país en general y los marroquíes en particular?
-Tuvimos la oportunidad de vivir Marruecos casi al completo; empezamos por Tanger, donde tuvimos un taller de caligrafía árabe, recorrimos su medina y disfrutamos de su hermoso mar. Recorrimos Chefchaouen, la famosa ciudad azul, alucinante. Las montañas del Rif, a modo de retiro alfarero. Fez, donde realizamos una visita a una fábrica alfarera y una experiencia de la técnica Zellige, técnica ancestral marroquí, otro de tintes naturales de lanas en plena medina (la más antigua). Ifranie, donde conocimos otro lado de marruecos, un sitio similar a Bariloche, donde hay un centro de esquí a donde van familias de todo el país en invierno, continuamos para Erfoud, ciudad desértica, con construcciones de adobe increíbles, en donde hicimos noche y al amanecer pudimos disfrutar de una experiencia en la puerta del desierto Sahara, donde anduvimos en dromedarios y vivenciamos un amanecer que quedará por siempre en nuestra memoria, además conocimos un oficio de la zona donde trabajan la piedra puliendo y sacando a la luz los rastros del pasado oceánico donde caracoles, medusas, algas generan en las piedras obras de arte. Tinerhir, donde hay un gran oasis en un clima totalmente desértico, siguiendo para Ouarzazate. Ait Ben Haddou, un pequeño poblado donde solo habitan 5 familias, totalmente de adobe y conocido por ser escenario de varias películas, como Gladiador. Donde, gracias a la guía de un local, conocimos una técnica ancestral bereber de escritura secreta con té y azúcar ancestral.
Y, para finalizar, llegamos a Marrakech, que le llaman la perla del sur, que sin dudas confirmamos que lo es, repleta, respetuosa, hermosa y valiosa, llena de oficios, espacios verdes, jardines alucinantes y gente muy amable.
Conocer Marruecos nos hizo contemplar una cultura totalmente distinta a la occidental, pero valiosa dentro de sus valores. Los preconceptos con los que uno va, por ver en las redes sociales, miedos impuestos, desaparecen al vivirse en carne propia…
Si bien consideramos que es sumamente importante ir organizado, por que no deja de ser otro país lejano y un idioma distinto, confirmamos que la gente es amable, gentil, servicial… su cultura es histórica, con muchas cosas buenas a nivel educativo, del valor que tienen por los oficios propios, y con contras, obviamente, pero como se da en todo el mundo, ninguna cultura es perfecta.
Sin dudas, es un país que te hace viajar a través de los colores, texturas, sabores y amabilidad.
-¿Es un viaje con costos elevados o ahorrando un poquito se puede hacer? ¿Vale la pena?
-Vale la pena totalmente, creemos que es importante ir bien organizado como lo mencionamos. No, los costos son accesibles en el país, para nosotros desde Argentina lo más costoso son los aéreos. Sus productos son económicos y de buenísima calidad. Recomendamos totalmente, si está dentro de las posibilidades, que puedan vivir Marruecos una vez en su vida.
Un experiencia trascendental
La experiencia en Marruecos dejó en Stella Ocon y Esmeralda Zeroli, ceramistas y viajera de Urdinarrain, una huella que trasciende el viaje. El encuentro con las alfareras del Rif, sus técnicas ancestrales y una cultura profundamente ligada a la tierra les permitió redescubrir la cerámica desde otro lugar: como un puente entre pueblos, historias y formas de habitar el mundo.
Regresaron a Entre Ríos con piezas, aprendizajes y recuerdos imborrables, pero sobre todo con la certeza de que Marruecos no fue solamente un destino, sino una experiencia que transformó su mirada sobre el arte, los oficios y la conexión humana.