Qué se comía realmente el 25 de Mayo de 1810 y qué es un mito
El locro, los pastelitos y las empanadas son los protagonistas de cada fecha patria, pero no todos los platos que asociamos al 25 de Mayo existían tal como los conocemos hoy. Un repaso por lo que la historia confirma y lo que es pura tradición inventada.
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Cada 25 de Mayo, los argentinos despliegan una mesa con locro, empanadas y pastelitos. La costumbre se repite de generación en generación como si fueran los mismos platos que se servían en los días de la Revolución de Mayo. Pero la historia gastronómica tiene sus matices: algunos de esos alimentos sí estaban presentes en 1810, otros existían pero en versiones muy distintas a las actuales, y algunos directamente son un mito.
El locro: verdad a medias
En 1810 el locro se comía en todo el territorio de lo que luego sería la República Argentina. De origen quechua, el plato se expandió desde la zona del Alto Perú hacia el sur, y cada quien tenía su propia receta para prepararlo.
Sin embargo, hay una aclaración importante que los historiadores no pasan por alto. Hasta el momento no se halló evidencia de que se lo comiera en la Ciudad de Buenos Aires, sí en lo que se llamaba "la Campaña de Buenos Aires". En la ciudad no se encuentran menciones hasta 1820.
Como plato económico, abundante y sabroso, el locro era símbolo cultural e identidad histórica. Nacido de la necesidad, era un guiso simple compuesto por maíz, porotos y papa, ingredientes que constituían la base de la alimentación en las culturas prehispánicas en América. La influencia española en tiempo de la colonia le agregó ingredientes como el chorizo colorado, el ají, el pimentón y la cebolla de hoja.
El locro era considerado una "comida de pobres" porque se preparaba con ingredientes que se consideraban como sobras: las vísceras y los despojos del cerdo como manos, patas, cola, orejas y cuero.
Las empanadas: existían, pero eran distintas
En 1810 las empanadas no eran un plato hogareño sino que se compraban en puestos de la calle. Generalmente las vendían señoras fornidas que vivían en las afueras y venían con sus canastos cargados. Por más que los cubrieran con un género, las empanadas llegaban más bien frías.
Los pastelitos: sí, pero no como los conocemos
Los pastelitos son una masa de trigo con relleno dulce que eran consumidos por la clase popular. El pastelito de membrillo era el que se comía en 1810, pero su procedencia data del siglo IV en las sociedades romanas y se introdujo en el país con la llegada de los españoles. El dulce de batata recién apareció alrededor de 1920.
El chocolate, el gran olvidado
Uno de los alimentos más protagonistas de la época era el chocolate. Había chocolaterías en los alrededores de Plaza de Mayo y muchas de ellas eran al mismo tiempo confiterías y cafés, con las tres licencias habilitadas.
La mesa según la clase social
La cocina de la época colonial era mestiza. Los alimentos de origen indígena, más económicos, eran consumidos por las clases populares en las zonas rurales. Los más acomodados, que podían mantener tradiciones europeas, optaban por los platos de origen español.
Las comidas predilectas de los criollos de la época eran la sopa de arroz y la de fideos, el asado, el matambre, el puchero, diversos guisos, las albóndigas, el estofado y los zapallitos rellenos. La carbonada era otra de las comidas típicas de la época colonial.
La mazamorra, el postre de los chicos
Muchísimo antes de que existieran las golosinas, el postre favorito de los niños de la época colonial era la mazamorra, preparada con maíz blanco, azúcar molida y leche cruda. Se comía a toda hora.