Alfaro y las frases inútiles
Suele acomodar bien las palabras el técnico de Boca cuando declara ante la prensa, pero una cosa es la forma y otra es el fondo y en ese territorio expuso pensamientos que lo vincularon a modalidades muy extendidas y nocivas
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El contexto de las declaraciones de Gustavo Alfaro, fue en el triunfo de Boca el pasado miércoles por 4-0 a Jorge Wilstermann en el marco de la Copa Libertadores. Minutos después del partido, en rueda de prensa, el técnico afirmó: "No disfruto del cargo, quizás lo haga con el tiempo o cuando no esté más en el club y con la perspectiva de la distancia pueda ver desde otro lugar". Y en otro plano de su alocución, agregó con un orgullo que intentó disimular: "Yo soy un obsesivo y me gusta ganar siempre".Las consideraciones de Alfaro fueron, en general, bien recibidas por las distintas audiencias del fútbol argentino, que resaltaron la entrega, la sinceridad y el compromiso del entrenador con su profesión. En definitiva, una cuestión de interpretaciones. La nuestra, subjetiva como todas, es que esas palabras que eligió Alfaro para comunicar su pensamiento, son desafortunadas e inútiles.¿Por qué? El habla de padecimiento ("No disfruto del cargo"), de una actitud obsesiva (las obsesiones son una patología) y de ese viejo axioma que reivindica "ganar siempre", como si a otros les interesara menos ganar. O quizás ni les interesara. Un absurdo.Las tres definiciones de Alfaro son de manual. ¿De qué manual? Del que incluye a los lugares comunes, muy habituales y extendidos en el fútbol y en otros escenarios. El mensaje que brindó no es positivo. Por el contrario: es negativo. Revela una insatisfacción permanente. Y cierto temor no explicitado para afrontar las circunstancias de la función que está asumiendo.No disfrutar de un cargo que él soñó algún día protagonizar, proyecta una imagen de vulnerabilidad. De estar en un lugar muy deseado y a la vez muy acechante. Esa contradicción inocultable genera dudas, desconfianzas, inseguridades y presiones suplementarias a las ya existentes, complicando los avatares del día a día.No disfrutar estando en un lugar quizás idealizado es dejarse invadir por las texturas sinuosas de los microclimas. Es ser demasiado permeable a la química inestable de los entornos. A las voces de afuera. Y a las voces de adentro. Es depender de miradas y lecturas ajenas. Es subordinar la propia subjetividad a otras subjetividades. Y perder el enfoque. Eso delató Alfaro. Cierto grado de debilidad para interactuar con el ambiente con la mayor naturalidad.Respecto al bastardeado pronunciamiento sobre "la obsesión" como una virtud que vale la pena adoptar para alcanzar una plenitud profesional, habría que señalar que las obsesiones son episodios que provocan angustias, ansiedades, incertidumbres, desasosiegos, estrés y problemas en la conducta psicológica, alterando el curso de las emociones.Por eso cuando, por ejemplo, no pocos periodistas dicen y repiten con ligereza argumentativa que "Bielsa es un obsesivo", o que el Cholo Simeone "vive obsesionado con el fútbol", en realidad no se los está elogiando aunque ese sea el propósito, sino que se los está empujando a un espacio terminal alejado de los equilibrios.Ser "obsesivo", como se lo planteó Alfaro, no deja de ser una observación muy riesgosa si se conoce su auténtico significado. Estar muy atento a los detalles más finos o más gruesos del fútbol y tener curiosidades y necesidad de seguir aprendiendo todos los días, no tiene ninguna relación con el mundo de las obsesiones, que siempre son tóxicas y perturbadoras.
