Beatificación de Enrique Shaw
Iglesia argentina celebra promulgación del decreto de beatificación de Enrique Shaw. Justo antes de Navidad, el Papa León XIV aprobó el milagro por intercesión de este laico argentino, lo que permitirá su beatificación, noticia que causó gran alegría en su país de origen, y en especial en sus más allegados.
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Enrique Shaw fue un laico católico argentino, modelo de esposo, padre de nueve hijos y
empresario de gran vocación social.
Llegó a ser directivo de la cristalería Rigolleau, donde forjó un vínculo fraternal con los
empleados, y en el ámbito católico fundó la Asociación Cristiana de Dirigentes de
Empresa, impulsó la Universidad Católica Argentina y fue dirigente nacional de la Acción
Católica. Murió de cáncer en 1962, a sus 41 años.
Dijo en estos días Sara, su hija. “Yo sabía que mi papá era un santo y que estaría en el
cielo, como mucha gente, lo que pasa es que los papeles no se pueden hacer a todos; la
Iglesia selecciona a algunas personas”. Sobre su padre, la mujer recordó que “él realmente
vivía intensamente, cada minuto, cada hora, y todo cerca de Dios. Decía muchas
jaculatorias: que sea lo que Dios quiera, gracias Dios mío, y yo, como hija, me daba cuenta
de que él estaba en la presencia de Dios constantemente”.
Sobre el ejemplo de su abuelo en la sociedad actual, “Sarita” (una nieta) destacó que “se
puede ser un padre de familia y un empresario santo”, y Enrique lo demuestra porque “él
buscó, se propuso ser santo, empezar ya desde muy joven, puso los medios concretos, y
unió su deseo, su propósito a la acción”.
Él priorizó los sacramentos, por eso iba a Misa todos los días en la Basílica del Pilar y
rezaba el rosario en familia y aseguraba que sería “la costumbre de más valor que le iba a
dejar a sus hijos”.
Como empresario logró hacer una comunidad de vida donde cada uno tenga su dignidad,
una empresa inclusiva, donde él escuchaba a todos y recordaba los nombres de los más de
3.500 trabajadores, les preguntaba por sus cosas y trataba de ayudarlos a ascender, los
servía y ellos no lo notaban, y por eso prestaban un mejor servicio. Cuando su enfermedad
avanzó, ya internado, donde necesitaba transfusión de sangre, todos los trabajadores de su
empresa hacían cola y cola para donarle sangre a él. Así que él se fue al cielo con la sangre
de todos esos hombres que trabajaron en su empresa.
Los obispos-a propósito de esta beatificación- aseguran que Enrique nos recuerda “que la
industria no es sólo un engranaje productivo ni un medio de acumulación de capital, sino
una verdadera comunidad de personas llamadas a crecer juntas”(…) el mundo necesita con
urgencia empresarios y dirigentes que, por amor a Dios y al prójimo, trabajen en favor de
una economía que esté al servicio del bien común”, concluyen los prelados, citando al Papa
en su mensaje a los participantes en la Conferencia Industrial Argentina.
Pidamos por la intercesión de Enrique por una economía más justa y más fraterna en
nuestra patria grande latinoamericana.