Paz desarmada y desarmante
Como todos los años el día primero de enero con el papa hemos celebrado a la jornada mundial de la paz este año con el lema: “La paz esté con todos ustedes. Hacia una paz desarmada y desarmante”
:format(webp):quality(40)/https://eldebatecdn.eleco.com.ar/media/2026/01/paz.jpg)
Nos ha dicho el sucesor de Pedro: “Cuando tratamos la paz como un ideal lejano,
terminamos por no considerar escandaloso que se le niegue, e incluso que se haga la guerra
para alcanzarla. Pareciera que faltan las ideas justas, las frases sopesadas, la capacidad de
decir que la paz está cerca. Si la paz no es una realidad experimentada, para custodiar y
cultivar, la agresividad se difunde en la vida doméstica y en la vida pública. En la relación
entre ciudadanos y gobernantes se llega a considerar una culpa el hecho de que no se nos
prepare lo suficiente para la guerra, para reaccionar a los ataques, para responder a las
agresiones. Mucho más allá del principio de legítima defensa, en el plano político dicha
lógica de oposición es el dato más actual en una desestabilización planetaria que va
asumiendo cada día mayor dramatismo e imprevisibilidad. No es casual que los repetidos
llamamientos a incrementar el gasto militar y las decisiones que esto conlleva sean
presentados por muchos gobernantes con la justificación del peligro respecto a los otros. En
efecto, la fuerza disuasiva del poder y, en particular, de la disuasión nuclear, encarnan la
irracionalidad de una relación entre pueblos basada no en el derecho, la justicia y la
confianza, sino en el miedo y en el dominio de la fuerza. «La consecuencia —como ya
escribía san Juan XXIII acerca de su tiempo— es clara: los pueblos viven bajo un perpetuo
temor, como si les estuviera amenazando una tempestad que en cualquier momento puede
desencadenarse con ímpetu horrible. No les falta razón, porque las armas son un hecho. Y
si bien parece difícilmente creíble que haya hombres con suficiente osadía para tomar sobre
sí la responsabilidad de las muertes y de la asoladora destrucción que acarrearía una guerra,
resulta innegable, en cambio, que un hecho cualquiera imprevisible puede de improviso e
inesperadamente provocar el incendio bélico».
Agrega el papa en modo alarmante: “en el curso del 2024 los gastos militares a nivel
mundial aumentaron un 9,4% respecto al año anterior, confirmando la tendencia
ininterrumpida desde hace diez años y alcanzando la cifra de 2.718 billones de dólares, es
decir, el 2,5% del PIB mundial”.
Pero para nuestra esperanza nos ha dicho también el papa León a propósito de esta jornada
de la paz: “La bondad es desarmante. Quizás por eso Dios se hizo niño. El misterio de la
Encarnación, que tiene su punto de mayor abajamiento en el descenso a los infiernos,
comienza en el vientre de una joven madre y se manifiesta en el pesebre de Belén. «Paz en
la tierra» cantan los ángeles, anunciando la presencia de un Dios sin defensas, del que la
humanidad puede descubrirse amada solo cuidándolo (cf. Lc 2,13-14). Nada tiene la
capacidad de cambiarnos tanto como un hijo. Y quizá es precisamente el pensar en nuestros
hijos, en los niños y también en los que son frágiles como ellos, lo que nos conmueve
profundamente”.
Recordemos las bellas palabras de la tradición franciscana para tener en cuenta en torno al
desafío tan urgente de la paz: “Señor, haz de mí un instrumento de tu paz!
Que allí donde haya odio, ponga yo amor; donde haya ofensa, ponga yo perdón;
donde haya discordia, ponga yo unión; donde haya error, ponga yo verdad; donde haya
duda, ponga yo fe; donde haya desesperación, ponga yo esperanza”.
¡Bendecido año nuevo!