Con qué imanta La Mona Jiménez a la escena rockera
Requerido por exponentes de un género que nada tiene que ver con el Cuarteto -y viceversa-, el "embajador de Córdoba" rockeó en el Luna
Hay un solo lugar donde pueden convivir en armonía gente con la camiseta de Belgrano, Talleres, Instituto y cualquiera otra de Córdoba. Y ese lugar -extraño si se tiene en cuenta que el fútbol argentino expulsó al visitante de las canchas y los colores pueden ocasionar tragedias-, no es otro que el que rodea a La Mona Jiménez. El miércoles fue en el Luna Park y en los alrededores. A la vuelta, en la placita de Bouchard y Lavalle, la monada se agrupó para esperar el show. Mientras la gente apuraba el paso para evitar la congregación de almas que bailaban cuarteto y graznaban las letras características, se gestaba un microclima único. Se hablaba en cordobés, eran todos culiaus y el fernet, el vino y la cerveza, los brebajes elegidos.No hay policía y no hace falta. El mismo escenario en un contexto de partido de fútbol, seguramente sería catastrófico. El miércoles, no. Iban todos a ver a la Mona. Adentro hay familia, los pibes cantan las canciones y tratan, como los grandes, de subir al escenario. Hay un chiquito vestido con la misma estridencia con que viste la Mona. Tiene un saquito de lentejuelas plateadas, en conjunto con el pantalón, camisa blanca y zapatos rojos. Las sabe todas y las canta. Hasta las canta arriba del escenario y tiene la cadencia para meter saludos y agradecimientos entre las estrofas.Lo llevan en la piel: las chicas se lo tatúan donde los pechos empiezan a insinuarse, la espalda, la panza, las piernas o los brazos. La Mona hace cuarteto, está claro. Pero cuando desembarcó en Buenos Aires lo hizo en Cemento y tiene un anclaje con el rock difícil de identificar, pero está. Está ese gen en la letra de "El Marginal" o "Pobres y Ricos", cuando se acerca a Ricardo Iorio, con "El Pibe Tigre". Para los rockeros es un imán, pero son pocos los que lo consideran músico. El Mono de Kapanga y Fito Páez tendieron redes más allá de lo cool que supone un encuentro cercano entre el cuarteto y el rock. Le tendió una mano -compartir intereses ni géneros musicales-, al polémico Patricio Santos Fontanet poco después del desastre de Cromañon donde murieron casi 200 pibes que fueron convocados por Callejeros para un show.Tiene esa cosa pélvica, de Elvis, de Sandro, y no evita mostrar cómo pendula su existencia, con la que midió vigor junto a Pappo-, ni después de que la policía moral lo condenara por su burda costumbre de toqueteos sexuales con sus fans. El cantante de una banda legendaria de nuestro rock nacional que por poco no le rinde tributo a Los Rolling, tiene una causa por abuso a una fan y no es defenestrado por la logia de los críticos de rock, que por el contrario lo canonizan cotidianamente.La Mona la rockea a puro tunga-tunga, tiene el brillo que muchas estrellas anhela y que sería incapaz de viajar de Buenos Aires a Córdoba para llenar un equivalente al Luna. La Mona está por cumplir 50 años de ruta, junta camisetas de fútbol, géneros músicales y no se rinde.
