Pablo Francisco Duvillard: “Carrera- desafío por la Ruta de la Muerte, en Bolivia” 3ª parte
Pablo comparte hoy todos los sentimientos y alternativas que surgieron en la etapa decisiva de la carrera desafío YLC y la enorme satisfacción de vencer los miedos, eso que alguna vez se le ocurrió imposible. Desde esta página agradecemos a Pablo Francisco el hecho de hacernos vivir esta experiencia apasionante a través de su relato, descripciones y fotos.
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Domingo por la mañana, llega el día tan esperado. Suena el despertador, veo por la ventana el horizonte; el tiempo mejor imposible, buena señal. Subimos las bicis a los buses que nos llevarían a Yolosa lugar de la salida la carrera YLC, que se encuentra a 1200, metros sobre el nivel del mar (MSNM) y, nuestra meta, La Cumbre, a 4657 MSNM a 63 km. Se hizo la hora de la largada y partimos. De entrada una subida que ya me acompañó hasta la Cumbre. Durante la subida me fui fijando objetivos cortos: un poste, un fotógrafo, los paramédicos o bomberos en la ruta y otras referencias y así fui avanzando, conversando con otros ciclistas. La primera parte técnica, camino rocoso, desparejo, mojado, con ríos, caídas o cortinas de agua que tenía que cruzar para estar del lado seguro y no de la ladera o precipicio. Se dificultaba llevar un buen ritmo constante, había que hacer cambios por las dificultades del terreno, suelo mas, rocoso, húmedo, mayor pendiente. Las vistas impresionantes permitía ver la montaña nevada donde llegaríamos tiempo más tarde a La Cumbre y por donde estaba rodando la montaña que había recibido el corte como si fuera de un cirujano con el bisturí, herida que no sanó nunca. A veces por lluvias caen rocas o deslaves se cobra vidas. Cuando me encontraba con las cruces al borde del camino por los accidentes fatales, no quería mirar fuera del camino, porque seguro había un precipicio. Subí pegado al lado de la montaña y a un ritmo llevadero para guardar reservas por lo que me tocaría al final. En el km 28 aproximadamente, cuando vi a 500 metros aire de distancia la llegada a Chuspipata, primer parcial, me apareció un calambre en ambas piernas y mi sueño se esfumaba. Caminé con la bici pensando en otra cosa y justo pasa una ciclista y me grita "¡vamos, y si es un calambre pínchate!" Para eso agarre una rama seca, con punta, del costado del camino, y me pinché como si me pellizcara sin lastimarme, además de morderme la lengua. Remedios caseros, y el calambre se fue. Subí en la bici y paso la primera etapa o termino el tradicional camino de la muerte que hoy se conserva de forma turística, para subir a la ruta que 30 km más tarde cruzaría la meta en La Cumbre. En la ruta estaba en lo que hago habitualmente, cadencia (pedalear a buen ritmo). El porcentaje de ascenso era más suave y hasta Unduavi había algunas bajadas que se agradecieron. ¿Se acuerdan que les conté que en el descenso con el bus nos paramos en un pobladito o aldea?; ya estaba aquí en la bici y me sentía bien pese al cansancio, tenía la fuerza voluntad de no bajarme y seguir pedaleando. Una vez que dejas atrás el tradicional camino de la muerte, en la ruta está permitido los autos de acompañamiento de los ciclistas. Uno muy amablemente se ofreció a llevarme un peso ya innecesario en la parte de ruta el camelback (es la mochila que llevas agua, más unos alimentos como barras de cereal, más las herramientas de auxilio) y quedarme con lo justo: agua, abrigo para el frío que afortunadamente no lo necesité. Todos muy amables y gracias al aliento, al ofrecimiento de agua y alimentos para mantenerme bien e hidratado, conquisté la Cumbre. El ganador general llegó en 3 horas 51 minutos; el ganador de mi categoría, que es de 45 a 54 años, en 4 horas 53 minutos; yo, en 7 horas 35 minutos, en el puesto 16 de 52. Solo llegamos a la cumbre 34 en mi categoría.Gracias a la hospitalidad amabilidad respeto, de los organizadores, auspiciantes presentes, seguridad en la ruta, lo disfrute mucho. La emoción de haber logrado vencer las dificultades de falta de aire y el ascenso de 3´400 metros es inexplicable.Lo que queda como experiencia es que en esos momentos duros hay una camaradería, excelente disposición de la gente, ciclistas, organizadores...Lo bien que me ha hecho este viaje; ha quedado atrás aquello de: "El miedo de vencer la palabra imposible".
