El mercado negro acecha al país
Venta informal: secretos de un negocio cada vez más federal
La venta ilegal en la Argentina parece ser un problema de difícil resolución. Se reacomoda en diferentes formatos o se traslada por regiones, pero no cede. Para tener una visión amplificada de la problemática, Ámbito Biz consultó a distintos actores. Cámaras, funcionarios judiciales, empresarios e incluso vendedores ambulantes ayudan a desentrañar un conflicto que lleva más de dos décadas de debate. Las Saladitas, manteros y otras modalidades de formato informal (bolseras, venta online, etc...) comercializan mercadería que ingresa en forma ilegal al país y que genera desde pérdidas económicas en la industria regulada hasta enormes disrupciones en toda cadena formal que paga impuestos, cargas sociales, que apuesta con inversiones tecnológicas a generar mejoras productivas para mantenerse competitiva. Una problemática compleja de un mercado negro que acecha al país de norte a sur y que pareciera no tener un techo, al menos en el corto y mediano plazo.
Cinco cuadras separan la avenida Pueyrredón de la avenida Rivadavia, en la zona de Once. En 500 metros, alrededor de 70 vendedores ambulantes copan las veredas. Una mujer que comercializa calzado conversa con otra que tiene un puesto de venta de frutas y jugos exprimidos. Más allá, un señor cuelga sobre la baranda de la escalera de la línea H de subte una manta con ropa interior femenina. Contra el lateral del puesto de flores, un senegalés despliega un paraguas cubierto de bijutería y relojes.Es jueves, la Selección argentina de fútbol ya clasificó a la final del Mundial de Brasil, esto explica por qué la gente se amontona en los espacios que exhiben merchandising y camisetas réplicas del equipo de Lionel Messi y compañía.Nada parece alterar el normal funcionamiento de los manteros. Pero de repente, todos al mismo tiempo comienzan a guardar la mercadería en bolsas de consorcio. "Escenas como la que describe son normales dentro de la estructura mafiosa de este negocio, le falta la imagen del delegado que es el encargado del pago de la coima; el de seguridad; el punga, que está al acecho esperando algún distraído para robarle el celular que luego comercializa en negocios de la zona; y tantos otros personajes de estas organizaciones que dominan la actividad comercial de muchos barrios porteños de manera excluyente", cuenta la fiscal de Cámara Verónica Guagnino. "En términos generales estas mafias no están compuestas por un Master Man que digita los hilos. Son organizaciones no triangulares, sino con un diseño multifoco, con muchos intermediarios donde cada uno tiene un rol definido. Uno se dedica a entrar la mercadería ilegalmente, otro administra los depósitos de acopio, otro se encarga de cobrarles a los puesteros, etc.... Antes, hace unos años, era más vertical, el vendedor le pagaba al policía y con eso estaba cubierto. Ahora el negocio adquirió una estructura empresaria asombrosa. Hay un recaudador cada tantas cuadras, quien es el encargado de pagarles a la Policía y al resto de los que participan de la organización. Lo curioso es que lo hace bajo ciertas formas legales, por ejemplo, amparándose en la figura de un sindicato, muchos de los cuales ni siquiera están registrados", amplía Guagnino y concluye: "A la mayoría de los vendedores se les exigen pagos en concepto de afiliados de agrupaciones y sindicatos, dinero que muchas veces se utiliza para cubrir gastos de abogados ante posibles requerimientos judiciales".EL FÚTBOL QUE NO ES NEGOCIOLa buena performance de la Selección argentina en el Mundial no causó solamente satisfacciones a los argentinos. Los comerciantes autorizados a vender el merchandising y otros productos oficiales vinculados al equipo nacional todavía se lamentan por no haber cumplido con las metas de recaudación estipuladas. ¿El motivo?, según un informe elaborado por la Confederación Argentina de la mediana Empresa (CAME), el vendedor ambulante que más invadió las calles durante junio y julio fue precisamente el que comercializó artículos apócrifos de la Selección Nacional .Pasando a un plano más general, y según el informe de la CAME, durante el mes de junio, se detectaron un total de 56.785 vendedores ilegales en 406 ciudades relevadas de la Argentina, con ventas mensuales por 2.227 millones de pesos. El relevamiento monitorea la evolución de la venta ilegal, tanto de vendedores fijos en la vía pública como en aquellos predios que, siguiendo el modelo "La Salada", continúan instalándose por doquier y compitiendo deslealmente con el comercio minorista.Con un récord absoluto de 116 "Saladitas", la Ciudad de Buenos Aires sigue siendo la ciudad del país que mayor concentración de esos predios tiene (ver infografía). Hay 5.815 puestos de venta ilegal en esos espacios, donde el 81% se dedica a la venta de indumentaria, provocando un alto impacto sobre los comercios formales de ese rubro. Las "Saladitas" de CABA están altamente concentradas en dos barrios: Floresta, con 79 establecimientos y Once, con 22. Los partidos de Lomas de Zamora, La Matanza y Florencio Varela, La Plata, Escobar y San Salvador de Jujuy completan el triste ránking de las regiones del país con mayor presencia de puestos ilegales. En ellos, sumando a la city porteña, se concentra el 48,2% de los puestos de venta ilegales.Las "Saladitas" y los manteros son las dos modalidades más frecuentes en que se presenta la venta ilegal, pero las únicas. También abundan los vendedores ambulantes, los que venden a domicilio, los que recorren oficinas públicas y privadas, los que venden en sus casas, en clubes, por Internet o por catálogo. Bajo nombres como "bolseros", "timbreros", "vagalleros" o "valijeros", cada ciudad los tiene y los identifica de alguna manera.En promedio, un trabajador ilegal que opera en un puesto callejero o de feria cobra por jornada $150, mientras que la recaudación diaria oscila entre los $16.000 y $45.000 en función del tipo de mercadería que comercialice y la ubicación del puesto.A diferencia de lo que cree el común de la gente, estas organizaciones no están lideradas por extranjeros sino por argentinos, mientras que los trabajadores sí son extranjeros, mayoritariamente peruanos, y en menor medida bolivianos. También están los africanos, aunque -según las fuentes consultadas- tienen una estructura mas independiente y manejan sus propios códigos callejeros. Responden a un jefe que también es argentino y quien fue, probablemente, el encargado de conseguirle los pasajes y la documentación para entrar al país.Otra particularidad de estas organizaciones es que, en muchos casos, los dueños de las mantas son los mismos dueños de los negocios formales. Esto se da fundamentalmente en Flores, Retiro, Once, y en menor medida en Liniers. No en cambio en la peatonal Florida. "También hay consorcios y porteros de edificios involucrados, que cobran una cuota mensual por cuidar la mercadería por las noches para que los vendedores no la tengan que llevar a sus casas. Por guardar un carro con dos bolsas, un portero cobra aproximadamente $500 mensuales", cuenta Guagnino.Osvaldo Cornide, titular de CAME y FECOBA, opina que "Para combatir el flagelo de la venta ilegal es imprescindible la decisión política de las autoridades, quienes deben tomar las medidas necesarias para erradicar la ilegalidad, la falsificación y el robo, porque la mercadería que venden los puestos es de dudosa procedencia y además están ocupando las veredas y calles públicas"."Estamos evaluando realizar una campaña nacional de concientización para que la gente entienda que no ahorra cuando compra mercadería a los manteros, porque al no pagar impuestos habrá menos seguridad, educación, salud, es decir, inversión pública, y a la vez está favoreciendo a mafias organizadas que producen mercadería a través del trabajo esclavo en talleres clandestinos, destruyendo no sólo al comercio ante la competencia desleal al no poder competir, sino también al país", afirma el empresario.Según los relevamientos realizados por CAME y FECOBA, el comercio clandestino ya alcanza ventas por 2.000 millones de pesos en la Argentina. Con un agravante: mientras las ventas del comercio legal vienen cayendo profundamente desde enero, las que realizan esos puestos, se incrementan mes a mes.OTROS ÁMBITOSLa ilegalidad no sólo es potestad de la industria del calzado o textil. Hace poco, el dueño de una verdulería de Las Cañitas fue procesado por gestionar 30 puestos ilegales de venta ambulante de frutas y verduras en las esquinas de esa zona. Este empresario, de nacionalidad peruana, pagaba un jornal de entre 120 y 200 pesos y recaudaba por día alrededor de 31.000 pesos. Los puestos informales estaban ubicados en puntos claves de gran afluencia de consumidores: puertas de supermercados, cadenas de farmacias y comercios de comidas rápidas.
