Gualeguay como destino para el Padre Jorge Leiva
Frente al inminente traslado del Pbro. Jorge Horacio Leiva a la Parroquia San Antonio de Gualeguay, dialogamos acerca de su misión y de su mensaje en su paso por Larroque, no exentos de una sensibilidad que hiere a nuestra diaria costumbre de tenerlo como sacerdote tan humano, cercano a nuestros afectos, amigo del arte y de la bondad que reviste a su pequeña figura.
¿Dentro de su ministerio, el traslado a una parroquia de la comunidad de Gualeguay, significa un ascenso?En el ministerio sacerdotal, en realidad, no existen ascensos: hay más responsabilidades o menos responsabilidades. En este nuevo destino ciertamente que hay mayores responsabilidades, entonces es un ascenso pero es un descenso, porque uno tiene que convertirse en más servidor a imagen de Jesucristo que se hace Rey lavándole los pies a sus discípulos y muriendo en la cruz, entregándose más. Cuanto más asciende Jesús es cuando más desciende. En la vida sacerdotal pasa algo parecido: cuanta más responsabilidad mayor exigencia de servicios, mayor gracia por parte de Dios y, también, más bendición. Cuanto más te pide Dios más te bendice. Dios bendice a aquél a quien más le pide.¿La Iglesia instituye períodos determinados de permanencia para los sacerdotes en las parroquias?No existen tiempos prefijados. Quizás conviene una estabilidad un poco mayor de manera que un párroco pueda conocer a sus fieles, llamarlos por su nombre, conocer su historia para acompañarlos en el proceso de fe, pero bueno, existen circunstancias en que los obispos tienen que tomar decisiones y estos períodos se acortan; son cosas de la divina providencia a la cual debemos obedecer de forma confiada.¿Qué se lleva y qué deja de estos cinco años en Larroque?Yo por pura gracia de Dios y por la experiencia de estar con la gente de Larroque me llevo un mayor amor a Jesús, un mayor amor a la iglesia. Me llevo en el corazón muchas amistades, muchos rostros, muchos nombres. Personalmente como sacerdote he sido educado también por el pueblo fiel de Larroque en la fe, por los agentes pastorales que me han ayudado en la tarea pastoral de la parroquia, es entonces que uno se lleva mucho afecto, pero sobre todo, el crecimiento en la fe y también en las habilidades propias del oficio del ministerio de párroco. He aprendido mucho de aquí, de esta parroquia.Usted ha sido un sacerdote inserto en la vida cultural de nuestro pueblo, ya que su sensibilidad artística, la de la música y la escritura, lo ha llevado a un mayor acercamiento en distintos ámbitos de la sociedad, tal es así que la comunidad de Larroque juntó firmas en pedido al Obispo para que se quedara un tiempo más con nosotros...Yo diría que hay dos cosas: en primer lugar los sacerdotes somos llamados a evangelizar, a reforzar las parroquias pero también somos llamados a evangelizar a aquellos que están un poquito alejados de la fe, a los que la han ido perdiendo, a quienes han visto debilitada su fe, y estamos llamados a ser misioneros de aquellos que no conocen el amor de Jesucristo, es decir, son como círculos que se van extendiendo hacia las fronteras como dice ahora el Papa Francisco, no sólo geográficas, sino también las fronteras existenciales. Eso en mandato de Jesucristo y en mandato de los Papas para todos los Sacerdotes, que no sólo tenemos que trabajar dentro de las parroquias, sino que debemos estar en contacto con todos los sectores de las parroquias que se nos encomiendan. En mi caso particular he tenido otra llegada extra, podemos decir así, a través de la música, del canto, de la literatura, en fin, es un carisma personal, como dijo alguien alguna vez, una vocación dentro de la vocación, es un llamado dentro del llamado. Dios me llama, me envía a ser sacerdote y además, me llama y me envía estas herramientas, las herramientas del arte. El arte abre puertas y en la nueva evangelización todo lo que tenga que ver con la estética, con el arte y con la belleza, hay una especial sensibilidad porque el hombre contemporáneo es sensible a la santidad y la belleza, decía Benedicto XVI. Quizás en otras épocas la gente era más sensible al testimonio de una persona muy virtuosa, en cambio hoy, a la gente le entramos mucho más a través de la santidad, del buen trato, de la espiritualidad cristiana y, también a través del arte, del cultivo de la belleza. Hay mucha sensibilidad por la belleza en los tiempos en que nos toca vivir. Yo por gracia de Dios, recibí ese don que me hace ser músico, cantor, poeta y eso lo he puesto al servicio de la evangelización. Para mí no son dos cosas distintas ser guitarrero y ser sacerdote, no, no, están dentro del mismo proyecto de vida....retomando sus palabras: servir la mesa divina y la mesa del arteExactamente, son dos mesas, como ya lo decían los griegos: en el ser está la unidad de la verdad, el bien y la belleza. La belleza es como una plenitud de la verdad y del bien; entonces tenemos que hacer resplandecer la belleza de Dios, la belleza de lo fascinante que es el misterio de Dios y para eso hemos de servirnos del arte. A mí me tocó participar un poco más de cerca en estas expresiones artísticas, otros sacerdotes que son más sensibles para las artes plásticas, para lo visual, para la estética de la ornamentación, ponen en ese sentido su carisma al servicio de la evangelización. Cada cual tiene una vocación dentro de la vocación.¿Cuál es su mensaje para la comunidad de Larroque?El mensaje para los fieles, para las familias de Larroque es la exultación en la perseverancia en la fe como una garantía de la dignidad humana, como le gusta repetir al Beato Juan Pablo, cuanto más creemos más nos humanizamos y, a menudo, cuando perdemos la fe, más nos vamos deshumanizando. Yo invito a las familias y a los fieles a que perseveren en el amor a Jesucristo, en el amor a la Santa Eucaristía, en el amor a la Virgen, en el amor al Papa, al Obispo y a todos los Sacerdotes. Exhorto a los fieles también a la oración, la caridad y el perdón que nos permite reconciliarnos. Exhorto a los fieles a que no dejen de sembrar la semilla de la palabra de Dios en favor, sobre todo, de las nuevas generaciones, los jóvenes y los niños que necesitan, más que nunca, una nueva evangelización, necesitan de las herramientas de la fe para afrontar los nuevos tiempos que a ellos les toca vivir. Y a la querida gente que sufre también, exhorto a que sigamos juntos cargando la cruz de Cristo con la mayor alegría y la mayor paciencia posible.
