236 veces
Los sueños de don Tomás de Rocamora siguen intactos. En la misma senda que fueron realizados hace más de 200 años.
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Estas tierras llamadas a ser por el mismo fundador "...las mejores se la América toda..." siguen su curso. El derrotero de su viaje sigue siendo el mismo. Han pasado generaciones. Con ellas sueños y proyectos. Han pasado personajes y personas. Han pasado hombres ilustres e iluminados. Todos de cara al río que nos dio origen. Todos confesandose en secreto entre sus aguas. La esencia de su sociedad está entre si gente. En lo construido y lo dejado de construir. En la necesidad de buscar un rumbo a seguir y en el compromiso de la palabra. Las sociedades se deben ver a su propio espejo. Al igual que los gobernantes. Ha habido muy pocas discusiones sobre el futuro. No de ahora. Casi de siempre. Y esto sigue siendo una asignatura pendiente. El proyecto colectivo de desarrollo definitivo que lleve a estas tierras a avanzar definitivamente. No hay fórmulas mágicas. No hay mentes superiores. Esta idea de norte tiene que salir de la misma sociedad. Esa misma que elige a sus representantes. Todavía sigue siendo un bosquejo. Partes aisladas que no tienen un todo para hacerse realidad. Una sociedad organizada busca su rumbo. Y esta decisión no se cambia por distintas ideologías que la gobiernen. Costo mucho la discusión del "plan estratégico" para que guarde sus sueños en un cajón. Fue mucho tiempo el invertido para poder organizar ideas. Se debería reabrir esa discusión al menos. Y las herramientas para esto están al alcance de la mano. El mundo globalizado con una interacción instantanea, más allá de ser una maravilla tecnológica, da los recursos para acercarnos a poder modificar la realidad de todos los días. En gran parte está convocatoria depende de las autoridades pero también puede ser impuesta por las mismas instituciones de la sociedad. La convocatoria a un diálogo se todos sus actores. Sin egoísmos. Y para eso hay que volver a darle valor a las palabras. Estas palabras que dan a la acción hechos definitivos. Que transforman la realidad. Sino siguen siendo sólo palabras. 236 veces. 236 años. Y se nos sigue pasando la vida. En un nuevo cumpleaños de la ciudad también esto debe ser razón para ponernos a pensar.
